El ‘sospechosismo’ de las consultas

Entre tanto barullo, López Obrador hace caso omiso a especulaciones tan absurdas como la de que, sin tomar aún posesión, ya planea reelegirse

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Andrés Manuel debe estar hasta la madre de las especulaciones que le brincan a diario en respuesta a sus palabras y desplantes. En ocasiones reacciona a su viejo estilo, haciendo de lado su política de campaña de amor y paz, y hasta pone nombre al objeto de su irritación, no obstante, hace caso omiso de las importantes, merecedoras de respuesta inmediata, para disipar temores, como la absurda especulación de que, aun sin tomar posesión, ya planea reelegirse o, la más creíble, que la democracia participativa sustituirá, paulatinamente, a la representativa.

A partir de algunas de sus actitudes, de las declaraciones que va soltando aquí o allá, y hasta de sus videos en las redes sociales, y de las acciones de varios de los que serán sus principales colaboradores, hay quienes aprovechan para forjarle, desde hoy, la imagen de un dictadorzuelo tipo sudamericano, muy semejante a ciertos invitados a su toma de posesión que no tendría cabida en la democracia mexicana.


La semana pasada, Mario Delgado, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, anunció la refinación del proceso de consulta. El andamio del poder popular

Crearle esa imagen fue válido en sus tres campañas por la Presidencia; una la perdió, precisamente, por dar elementos a sus adversarios para convencer al electorado de que significaba un peligro para México. En la que ganó demostró haber aprendido la lección; era evidente que se mordía la lengua para dejar pasar la mayoría de las agresiones de José Antonio Meade y Ricardo Anaya. A todo contestaba con amor y paz, y combate a la corrupción.

Así son todas las campañas. En la disputa por el poder, la mentira es moneda corriente y no hay candidato que no haya acudido a este expediente para aniquilar a su competidor (Vicente Fox provocó a Francisco Labastida con adjetivos ofensivos para un varón y lo convirtió en carcajada nacional), pero las épocas de elecciones quedaron en el pasado. Hoy se trata de gobernar.

Supongo que no está en los planes del presidente electo pasar a la historia como factor de regresión histórica; sería absurdo que lo pretendiera si en la justa democrática más vigilada de nuestra historia, no la más competida, ganó dos de los tres poderes de la Unión con más del 50 por ciento de la votación. El Ejecutivo y el Legislativo son sólo suyos, y si el Judicial no resiste la merma salarial, pronto perderá autonomía.

 

RONDA LA PERSPICACIA

Albergo la esperanza de la inexistencia de afanes dictatoriales o de perpetuación en el poder, y que todo se reduce a la prisa por gobernar (inició su mandato a partir del momento mismo que ganó la elección fijando fecha y lugar para su primer encuentro con el Presidente Peña Nieto); dar seguimiento a las promesas de la campaña por la Presidencia, algunas, a todas luces, irrealizables; innovar e instalar su estatua, en bronce, al lado de las de sus héroes, Juárez, Madero y Cárdenas, y no correr el riesgo de que el tiempo pase y se quede sólo en la colocación de la primera piedra del zócalo.

El Presidente Electo y sus figuras favoritas: Juárez, Madero y Cárdenas

La cuestión es que el asunto más significativo de su Presidencia electa, la consulta popular para dejar en suspenso lo que sería el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), dio pie al banco suizo UBS para sospechar que se acudió al “pueblo sabio” no para determinar la inconveniencia de construir una terminal aérea en Texcoco, o la conveniencia de usar la militar de Santa Lucía, sino para utilizar las consultas públicas, en un futuro no lejano, para conseguir que, por aclamación popular, extienda su mandato, es decir, se reelija.

La conclusión suiza es insultante para nuestro país y para quien siempre deja en prenda su honestidad personal y su talante democrático, pero lo cierto es que el banco USB se ha quedado sin respuesta. Tal vez por desmesurada y ajena a la realidad mexicana, López Obrador y los suyos no le concedieron atención, o para evitar que nos sumerjamos en un debate más, este sin fin, que ocasionaría un inmenso daño al inicio de la Cuarta Transformación.

Sin embargo, la falta de respuesta a los banqueros suizos cayó en suelo fértil porque si la Constitución ya permite la reelección de diputados federales y senadores, ¿qué impediría la reelección de gobernadores y del Presidente de la República?

Reformar la Constitución en esta materia nos llevaría a un clima de confrontación política de consecuencias que nadie desea, pero en el ámbito legislativo se resolvería sin mayor problema, pues Morena y sus aliados tienen los votos necesarios, como ocurrió con las 13 reformas estructurales del Pacto por México.

‘¿Quién manda aquí?’ (ensayo de Felipe González, Gerson Damiani y José Fernández-Albertos), libro casi de cabecera de Andrés Manuel

El tema es tan disparatado que nadie se ha ocupado de las sospechas suizas, sin embargo, el Presidente Electo insiste en dar elementos para llegar a su discurso inaugural en la Cámara de Diputados con una imagen diferente a la que ha pregonado.

 

EL CONGRESO, ¿TAMBIÉN A VOLAR?

En su respuesta, en largo video, a quienes han puesto en duda la legalidad de la consulta popular sobre el NAIM, el Presidente Electo colocó en la escenografía el libro “¿Quién manda aquí?” (un ensayo de Felipe González, Gerson Damiani y José Fernández-Albertos), que pone en duda la efectividad de la democracia representativa, es decir, del Congreso de la Unión, como llamamos en México a nuestro sistema bicameral, en el que están representados los ciudadanos y las entidades que integran el país.

La senadora, y ex presidenta del PRI, Beatriz Paredes se refirió al cambio de régimen anunciado por López Obrador y señaló que en el fondo de todo está la intención de sustituir la democracia representativa por la participativa; en otras palabras, anular al Congreso para permitir que todo se resuelva consultando la sabiduría popular con ejercicios como en el que se jugó la suerte del NAIM.

La senadora explicó que no había necesidad de consultar al pueblo, pues, ya instalado en la Presidencia, Andrés Manuel tendrá facultades para decidir. Para eso fue votado.

Parece que no es para tanto porque el coordinador de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, Mario Delgado, expresó que la ocurrida entre el 25 y 28 de octubre pasados, en 538 municipios, sobre la cancelación del proyecto del NAIM de Texcoco, “fue la última de las consultas bajo esas condiciones, con esas características, bajo esas circunstancias”.

“Todas las consultas ciudadanas que se hagan de aquí para adelante van a estar sujetas a la ley que regula las consultas populares”.

Para Delgado, el diseño de la consulta popular prevista en el artículo 35 de la Constitución “es inoperante”, razón por la que pronto se reformará con la mayoría de los votos de Morena.

Ante José Antonio Meade y Ricardo Anaya, durante la campaña, López Obrador bajó su tono confrontador

Para decirlo de otra manera, no existe la menor intención de acabar con la democracia representativa, sino reformar la ley de consulta.

Era suficiente con decir esto y no escuchar al presidente electo decir, mientras mira una y otra vez la tapa del libro de Felipe González, que no será florero, que no estará de adorno, es decir, que ejercerá su mandato.

“Ya se hizo un cambio en el país; hay que notificarles a algunos que ya es otro México, que yo no voy a ser florero; no estoy de adorno. Yo traigo un mandato de los mexicanos; los mexicanos quieren que se destierre la corrupción y la impunidad”.

Fue inevitable que los suspicaces concluyeran que el video fue un mensaje enviado… a los empresarios corruptos que pretendían construir otra Santa Fe en las 600 hectáreas del Aeropuerto Internacional Benito Juárez.

Y como de darle la razón se trata, este jueves empezó a circular en WhatsApp una invitación a una “mega marcha” en la que los asistentes deberán vestir de negro para mostrar que están de luto por la muerte del NAIM.

Como nadie firma la invitación se especula que son los empresarios los de la iniciativa o que puede tratarse sólo de una broma. Que sea así porque no creo que sean muchos los que acudan al llamado; no al menos en el número de quienes acudieron a votar contra el NAIM o quienes, en junio de 2004, acompañamos a María Elena Morera a protestar por la inseguridad, en especial por los secuestros.

Para concluir, este coctel de eventos (y muchos más) ha provocado que nos acerquemos al inicio formal de la Cuarta Transformación, desde la Presidencia de la República (en el Congreso ya empezó), en un clima de polarización creciente que podría obligar al sucesor de Enrique Peña Nieto a demostrar que, en efecto, es quien manda, que no es florero y no estará de adorno.

 

 

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