‘NO HAY GUERRA CONTRA EL GOBIERNO’

Compartir:

> El vocero del Cardenal Norberto Rivera admite que con el tiempo, en México y en todos los  países, se aprobarán las leyes ‘liberales’ que atentan contra la familia, como los matrimonios entre personas del mismo sexo, como lo vaticinó Benedicto XVI, ‘como caen las fichas de dominó’

 

No, no es intención de la Iglesia Católica  derrocar al gobierno, iniciar una nueva guerra cristera o ayudar al PAN a recuperar la Presidencia en el 2018, dice, sonriendo, Hugo Valdemar, el vocero del cardenal Norberto Rivera.

La sonrisa nunca abandona su rostro; es el arma que usa al debatir sobre los temas que dañan a la Iglesia o, más concretamente, como gusta decir, a la familia. Es probable que, cual periodista que también es, sonríe al imaginar la reacción de los destinatarios de sus escritos, cuando redacta los demoledores editoriales del semanario “Desde la fe”, la publicación de la Arquidiócesis de México que no da descanso al gobierno por su intentona de implantar en el país los matrimonios entre personas del mismo sexo, legalizar su derecho a adoptar niños y otorgar derechos a quienes decidan cambiar de sexo.

Por más que le busca, Valdemar no entiende cómo llegó esta iniciativa al escritorio del Presidente: “Es propuesta de las izquierdas; son ellos los más felices. Ni siquiera es agenda de Peña Nieto y del PRI. No tengo claro quién la propuso”.

LA IGLESIA SE HARÁ CHIQUITA

Pero la eterna sonrisa no borra la pesadumbre que le provoca al padre Valdemar el vaticinio de Benedicto XVI en el sentido de que, con el tiempo, en México y en todos los países se aprobarán las leyes “liberales” que atentan contra la familia, una tras otra, “como caen las fichas de dominó”.

Será la gran derrota de la Iglesia Católica; si ocurre, la consecuencia natural será volver al origen: “La Iglesia se hará chiquita”, es decir, se tratará de pequeñas comunidades en las que no habrá matrimonios (“no usemos esta palabra; hablemos de uniones”) del mismo sexo, adopciones de niños por parte de las mismas ni abortos.

Atrás de esta ofensiva contra la familia y la Iglesia estarían “lobbys muy fuertes, a nivel internacional, que influyen en la ONU y en otros organismos. Lo hacen muy bien; es sorprendente cómo meten sus agendas y entusiasman a los opinadores (de la prensa escrita, radio y televisión); van viento en popa; tenemos claro que a la larga se aprobará este tipo de iniciativas”.

Le mencionamos que los lobby gay funcionan, incluso, en el Vaticano. Lo acepta y recuerda que el Papa Joseph Ratzinger recién narró su esfuerzo para desmontar al que se encontró cuando lo eligieron los cardenales. “Claro que funcionan muy bien”.

Pero mientras el mal triunfa sobre el bien, el padre Hugo Valdemar seguirá luchando para evitar que en México se apruebe la iniciativa del Presidente Peña Nieto.

No tiene vocación de mártir, pero combatiendo virulentamente con algunos obispos y centenares de párrocos, la iniciativa de ley presidencial sobre matrimonios igualitarios, adopción de niños por parejas homosexuales y derechos a transexuales, sin proponérselo, influyó desde el templo que fue del Padre Pro (el sacerdote jesuita fusilado en el sótano del viejo edificio de la Lotería Nacional, en la capital de la República, implicado, sin elementos, en el magnicidio de Álvaro Obregón) a que el PAN obtuviera los 7 puntos porcentuales definitivos para arrancar algunas gubernaturas al PRI en las pasadas elecciones.

El padre Hugo advierte que si el gobierno o los partidos políticos insisten en aprobar leyes como la llamada “de matrimonios igualitarios”, legalizar el uso lúdico de la mariguana o, peor aún, autorizar el aborto, el voto de castigo se repetirá en el 2018, sin necesidad de que la Iglesia Católica orqueste una embestida. La sociedad, en especial en provincia, es sumamente conservadora y reaccionará por sí misma.

‘DESDE LA FE’, INSTRUMENTO LETAL

El sacerdote Hugo Valdemar maneja el semanario “Desde la Fe” de la Arquidiócesis de México, un instrumento que fue letal en el proceso electoral del 5 de junio pasado.

Sus proclamas incendiarias sirvieron de fundamento a obispos y sacerdotes de las entidades en donde la llamada “Ley gay”, unida a corrupción, impunidad y otros elementos aportados por los gobernadores, se convirtió en el coctel que asestó al PRI la derrota más dolorosa desde la pérdida de la Presidencia en el 2000.

“Sería demagógico decir que ese 7 por ciento fue la única causa del resultado de la elección; es mucho, pero no lo único”, explica refiriendo que Felipe Calderón ganó a Andrés Manuel López Obrador por sólo 0.45 por ciento.

