Solo faltó vestirnos de ‘Juanes’ y ‘Adelitas’

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Más allá de lo que tenga de patriótico (y ganancia política mediática) el acto del Presidente Andrés Manuel López Obrador celebrado en Tijuana, y al que acudió todo aquel que desea que lo vean fiel a la “Cuarta Transformación”, amén de los que obligadamente debieron estar ahí, la pregunta es obligada, ¿se hará esto cada vez que a Donal Trump se le ocurra hacernos “bullying”?

¿Será necesario trasladar Palacio Nacional a cualquier lugar del país para este tipo de eventos que más que abrazar la dignidad de México, nos hace ver pueblerinos ante el mundo?

En política todo es capital, y a río revuelto ganancia de López Obrador.

Creo que el más sorprendido del acto de Tijuana es el propio Trump. ¿Nos verá pequeños, grandes o simplemente ni siquiera nos verá?

¿En qué nivel de astucia colocará al gobierno mexicano que convierte un asunto administrativo, internacional, provocativo -pero finalmente administrativo-, en un hecho de barrio, cantinflesco, de mitin copiado a una escena de película de Pedro Infante o “El Piporro”?

Porque Trump sabe que su ocurrencia de hace una semana (“No cerraré la frontera con México, haré algo más… Será mi más grande pronunciamiento… Una declaración de Grandes Ligas”), era una vacilada, una broma de mal gusto, improcedente, más fatal para su país que para el nuestro; fuera de lugar, cuya única finalidad era acalambrar a López Obrador, mostrarle que Estados Unidos puede dar órdenes a quien se le antoje.

¿Por qué el pueblerino evento? ¿Qué festejamos? ¿Los tres días de café de Ebrard con el Vicepresidente Mike Pence y el Secretario de Estado, Mike Pompeo, por dos temas que no tienen vuelta de hoja para solucionarlos?

Estados Unidos no nos declaró la guerra. Tampoco ganamos una batalla bélica; no evitamos la Tercera Guerra Mundial, ni siquiera hemos inventado el antídoto contra nada. Vaya, ni siquiera López Obrador y Trump tuvieron la necesidad de reunirse.

Más aún, cierto que México evitó, temporalmente, el “bullying”, que ya regresará, aceptando -porque es mentira que no cedieron en nada-, la militarización de la frontera sur frente a Guatemala con la presencia inicial de 6 mil efectivos y la admisión de mantener en territorio mexicano , con todos los gastos que eso implica, a los migrantes que, por decisión de Trump, no pisarán territorio estadounidense. El mentado asilo, ese que Estados Unidos, con esto, obliga a México a ser “Tercer País Seguro” de manera disfrazada.

Creo que la reacción con un acto público en Tijuana, el gobierno mexicano se excedió.

Seguimos siendo, por concepto freudiano (“decir lo que quieran que digamos”), agachones, mostrando el miedo mediante supuestos actos de patriotismo y “frente alta”.

Eso no lo hace ni Irán, Corea del Norte, Venezuela, Filipinas, China (a la que Trump ha amenazado hasta con el diablo, pero que los asiáticos lo tienen agarrado del cogote); imposible que un acto así ni siquiera lo pensara Rusia.

Como en los mítines de barrio, habló desde el vecino, el vigilante y hasta el panadero.

Arturo Favela, presidente de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas, en un sermón ayatólico mencionó que fue “el grandísimo Dios y su gracia quien puso orden” a las intenciones de Trump. Pero Alejandro Solalinde, sacerdote defensor de los derechos humanos de los migrantes, agradeció a la Virgen de Guadalupe que no nos impusieran aranceles.

Creo que esta densa semana ha servido para que el “pueblo sabio” sepa, ya es ganancia, qué es un arancel.

Hablaron también, antes del Presidente, Carlos Salazar Lomelín, presidente del Consejo Coordinador Empresarial; Francisco Domínguez, Gobernador de Querétaro y presidente de la Conago, así como Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Cámara de Diputados.

López Obrador hizo uso de la palabra para repetir toda esa parte de la historia mexicana que le encanta. Un discurso alejado kilómetros del tema central, mencionado casi solo como referente.

Todo en el marco de que los Jefes de Gobierno de los países centroamericanos, con mucha responsabilidad en el fenómeno migratorio ni siquiera meten, no digamos las manos, ni un dedo.

Pero esperemos a que comiencen a fluir los recursos para el desarrollo de Centroamérica, estarán por delante.

LAS MISMAS SOPAS Y LA PALETA A TRUMP

Ni ganó México, ni ganó Estados Unidos, entonces tampoco perdió Andrés Manuel López Obrador, ni Donald Trump.

Tampoco ocurrió lo que muchos, al amparo de ser opositores políticos, ya aseguran, que se entregó la soberanía de México a Estados Unidos. Creo que lo que discutieron minuciosamente, al margen de los temas de migración y narcotráfico, fue la aparición -cómo, cuándo y de qué manera- de la Guardia Nacional.

Aunque hubiera querido, ¿qué más podría haber ofrecido Marcelo Ebrard al Vicepresidente Mike Pence y al Secretario de Estado, Mike Pompeo?

¿Construir un muro en la frontera de México con Centroamérica?

Sería gracioso, inoperante, insultante, pero, sobre todo, eso sí sería un signo de que Trump no solo nos habría doblegado, sino sometido. Por ahora solo nos instruyó.

Aun enfrentando las críticas por su insistente “amiguísimo” hacia Trump -que no idolatría- y los estadounidenses, López Obrador sabía que, al menos, iban a ser sólo seis días de resistencia.

Porque sobre su suicida amenaza y advertencias (con la gran repercusión negativa para ellos), a Trump ni su propio equipo le creía, comenzando por un gran número de legisladores republicanos, como ningún demócrata y varios gobernadores.

No era cuestión de supremacía de ninguna especie, era una puntada acompañada de una estrategia de “yo soy el lobo, y ahí voy”.

De hecho, la negociación era sencilla. Simplemente reanalizar lo que se ha analizado en la última década sobre los dos temas en pugna, migración y narcotráfico, y después, sacar la carta fuerte, la Guardia Nacional, o reiterarla durante los tres días de reunión.

Qué más aval, carta de “buena conducta” o sello de garantía de que nos pondremos a hacer lo que debimos hacer desde hace tiempo, o empezarlo ya en tiempo de “Transformación”.

La verdad, no rescato nada novedoso en el discurso del Presidente. Creo que se queda corto en el sentido de encabezar algo que llama la “Cuarta Transformación” utilizando conceptos, posturas y hasta guiones de la Primera, Segunda y Tercera, cuando, su retórica debiera romper el “status quo” para acceder a una real “transformación”.

Con la “misión cumplida” del nuevo héroe nacional, Marcelo Ebrard, ¿Trump se aplacará? Más bien, creo, que ya prepara su próxima travesura.

Con el patriótico evento en Tijuana qué nos volvimos a colocar sobre la cabeza, ¿el sombrero tipo cazuela de la Revolución Mexicana o el Penacho de Moctezuma, ambos dignos de épocas que sí rompieron paradigmas?

Debiéramos pensar cómo dejar de ser el país enterrado en la Historia; brincar ya a la imagen esa de “potencia mundial” que tanto menciona López Obrador y que, por supuesto, todos deseamos.

De lo contrario, porque Trump, seguramente, ya está ideando otra cosa, que ya se vaya escogiendo el municipio donde será el siguiente acto de desagravio a la dignidad mexicana.

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@RobertoCZga

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