Soy Presidente, no dirigente del PRI: Peña

Hoy, la ciudadanía decide quién es el sucesor, expresa a IMPACTO; 'mi deseo íntimo, y de corazón, es que a mi partido le vaya muy bien (en el 2018)…’, señala en la segunda entrega de la entrevista exclusiva. ‘No hay resultados anticipados de una batalla electoral… si así fuera todos le pegaríamos a los pronósticos deportivos’

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SEGUNDA PARTE

 

Le menciono a Enrique Peña Nieto que después de la derrota de junio pasado, el PRI no vive sus mejores momentos y que, además, con su popularidad menguada, en poco podrá ayudarle en 2018.

Mira a su interlocutor, sonríe y espera el final de la pregunta: ¿Quiere pasar a la historia formado en la lista de los presidentes que han entregado el poder, como Ernesto Zedillo y Felipe Calderón?

La respuesta es inmediata: “Soy Presidente, no dirigente de mi partido… ya no es el Presidente quien decide quién será su sucesor; eso quedó en el pasado. Hoy es la ciudadanía quien decide… mi deseo íntimo y de corazón es que a mi partido le vaya muy bien…”.

El Presidente espera que el trabajo que ha realizado le permita a su partido contrastar lo que ha significado para bien de México y eso le ayude a ver refrendada su confianza como opción para seguir conduciendo el desarrollo del país.

México, explica, es un país democrático. “Frente a lo que pueda ocurrir hacia delante, es un país democrático y espero que nunca pierda esta condición; que sea la ciudadanía en quien descanse la definición de quienes sean sus autoridades”.

No da tregua: “Quiero ser muy claro; estoy aquí no como militante de mi partido ni pensando en elecciones, resultados o en asuntos de orden partidario … (estoy aquí pensando) en lo que debo hacer por México … así me conduciré hasta el final de la administración y espero que mi partido sepa lidiar con escenarios”

Hace un recuento de algunas de sus acciones y reflexiona que “a lo mejor le he puesto la vara más alta… o este obstáculo lo he hecho más complicado por decisiones responsables (como el gasolinazo), difíciles, pero responsables, pensando en los mexicanos, no en mi partido”.

Y por si quedara duda, Peña Nieto remata: “No voy a cambiar”.

Lo que me dices, insiste, parece de una época en la que había un partido hegemónico que definía la elección antes de que pasara el proceso electoral; hoy no es así. “Mi misión es concluir la gestión de mi gobierno y que sea un aporte positivo”.

La entrevista con IMPACTO se desarrolla en uno de los salones anexos a su oficina en Los Pinos; 48 horas antes se reunió, flanqueado por los secretarios de Hacienda y Energía, y el director de Pemex, con unos 60 conductores de radio y televisión, y columnistas especializados en política y finanzas. En dos tandas, de casi 3 horas cada una, hablaron de gasolina y de la relación con Donald Trump.

En ese contexto resultaría ocioso insistir en temas que aparecen agotados. Ofreció a los colegas, le digo, un curso intensivo. Prefiero insistir en su papel en la sucesión presidencial.

Es cierto que la ciudadanía elige al Presidente, pero en el sistema priísta es éste quien designa candidato a sucederlo; dejó de ocurrir en 2006 y 2012 porque en Los Pinos estaba instalado el PAN, pero le digo que hoy todo indica que volverá a la antigua práctica, es decir, él designará al candidato.

No lo acepta: Explica que antes ocurría, aunque se negaba; hoy, el PRI definirá el método. “El Presidente tiene un papel que jugar, sí, y lo juega porque es el líder del partido… habré de tener participación en el proceso, en el mecanismo que defina el partido para seleccionar al candidato”.

Como no abandonará esta posición, le comento que es lugar común afirmar que la aduana obligada para que el PRI gane la Presidencia en 2018 es ganar en 2017 el Estado de México.

