Taibo, ojo y mano que AMLO podría arrancar y cortar

Si bien le encanta ser motivo de escándalo, el que ha creado es superior a su consejo de expropiar empresas o fusilar en el Cerro de las Campanas

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El humanista Andrés Manuel López Obrador y el escritor Paco Ignacio Taibo II conocen muy bien la recomendación bíblica de arrancar un ojo o cortar la mano derecha si son motivo de escándalo.

Paco Ignacio Taibo II lo ha sido, lo es y, como diría Don Teofilito, seguirá siendo motivo de escándalo a causa del pecado original que tiene a Luzbel en el infierno, la soberbia.


La última trastada del infatigable divulgador y mejor escritor (es un tiro su narrativa de El Álamo) fue presentarse en el Fondo de Cultura Económica (FCE) a tomar posesión como gerente editorial encargado del despacho de director sin llevar el “edicto” probatorio de que el Presidente López Obrador lo designó.

No lo llevaba consigo porque no existe.

En realidad, los edictos son notificaciones que sólo emiten los jueces. El Presidente dicta acuerdos, pero aún él no puede acordar violar la ley, y esta dice que el despacho de director del FCE no puede ocuparlo quien haya nacido en el extranjero.

El hecho es que Taibo no siquiera podía identificarse ante el titular de Control Interno, José Daniel Vázquez, que se negó a permitirle tomar posesión como encargado del despacho por la sencilla razón de que a Taibo y a él le significaría comisión de delito.

No es fácil vencer la tentación de colocarse a la altura de Paco Ignacio aplicándole la frase con que celebró su designación del FCE, pero lo cierto es que, en todo caso, ya van dos ocasiones que le ocurre. La primera cuando el Senado pospuso el proceso aprobatorio de la ya llamada Ley Taibo y, la segunda, al interponerse Vázquez entre él y la que, irremediablemente, será su oficina.

Taibo se ha convertido en un problema que el mandatario no merece ni necesita. Andrés Manuel ya tiene suficientes (el financiero, de miles de millones de dólares, ocasionado por la decisión de no proseguir la construcción del NAIM, la indisposición de algunos gobernadores ante los superdelegados federales, la inseguridad, que no disminuirá por arte de magia ni buena voluntad, etcétera) como para que la soberbia del escritor y divulgador lo obligue a reformar la ley en beneficio de un solo individuo, algo que sólo ocurre en algunas dictaduras disfrazadas de democracias.

Es indudable que el Presidente no seguirá el consejo bíblico porque un seguidor fidelísimo como Paco Ignacio, que, además, tiene el encargo de formar los cuadros juveniles de Morena, merece un premio como el que está a su alcance.

Sin embargo, si la soberbia no lo venciera sabría que, de origen, metió en un lío a quien prometió que nadie estará por encima de la ley y que lo volvió a hacer al presentarse a tomar posesión sin “edicto”.

Convengo con López Obrador y Taibo II que la ley que le impide ser director del Fondo es anacrónica cuando la Constitución ya permite que un hijo de extranjero nos pueda gobernar, como fue el caso de Vicente Fox. Es absurdo que una ley secundaria impida ser director del FCE a un mexicano naturalizado o nacido en el extranjero, pero la ley está para cumplirse mientras esté vigente.

Y, por cierto, el “edicto” puede tardar un largo tiempo si su redactor logra encontrar los soportes legales necesarios y si lo firma quien tenga que hacerlo, no necesariamente el Presidente, pero mientras esto ocurre, nadie puede pretender tomar posesión de un puesto sólo porque tiene las capacidades y merecimientos necesarios y la promesa presidencial.

A Paco Ignacio le encanta ser motivo de escándalo, pero el que ha creado es superior a su consejo de expropiar empresas o fusilar en el Cerro de las Campanas.

Acertó Werner Keller cuando escribió “Y la Biblia tenía razón”, aunque arrancar mano y ojo no fueran tema de su manuscrito.

Quizás lo aconsejable sea esperar a que la Ley Taibo prosiga su camino en el Congreso o que el redactor del “edicto” encuentre fundamentos jurídicos para abrirle la oficina antes de la votación de los legisladores.

Pero, insisto, la mayor lealtad a López Obrador es no crearle problemas que no merece y no necesita, y mucho menos obligarlo a tener que pensar en la frase bíblica.

 

 

 

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