LA AUDACIA DE PEÑA

No le demos vuelta: Fue seleccionado porque la nómina del tricolor está agotada y el Presidente no tenía otro, ni entre los jóvenes, los menos viejos y los sesentones, para encabezar el partido

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> Conducirlo es una tarea titánica para un priísta sin militancia, en los términos que la entendíamos hasta el jueves, pero que, sin embargo, comparte la paternidad de las reformas Educativa y Energética

> Además de economista, el designado es abogado y, con seguridad, analizó a conciencia las posibles objeciones a la legalidad de su elección porque, como él hizo con Mariano Palacios, debe prevenir que a alguien se le ocurra acudir al Tribunal a objetarlo. Para no ir más lejos, Ulises Ruiz

Es cierto: Seleccionar, para dirigir al PRI, a un militante con escaso trabajo partidista, pero que, además, él mismo ha puesto en duda el cumplimiento del tiempo obligatorio para quien pretende encabezar al Partido, es, sin duda, uno de los movimientos más audaces del sexenio, característico de uno de los políticos que a golpes de reconocida audacia consumó en 2012 la hazaña histórica de reconquistar el poder perdido en el 2000, y después del intento fallido, en 2006, de quienes a base de maniobras vergonzantes y ejecuciones mediáticas se apoderaron del PRI.

Pero la audacia del Presidente Peña Nieto de seleccionar a Enrique Ochoa Reza para suceder a Manlio Fabio Beltrones al frente del PRI debió ser acompañada de una formidable estrategia de negociación con las diferentes tribus del partido en el gobierno (no sólo las hay en el PRD), en especial con la que era previsible que en cualquier momento cuestionaría la facultad metaconstitucional, en el sistema priísta, conferida al Presidente de ser el indiscutido líder de la institución.

Desde la histórica derrota del 5 de junio, tan traumática como la del 2 de julio del 2006, pues esta última presagia que, de nueva cuenta, el PRI podría regresar a ocupar la tercera posición en las fuerzas políticas, y después de escuchar el pormenorizado recuento de las causas de la debacle, hecha por Manlio Fabio Beltrones el día que renunció al liderazgo nacional, así como sus recomendaciones para evitar la repetición del episodio, era de esperarse que alguna de las corrientes priístas desplazada por la cúpula gobernante, que, ciertamente, durante casi 4 años  se encerró en una cápsula impenetrable, intentara, con cualquier pretexto, arrebatar el control del Partido al Presidente y, en consecuencia, la designación del candidato presidencial.

Y el de la democracia interna partidista, algo que nunca ha existido en el PRI, vaya, que ni siquiera le es consustancial, es el mejor.

NO ME QUIERA VER LA CARA DE PENDEJO

Nada nuevo hay bajo el sol. Cuando Luis Donaldo Colosio le habló al gobernador de Nuevo León, Alfonso Martínez Domínguez, de consultar a la base para postular al candidato a sucederlo, el viejo lobo se tapó un poco la boca y dijo a “Pelo Chino”: “Yo sólo quiero pedir al presidente de mi partido que no me quiera ver la cara de pendejo; yo, Sócrates Rizzo”. Sócrates era el candidato del Presidente Salinas y fue candidato del PRI. Así es, y así ha sido, mientras ha ocupado Los Pinos.

Por lo demás, no creo que las reacciones a la postulación de Ochoa Reza tomaran de sorpresa a la cúpula gobernante; más bien supongo, a partir de indicios, que la premura en la filtración de su nombre se debió a la necesidad de  atajar la rebelión que ya se preparaba con el pretexto que fuera.

En política nada hay espontáneo y el resurgimiento de Ulises Ruiz, mi amigo, buen amigo, por cierto, como campeón de la democracia interna en el PRI, no lo es. Él es de lealtades, como lo demostró cuando todos abandonaron a Madrazo, y lo es ahora con los herederos de Roberto.

Por ello, hoy que están de moda las  mesas de negociación, urge que Miguel Osorio Chong invente una en el PRI para evitar que aborte el movimiento audaz del Presidente Peña Nieto de encargar el partido al ex director de la CFE, poseedor de poca militancia partidista y que no ha puesto en claro si en 2010 dijo a la Cámara de Diputados que no era militante del partido o si ocultó su militancia cuando trabajó en el Trife.