Le recuerdo que a mediados de mayo de 2006, 4 meses antes de rendir su primer informe de gobierno, comentábamos la situación que él vivía como gobernador mexiquense con los ayuntamientos más importantes en manos de la oposición y sin control sólido del Congreso local; además, en junio de aquel año, el PRI no recuperaría la Presidencia, la bancada priísta en la Cámara de Diputados sería disminuida y se daría el caso histórico de que el Estado de México no contaría con senadores priístas de elección mayoritaria. Amanecía su gobierno estatal, pero ya pensaba en su “verdugo”, dicho esto de manera coloquial.

Desecha, de entrada, que el proceso electoral del Estado de México sea una aduana obligada para cualquiera que piense en el 2018.

“Nunca he sido partidario de la tesis de que el PRI debe ganar el Estado de México”. No “compra” esta premisa, es decir, “que una elección marque el futuro de otras hacia delante. Cada elección es distinta… son reflejo de un tiempo y un momento; las definiciones que ocurren en una entidad no se ven, necesariamente, reflejadas en las que la gente toma en el orden nacional”.

“Se ve esta relevancia al Estado de México porque es la entidad con más votos en todo el país, pero hemos tenido elecciones estatales que ha ganado mi partido y no le ha ido bien en la elección presidencial. Espero que hoy le vaya bien en el Estado de México y en la Presidencial… que luzca, que juegue bien y gane”.

Se siente cómodo hablando de procesos electorales: “Todo el tema de futurismo político, de querer crear escenarios políticos, construir victorias adelantadas, me parecen esfuerzos, francamente, vanos; el destino se ríe de esos vanos intentos por querer adivinar el futuro”.

Es lapidario: “No hay resultados anticipados de una batalla electoral… si así fuera, todos le pegaríamos a los pronósticos deportivos”.

Le pregunto si sigue creyendo, como dijo no hace mucho, que aún con un uno por ciento de preferencias electorales en las encuestas se puede ganar.

Está plenamente convencido. “Así como ves a un equipo de mediano pelo ganarle a uno de buena trayectoria, pasa”. Explica que el PRI no es un equipo pequeño; “somos un partido bien organizado, con presencia nacional, en todo el país, que ha ganado y perdido, y se mantiene sólido. Obviamente, cuando se pierde, el ánimo decae, pero creo que para cada justa democrática tiene que volver a salir a ganarse la confianza ciudadana con propuestas que se contrasten con las de otros partidos”.

Le insisto que la situación no es fácil; por ejemplo, en 2012 llegó de Toluca un joven de popularidad arrolladora; hoy la ha perdido y no se la puede compartir a su partido ni a su candidato; además, el PRI no tiene otro garbanzo de a libra como aquel Enrique Peña Nieto.

El Presidente reflexiona que hoy se dan los resultados más inciertos; “lo único cierto es lo incierto; lo único seguro es lo más inseguro; lo más probable termina siendo improbable”.

Se refiere al “Brexit” de Inglaterra, al referéndum en Colombia, cuando se creía que la población apoyaba la paz que el gobierno firmó con las FARC, y, desde luego, al resultado electoral en Estados Unidos.

“No cantaría victorias anticipadas ni derrotas anticipas; creo, más bien, que el PRI debe estar preparado para dar una batalla muy digna, en la que busquemos ser la mejor opción. En otras palabras, debemos esperar a 2018 y dejarnos de vaticinios.

“Hoy sabemos de un candidato que lleva tiempo (17 años en campaña); sólo sabemos de él; de los demás, sólo hipótesis hasta que la ciudadanía no recoja de ellos sus trayectorias, lo que han hecho, cómo han trabajado”.

Entonces, los mexicanos tendremos elementos de juicio y veremos los resultados.

La conclusión es obvia: Son vanos los esfuerzos por construir victorias adelantadas; el destino siempre se ríe de los intentos por adivinar el futuro.

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