El padre Valdemar se niega a aceptar que varios obispos y una cantidad  indeterminada de sacerdotes participaran, de manera orquestada, en una conspiración para derrotar al partido en el gobierno o que protagonizaron un episodio previo a una nueva guerra cristera. Se trató, explica, de un movimiento espontáneo: Los “fieles laicos se organizaron” y actuaron a través de las redes sociales.

“Un factor del que poco se habla –explica- es que sólo pasaron de 2 a 3 semanas entre la presentación de la iniciativa y la votación; quizás por ello el impacto fue enorme. No hubo tiempo de organizar; hacer estrategias; no hubo la intención de dar un golpe electoral. Fue circunstancial a partir de los obispos, de los laicos, que se organizaron. Sí hubo un castigo, pero no fue intencionado, planeado”.

¿Qué tal si lo hubieran planeado?, preguntamos.

En entrevista con IMPACTO TV asegura que a la Iglesia no le interesa debilitar al gobierno, “a nadie conviene”, sino al contrario. “Necesitamos un gobierno fuerte”, dice.

Asimismo, niega que su lucha tenga que ver con ayudar al retorno del PAN a la Presidencia de la República. “Nos va mejor con el PRI que con el PAN… con Vicente Fox no nos fue tan mal, pero con Felipe Calderón hubo muchas situaciones muy difíciles para la Iglesia; la mejor relación la tuvimos con Enrique Peña Nieto, hasta hoy”.

Remata: “He escuchado a varios señores obispos decir que nos ha ido mejor con el PRI… y así fue hasta la presentación de la ley de los matrimonios igualitarios… algunos obispos están realmente enojados”.

SIN ALIANZA CON PARTIDOS POLÍTICOS

La Iglesia Católica, asegura, no tiene la mira puesta en el 2018 ni utilizar el 7 por ciento de electores (“con eso tendríamos 2 partidos políticos”) que votaron, en algunas entidades, contra los matrimonios igualitarios para entablar alianza con algún partido político.

La Iglesia “no busca el poder político ni tampoco aliarse con partidos; la mayoría de los obispos tiene claro que ese tipo de alianzas con el poder siempre son contraproducentes, inclusive, promueven la corrupción”.

Valdemar habla con IMPACTO TV, entrevistado por Hugo Páez y este reportero, dos días después de cumplirse 90 años de las leyes anti-religiosas de Plutarco Elías Calles que dieron pie al cierre de los templos en julio de 1926 y a la Guerra Cristera en 1927. Desde entonces, y después del general Lázaro Cárdenas, que implantó la ley socialista a finales de 1934, que dio pie al asesinato y mutilación de profesores en  poblaciones conservadoras, la Iglesia católica no había tenido un problema mayúsculo con el gobierno, hasta el 18 de mayo pasado.

Para el padre Valdemar, la explicación al “voto de castigo de 7 por ciento” del 5 de junio está en que, a diferencia de la Ciudad de México, la provincia es “sumamente conservadora”, sin embargo, no tiene respuesta convincente a por qué los fieles católicos chilangos que sí son conservadores no castigaron al PRD en elecciones posteriores a la aprobación del aborto y de los matrimonios igualitarios.

Rechaza que la Arquidiócesis no reaccionara, entonces, contra los ex jefes de Gobierno de la Ciudad de México (Rosario Robes y Marcelo Ebrard) y la Asamblea Legislativa cuando la aprobación del aborto y de los matrimonios igualitarios con la contundencia que lo hicieron el semanario “Desde la fe” y algunos obispos ante la iniciativa del Presidente Peña Nieto.

Nos remite a los documentos que emitió, entonces, el cardenal Rivera y a los problemas jurídicos entre él mismo y Ebrard, pero explicó que entonces no había elecciones en puerta. Es cierto, en esta ocasión apenas mediaron 19 días entre la firma de la iniciativa, el 17 de mayo, y las elecciones del 5 de junio.

Su explicación, en todo caso, se reduce al presunto conservadurismo del mexicano de provincia y a la presunta liberalidad de los chilangos, si bien considera que en la capital de la República, la sociedad es conservadora en alto grado.

El hecho es que, según dice, en el pasado proceso electoral no hubo una acción concertada de la jerarquía y fieles con la finalidad de dar el triunfo a un partido político y derrotar al PRI. Sólo se trató de una confrontación de ideas. La Iglesia “no siempre está en polémica… se confronta cuando se tocan aspectos que le competen… no es una guerra”.

Desecha, incluso, que el Episcopado hubiese recibido “línea”, es decir, consigna del Vaticano;  “los obispos son totalmente independientes; se procura llevar una misma línea, pero cada obispo conoce su realidad social. No hay una línea concreta que nos venga de Roma, que nos diga qué hacer; no la hay”.

El padre Valdemar no teme que la “confrontación”, en las urnas, con el gobierno devenga en venganza, es decir, que el legislador torne “más restrictivo” al Artículo 130 constitucional, que el Congreso decida regresar a los curas a las sacristías.