Con incredulidad y  enojo de lo que podría llamarse la “vieja  guardia” priísta, cuyo vocero es, por decisión propia o por encargo, el ex gobernador de Oaxaca Ulises Ruiz, fue recibida la noticia de que  Peña Nieto se  juega el futuro con Ochoa Reza.

En realidad, el ex delegado del PRI en Quintana Roo, que se negó a abandonar la entidad pese a que Manlio Fabio Beltrones lo suplió, formalmente, con Manuel Andrade en marzo pasado, convocó a los priístas a la rebelión, a “rescatar la democracia secuestrada” por las cúpulas dirigentes”.

No es un priísta a desdeñar, si bien no es, precisamente, cierto, por ahora, que “cientos, por no decir miles de compañeros”, piensan como él; es miembro prominente de un poderoso grupo político que, con Roberto Madrazo a la cabeza, dominó al PRI en el sexenio de Vicente Fox y fracasó en 2006, en el primer intento de recuperar la Presidencia después de la debacle del 2000.

AHORA SÍ QUIEREN SANA DISTANCIA

No es tremendismo, pero ha cundido de tal suerte el descontento entre algunos grupos priístas  que antes de sentarse a planear cómo  no perder Nayarit, Coahuila y el Estado de México,  el control de la Cámara de Diputados o la Presidencia de la República, es decir, evitar el descenso del PRI a segunda división, así como  trastocarlo  en  campeón de la lucha contra opacidad,  corrupción e impunidad, y abanderado de las causas sociales,  Ochoa Reza deberá sofocar la rebelión impulsada por Ulises en sendas cartas, a través de su cuenta de Twitter, y por César Augusto Santiago, que alertó a sus correligionarios de la existencia, en YouTube, de un video de la comparecencia del entonces aspirante a consejero electoral del IFE ante la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados en el que, en apariencia, niega ser militante priísta.

La rebelión ha dado pie a contrasentidos que se antojan ridículos; por ejemplo, que quienes se ofendieron con  la “sana distancia” del gobierno de Ernesto Zedillo con el PRI hoy la reclamen al Presidente Peña Nieto. “Debemos buscar la independencia del partido respecto del gobierno…”, dice Ulises en uno de sus documentos difundidos vía Twitter.

Es evidente que la situación amenaza con salirse de control por lo apresurado del movimiento; para decirlo en lenguaje priísta, el tema no fue socializado con las diferentes tribus; simplemente se tomó la decisión y se  les enteró por los medios de comunicación; hoy, el propio Ochoa Reza será quien  tenga que negociar acorralado contra la pared, circunstancia que lo debilitará y hará perder tiempo valioso. 

Es una tarea titánica para un priísta sin militancia, en los términos que la entendíamos hasta el jueves, pero que, sin embargo, comparte la paternidad de las reformas Educativa y Energética.

Las capacidades y méritos de otra índole no importan a los priístas en rebelión  de la anterior generación que con desconfianza miran, inclusive,  la credencial de afiliación del ex director de la Comisión Federal de Electricidad al PRI en 1991; no les importa, siquiera, que el cartón luzca la firma de Luis Donaldo Colosio.

Recuerdan a uno de los grandes del PRI que en un escritorio de su oficina  guardaba una caja con docenas de credenciales priístas  firmadas en blanco por el general Alfonso Corona del Rosal, que de 1958 a 1964 fue líder  en la Ciudad de México; también tenía  un sello y una máquina de escribir de la época. Eran instrumentos para dotar de militancia a los encumbrados por el Presidente de la República en turno que no conocían, siquiera, la ubicación del Comité Nacional priísta.

Sacan a colación que la caja fuerte de Colosio en su oficina del PRI fue saqueada 2 veces después de su ejecución en Lomas Taurinas; una para desaparecer 8 millones de aquellos pesos de la primera aportación a la campaña de 10 millones de dólares de  Roberto González Barrera, “El Maseco”, y la otra cuando agentes de la PGR se llevaron lo que quedaba de los documentos del candidato presidencial asesinado. Ahí  pudo haber credenciales en blanco con su firma, dicen con sorna.

HIZO CAMPAÑA CON AGUILERA

No obstante, es  innegable  la existencia de pruebas documentales de la afiliación de Ochoa Reza al PRI. La noticia es que su credencial  no es falsificada; le fue gestionada, en 1991, con Colosio por don Manuel Aguilera, el ex jefe del Departamento del Distrito Federal y de los pocos priístas con autoridad moral que aún quedan; en esa época estaba en campaña para senador de la República.

En el equipo de Aguilera (que entregó a Enrique Jackson la Secretaría Técnica del Consejo Político del PRI en una ceremonia de la que Manlio emocionó a los consejeros con una lección de cortesía política bajando del presídium, en un largo recorrido, para saludar al gobernador mexiquense, Peña Nieto, que ocupaba un lugar abajo con sus pares) estaban con Ochoa Reza  otros 2 jovenzuelos, Rafael Moreno Valle y Armando Ríos Piter, que con el tiempo abandonarían el PRI; uno llegó a gobernador postulado por el PAN; el otro es senador del PRD y, por falta de pantalones, no fue candidato a gobernador de Guerrero.

También es cierto que Ochoa Reza luchó en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para impugnar la ampliación del interinato de  Mariano Palacios Alcocer y  Rosario Green como presidente y secretaria general del CEN.

Recordemos que Palacios Alcocer no tuvo empacho en encabezar la estrategia de Roberto Madrazo para mantener el control del PRI y quitarse de encima a Arturo Montiel, que amenazaba con arrebatarle la candidatura presidencial en 2006.

Ante la negativa de Sergio García Ramírez de suceder a Madrazo en el liderazgo nacional, éste contó con la genialidad de César Augusto Santiago, que al frente del PRI rompió el récord de Pedro Lascuráin, que sólo estuvo 45 minutos en la Presidencia de la República; la  maniobra permitió al grupo madracista burlar el impedimento que impedía reelegirse a Mariano, comprometido con la causa de Roberto.

Todo esto ocurrió a finales de agosto de 2005, pero Ochoa  Reza se lanzó al cuello de nuestro actual embajador en el Vaticano hasta casi concluir 2006 e iniciar 2007.

Suficiente para acreditar militancia.

Sin embargo, el ex diputado federal Enrique Ibarra Pedraza, uno de esos políticos de larga experiencia que el PRI ha dejado ir, cuenta que Ochoa Reza negó militar en su partido cuando aspiró a consejero electoral del extinto IFE.

Según Ibarra, hoy segundo al mando, con Enrique Alfaro, en el ayuntamiento de Guadalajara, hizo la pregunta al aspirante a consejero y la respuesta fue que ni era miembro del Consejo Político Nacional del PRI ni militante.

El video de la comparecencia de Ochoa Reza ante la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados está en YouTube, pero parece editado  en la parte en que habla de su militancia; sólo se le ve y escucha decir que, en efecto, dejó de ser miembro del Consejo Político Nacional de su partido.

En cualquier caso, en algún lugar debe estar la versión estenográfica de la Comisión de Gobernación, que presidía Javier Corral, hoy gobernador electo de Chihuahua; o podrían hablar compañeros de Ibarra, que deben ser igual de memoriosos, en especial los priístas,  la Secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, por ejemplo.

Además de economista, Ochoa Reza es abogado y, con seguridad, analizó a conciencia las posibles objeciones a la legalidad de su elección como presidente del PRI porque, como él hizo con Palacios Alcocer, debe prevenir que a alguien se le ocurra acudir al Tribunal a objetarlo. Para no ir más lejos, Ulises Ruiz.

UN POCO DE HUMILDAD PRIÍSTA

Pero más allá de falta de militancia, que, dicho sea de paso, en el PRI nunca ha sido problema, y si ocultó al IFE su militancia para poder trabajar en el Trife, o si negó ser militante priísta a los diputados cuando pretendía ser consejero electoral (pecados que, de existir, en ellos llevará la penitencia), conviene preguntarse por qué fue seleccionado para dirigir al PRI en el momento crucial del sexenio, cuando existe la amenaza, real, de que en el 2018 pueda ser rebasado por el PAN y Morena.

Quizás los priístas necesitan un poco de humildad: El 5 de junio fueron vapuleados, sin misericordia, cuando eran dirigidos por el militante mejor equipado de todos, Manlio Fabio Beltrones, al que sólo falta ser Presidente de la República para coronar una carrera de casi 4 décadas, en la que fue coordinador de senadores y diputados, subsecretario de Gobernación, líder de la CNOP, gobernador de Sonora y corresponsable de la seguridad nacional al lado de don Fernando Gutiérrez Barrios.

Noche más aciaga desde el 2 de julio del 2000, cuando Emilio Gamboa coordinaba la campaña de Francisco Labastida, no había tenido el PRI, hasta la del 5 de junio pasado, en que el PAN le ganó 7 gubernaturas en una sola jugada, y Beltrones, que coordinó la campaña de Madrazo en la primera intentona de recuperar Los Pinos, estaba al frente del partido.

En su carta de renuncia están las causas de la debacle:

“Estamos obligados, como nunca antes, a escuchar la voz y reclamos de los ciudadanos, de todos ellos, votantes priístas o por otros partidos, que exigen mejores resultados en sus gobiernos y combate a la corrupción e impunidad, dondequiera que esta se encuentre.

“Quieren que la modernidad se refleje en los bolsillos de las familias mexicanas; que su trabajo sea mejor remunerado; servicios de salud de calidad y calidez; vivienda digna; seguridad para sus hogares y sus ciudades; no están satisfechos con solamente enterarse de que vamos bien, sino que quieren sentirse bien”

“…Los resultados electorales no pueden ni deben intentar explicarse  de manera simplista o ligera; hay que profundizar en el análisis multifactorial. No obstante, también hay que decirlo fuerte y claro, en muchos de los casos, los electores dieron un mensaje a políticas públicas equivocadas o a políticos que incurrieron en excesos, que no tuvieron conductas transparentes y que no actuaron de manera responsable; sus respectivos partidos recibieron la sanción de una ciudadanía vigilante que premia o castiga con su voto; es oportuno parafrasear a Luis Donaldo Colosio: ‘Lo que los gobiernos hacen, sus partidos lo resienten’”. 

Podría reproducir la extensa explicación de Beltrones que antecedió a su renuncia a la Presidencia del PRI, pero por ahora conviene recordar que dejó su posición  “para permitir… que una nueva dirección encabece las transformaciones que nuestro partido requiere”.

Cuando se alistaba para conquistar la candidatura presidencial, Peña Nieto debió tomar la decisión de entregar o no el PRI a  Gamboa. Resultó que Emilio estaba identificado con Manlio, que competía por la candidatura; de pronto  apareció Humberto Moreira diciendo no aspirar, siquiera, a ser candidato a diputado ni a senador, mucho menos a suplir al candidato presidencial en caso de necesidad.

Moreira ganó a Gamboa, pero no sin antes recibir la advertencia, por parte de Miguel Osorio Chong, de lo que podía ocurrir si traicionaba a Peña Nieto porque al ahora secretario de Gobernación no se le quitaba la idea de que al gobernador de Coahuila lo podría vencer la tentación de ser candidato a la Presidencia.

Fuera de Gamboa y Beltrones, a quienes ya no se les puede convocar, ¿con quién más cuenta el Presidente para dirigir al PRI en los términos que Manlio recomienda para el futuro?

Peña Nieto llamó a trabajar con él a los priístas  más experimentados del pasado y a los que mejor conocía, Enrique Martínez y Martínez y Jesús Murillo Karam, ambos ex  gobernadores y ex delegados del PRI en el Estado de México. Sus responsabilidades sexenales los devoraron y ya están  de regreso en sus casas; el coahuilense,  incluso, quiso ser candidato presidencial del Tucom en la época de Madrazo y Montiel, mientras que el hidalguense se atrevió a proponer el ensayo de un método diferente cuando en Los Pinos buscaban candidato para ocupar la vacante que dejó Colosio en 1993.

El legado de Beatriz Paredes (que pretendió extender su mandato partidista por 6 meses, con la esperanza de una confrontación entre Beltrones y Peña Nieto para ella tener su oportunidad) es la extinción del PRI en la Ciudad de México.  María de los Ángeles Moreno tendrá otras explicaciones, pero comparte con Beatriz,  Alfredo del Mazo y Jesús Silva Herzog la muerte del PRI capitalino. Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre es sólo anécdota.

El Presidente ni siquiera puede contar con sus paisanos. Alfredo del Mazo padre sería un obstáculo en el crecimiento de su hijo; ¿cómo convencer a Humberto Benítez Treviño que regrese después de la maltratada que le pusieron sus coterráneos para sacarlo de la jugada local? Emilio Chuayffet no termina de rumiar que sobre él cargaran lo que hoy padecen Aurelio Nuño y  Osorio Chong, y ¿por qué crear un boquete en la Secretaría del Trabajo y quemar un alfil para el Estado de México moviendo a Alfonso Navarrete?

Pero Peña Nieto tampoco cuenta con la generación juvenil que perdió el rumbo. Mientras no se resuelva la situación de Javier Duarte, Roberto Borge y César Duarte, no hay manera de encargarles una tarea del tamaño del rescate al PRI. Y ¿para qué desperdiciar espacio hablando de Rodrigo Medina?

¿Quién está en el Congreso, aparte de Gamboa, para encargarle el PRI? Hay personajes como el senador Arturo Zamora o el diputado Jorge Carlos Ramírez, y hasta Ivonne Ortega, pero no están cerca del primer círculo, así que no existen.

En estas condiciones, ¿cómo criticar que el Presidente se inclinara por un funcionario responsable, en alto grado, de las reformas energética y educativa, pero, además, apalancado por Luis Videgaray, de quien debe ser la reflexión de que el gobierno priísta necesita, como dijo Ochoa Reza, “cambiar … escuchar a la ciudadanía … ser más transparentes; que el partido encabece cambios y que atienda a todas las solicitudes de los ciudadanos que quieren tener un mejor país”, por cierto, lo mismo que dice Ulises Ruiz.

EL DEFAULT

Ahora bien, quizás sea saludable escuchar a Ulises  y dar oportunidad a él o a César Augusto Santiago, o a cualquier otro de ese grupo,  de competir   en “una amplia y abierta consulta a la ciudadanía para elegir a la dirigencia”.

Es probable que Ochoa Reza cometiera el error, imperdonable, de ocultar su militancia para trabajar en el Trife o negarla cuando pretendió ser consejero electoral, y que ambas circunstancias lo conviertan en inelegible, pero más allá de la retórica democrática del ex gobernador de Oaxaca, ¿hay alguien en el grupo que representa  a quien la “reducida cúpula” (supongo que Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong), que “secuestra las decisiones más importantes para el Partido…”, pueda encargar la tarea de sacar al PRI del problema en que está metido?

Con riesgo de herir susceptibilidades, o de incurrir en incorrección política, que poco me importa, la mayoría de los integrantes de ese grupo o de otros, como el de Francisco Labastida Ochoa, es impresentable. Con cualquiera de ellos a la cabeza no se conseguiría lo que Manlio en su “inmolación”, como lo llamó Ulises, advirtió que necesita el PRI. Puedo exagerar, pero con cualquiera de ellos, hasta los priístas darían la espalda a su partido.

No le demos vuelta; Ochoa Reza fue seleccionado porque la nómina está agotada y el Presidente no tenía otro, ni entre los jóvenes, los menos viejos y los sesentones, para encabezar al PRI, además  de que por llenar el hueco que dejó Manlio corría el riesgo de  crear otro en un gabinete en el que, por cierto, no sobran las figuras.

Simplemente, no había otro; quizás el destape fue equivocado, pero la realidad es que la nomenklatura del PRI no da para más, a menos que el Presidente quiera arriesgar a Luis Videgaray o Miguel Osorio Chong.

Y,  con ellos, Ulises y su grupo repetirían, con mayor énfasis, sus objeciones porque son, precisamente, a quienes identifican como los “secuestradores” de la democracia partidista.

Copia de la carta de renuncia como Director General de la Comisión Federal de Electricidad
Copia
de la carta de renuncia como Director General
de la Comisión Federal
de Electricidad
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