Tambores electorales

Hillary Clinton y Donald Trump representan el signo de los tiempos

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spirantes republicano y demócrata a la presidencia de EU no nada más meten ruido en México y AL

No sé si John F. Kennedy, Richard Nixon, Jimmy Carter o, inclusive, cualesquiera de los Bush acaparó tanta atención mediática como lo hicieron Hillary Clinton y Donald Trump el pasado lunes por la noche.

Absolutamente, toda la prensa europea se hizo eco del magno evento no porque sean los candidatos más sesudos de la pléyade político-estadounidense, sino porque  representan el signo de los tiempos: La lucha de los países industrializados y desarrollados contra el espectro del populismo que tanto condenaron en América Latina.

Al final, las políticas del palo y la zanahoria se han vuelto contra sus propios creadores, como los olores que terminaron devorando a Grenouille en “El Perfume”, la obra maestra de Patrick Suskind.

A los presuntuosos países capitalistas, los demonios se vuelcan en su contra; la larga crisis ha dejado una estela de población de clase media víctima de las circunstancias, como suele suceder en las economías emergentes.

Por eso es que la figura de Trump desata todo tipo de pasiones porque apenas abre la boca le sale una alharaca que bien podrían pronunciar Evo Morales, Nicolás Maduro o hasta Pablo Iglesias. Y quizá esa retórica rupturista y del miedo brote, a botepronto, de un magnate lo haga más chocante.

El punto es que en Europa, toda la opinión pública, así como los medios de comunicación y las poderosas redes sociales, estuvieron al tanto del primer round de esta contienda para ver quién, al final, se quedará con el trofeo de la Casa Blanca: Si la mujer o el millonetas admirador del estilo de Vladimir Putin.

Desde Le Monde hasta The Telegraph, o el periódico El País y El Mundo, y, desde luego, la BBC y RTVE, dieron cuenta de que fue Hillary la ganadora de lo que pareció ser “la madre de todos los debates”, y eso nos dio un ligero respiro.

Y es que déjeme decirle, amigo lector, un secretito a voces: No nada más en México están harto preocupados por la línea cuasi fascistoide de Trump, sino que también en Europa temen porque todas las relaciones internacionales queden trastocadas en caso de la victoria de tan excéntrico personaje.

De por medio están las negociaciones del TTIP, a todas luces varado; está de por medio el futuro de la OTAN, clave para la estabilidad global con tantos entredichos, como sucede, actualmente, con la guerra de Siria; igualmente, están en juego el NAFTA y el papel de Estados Unidos en el comercio global, so pena de recordar que con Trump, el gigante americano regresaría a la Edad Media del proteccionismo. Y no olvidar que también se iría al garete la adhesión de Estados Unidos a la COP21, sobre descarbonizar el planeta y reducir las emisiones fósiles.

 

A COLACIÓN

No nada más mete ruido el tema en México y América Latina, trastocando los mercados, fundamentalmente el cambiario, porque en este momento no hay un argumento lo suficientemente sólido y contundente para explicar la razón de tanta volatilidad, más que reconocer que la expectación electoral estadounidense es lo que nos trae de cabeza en toda la aldea global.

Hasta China y Japón no se fían de él. Ambas naciones llevan meses vendiendo sus posiciones en bonos de deuda americana, mientras siguen comprando oro. Temen que, en los próximos años, con Trump al frente de la Casa Blanca, el país se convierta en una montaña rusa.

Mientras tanto, en Europa hacen foros para dilucidar el rumbo de Estados Unidos bajo la férula de Hillary o, bien, con Donald. Recientemente, la correduría XTB Trading presentó un muy interesante análisis al respecto titulado “Elecciones USA informe económico”, elaborado por Javier Urones, experto en mercados.

Básicamente, Urones confronta la columna vertebral de las propuestas entre la candidata demócrata y el candidato republicano, enfocándose en áreas altamente sensibles, como los impuestos, el salario mínimo, la política exterior, defensa y armamento, así como los energéticos.

Un aspecto interesante es que ni Hillary ni Donald son totalmente partidarios de un acuerdo amplio con ambos lados del Pacífico, aunque Trump es mucho más reacio a los acuerdos comerciales porque tiene su toque narcisista de cerrazón casi absoluta.

Por otro lado, en materia fiscal, la ex primera dama quiere gravar las rentas más altas con un impuesto extraordinario, mientras Trump propone exentar del ISR las rentas más bajas.

Donde hay mayor equidistancia es en el tema del uso de las energías renovables y el rol energético estadounidense en el mundo. Hillary, según explica Urones, es más proclive a las energías renovables y a descarbonizar, mientras el empresario quiere darle más poder y negocio a las petroleras, y a las gasísticas. Y, desde luego, no descarbonizar ni reducir la dependencia hacia las energías fósiles. Retumban los tambores…

 

@claudialunapale

 

 

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