No es factible, contesta, porque el mundo es cada vez más sensible a los derechos humanos; la libertad de expresión es fundamental. De hecho, según su concepto, el 130 constitucional  sigue siendo muy restrictivo en derechos humanos, pues no les permite tener canales de televisión ni frecuencias de radio; más aún, les niega el derecho a ser votados, como cualquier ciudadano.

Alega que buscar ser votados no tiene la intención de convertirse en políticos; conoce a políticos que se han hecho curas y ha sido “desastroso”. En el caso de los sacerdotes católicos, aunque la Constitución lo permitiera, el Canon Católico lo prohíbe; si los sacerdotes insistieran en dedicarse a buscar puestos de elección popular tendrían que dejar su ministerio.

“No va por ahí; la intención es que podamos expresarnos abiertamente, como cualquier ciudadano, sobre cuestiones electorales sin ser sancionados”.

Se pregunta: ¿Por qué  la ley civil prohíbe que  un sacerdote sea propuesto a un puesto de elección popular? Se trata de una violación a un derecho fundamental.

Más aún, dice que en el improbable caso de que el 130 se reformara en ese sentido, los beneficiados serían los pastores protestantes, pues el Canon Católico prohíbe a los curas católicos ocupar puestos de elección popular.

Valdemar insiste en la “contradicción de que el Presidente Peña Nieto quiera pugnar por supuestos derechos a ciertos grupos (los homo, lésbicos, transexuales), siendo que en la Iglesia tenemos muchas prohibiciones que no corresponden a una sociedad democrática. Nos está prohibido tener radio y televisión. México es de los poquísimos países en donde la Iglesia Católica es la única que no tiene permitido tener esos medios de comunicación”.

La reforma al 130 los dotaría de un derecho que “aunque no se ejerza no tiene por qué estar prohibido”.

NO CONVIENE A LA IGLESIA TENER UN PARTIDO

Encarrerado en el tema, sostiene que a la Iglesia Católica no le interesa tener un partido político, como ocurre con los evangélicos. “No es nuestro interés; ya pasamos por esa historia y sabemos que no nos conviene, incluso, se cae en casos muy graves de corrupción; eso iría en detrimento de tantos problemas graves que tenemos en la Iglesia católica. Queremos medios de comunicación, radio y tv, nada más”.

Le mencionamos que si, sin radio y televisión, sólo con el semanario “Desde la Fe”, sin consignas del Vaticano, y sin acuerdos previos entre los obispos, como asegura, consiguieron el 7 por ciento de votos en la pasada elección, ¿qué pasaría si pudieran ser candidatos, tuvieran radio y televisión, y obispos y laicos se manejaran con línea?

Su respuesta es una sonrisa contra la que no cabe argumentación.

Para concluir, el periodista Valdemar asegura no estar preocupado por el linchamiento mediático a que ha sido sometido. “Nos queda claro que la inmensa mayoría de los opinadores son favorables a las reformas; al oponernos nos tunden”.

Recordó que “el lunes antepasado 42 columnas pegaron con todo al cardenal Rivera y a él, en especial al semanario “Desde la fe”… pero no nos amedrantan, no nos asustan. La relación de la Iglesia con la opinión pública es diferente a como puede ser con el gobierno o cualquier otros actores, pues no estamos buscando votos ni puestos de elección, de poder; no estamos cuidando este tipo de cosas; simplemente decimos lo que tenemos que decir con mucha claridad, con fuerza. Si hay costos que pagar, como este linchamiento mediático, lo pagamos, lo aguantamos; no veo un problema en ese lado. Por eso tenemos más libertad; no estamos buscando algo que nos haga tener miedo a la imagen pública”.

Valdemar se despide con la esperanza de habernos convencido de que el 5 de junio no hubo una reacción concertada; que el 7 por ciento de los electores de provincia acudió a las urnas espontáneamente a votar contra la iniciativa del Presidente Peña Nieto porque son más conservadores que los de la Ciudad de México.

En el aire queda el recuerdo de julio de 1926, al entrar en vigor la llamada “Ley Calles”, que prohibía los actos de culto, suministro de sacramentos; suprimía monasterios, conventos y la libertad de prensa religiosa, pero además expropiaba templos y, para los infractores, reglamentaba multas, cárcel y “castigo más grave”, que algunos interpretaron como fusilamiento.

Los obispos reaccionaron suspendiendo el culto y presentando en la Cámara de Diputados un “memorial” avalado por 2 millones de firmas de católicos.

Hoy no se ha llegado a esos extremos; nada amenaza los derechos ya conseguidos por los sacerdotes, pero éstos están dispuestos a dar la pelea, en especial contra la despenalización del aborto. No piensan en la suspensión de cultos como medida de presión, pero la jerarquía católica actual calcula que el 7 por ciento de votos que depositaron los “católicos conservadores” en las urnas en las pasadas elecciones equivale, en términos actuales, a los 2 millones de firmas de 1926.

Y eso podría pesar en el 2018, aunque no hubiese conspiración ni consigna de los obispos; basta con la interacción de los fieles en las redes sociales.

Compartir: