‘Sismos se intuyen, no se predicen’

Conoce a detalle los movimientos telúricos que azotaron a México en septiembre pasado Entrevista exclusiva con Marco Antonio Penagos Villar, ingeniero geofísico por el Instituto Politécnico Nacional, sobre el temblor en los estados de Chiapas y Oaxaca

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El pasado 7 de septiembre la naturaleza cimbró la geografía de los estados de Chiapas y Oaxaca.

Un sismo de 8.2 grados en la escala de Richter destruyó cientos de miles de hogares y evidenció la falta de preparación y previsión en los sistemas de protección civil. Pero también puso al descubierto la impericia profesional y la falta de equipo adecuado para la medición correcta de los movimientos telúricos.

Inmediatamente después del terremoto, el Servicio Sismológico Nacional reportó un movimiento de una magnitud de 8.4 grados en la escala de Richter, para después ajustarla a 8.1 y finalmente concluir que se trataba de un temblor de 8.2 grados.

Así de inexacto pudo observarse el reporte oficial en México, en tanto los Servicios Sismológicos de los Estados Unidos determinaron una cifra única, sin variación, de un terremoto de 8.0 grados.

A 32 años de distancia del temblor del 19 de septiembre de 1985, el destino se ensañó otra vez con los habitantes de la Ciudad de México, en el mismo día, el mismo mes y sólo a diferente hora.

Igual como en el 85, de nuevo la sociedad civil se organizó para apropiarse de la capital de la República, ante la evidente falta de prevención adecuada que permitiera atender una emergencia de ese tamaño.

Para hablar con toda precisión de los imprevisibles y catastróficos movimientos de la tierra, recurrimos a los conocimientos científicos, en la materia, del ingeniero Marco Antonio Penagos Villar, geofísico egresado en 1983 de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional, que durante meses advirtió de un sismo de más de 8 grados que se avecinaba entre Chiapas y Oaxaca.

En vez de hacer caso a las fatales predicciones, las autoridades responsables de dar protección a la población calificaron a Penagos Villar de alarmista, charlatán y proclive a causar pánico entre la sociedad. Sólo que ahora ahí están las consecuencias: Miles de damnificados, viviendas destrozadas y una ayuda que tarda y tarda en llegar ante la lentitud e incompetencia de las autoridades de protección civil.

1.- La primera pregunta obligada al geofísico Marco Antonio Penagos es: ¿Por qué tiembla?

La respuesta es clara y precisa: México está dentro del “cinturón de fuego” del Pacífico que abarca desde Alaska hasta Argentina en América. Y por el lado asiático se extiende a Japón, China, Rusia, Australia, Nueva Zelanda, entre otros países.

En esa zona se genera el 90 por ciento de la sismicidad mundial. Por ejemplo, en Japón ocurrió un temblor de 9 grados, pero la arraigada cultura de protección civil impidió que los daños fueran mayores con eficaces mecanismos de prevención anticipada.

2.- En un segundo momento se le preguntó si los sismos pueden predecirse para alertar a la población.

La respuesta es poco agradable para quienes habitan en zonas de alta sismicidad. No pueden predecirse, pero con base en el conocimiento de la geología y la geofísica, o sea de la corteza terrestre, sí puede intuirse que en cualquier momento próximo  puede presentarse un temblor como el que ocurrió en Chiapas y Oaxaca.

Y al conocimiento científico Penagos Villar otorga particular importancia a la sismología histórica de los últimos 100, 150 o 200 años para saber cómo, cuándo y dónde tembló, porque lo que ocurrió en el pasado volverá a ocurrir en el presente y en el futuro.

Cita como sustento de su aserto el Archivo Histórico Diocesano de San Cristóbal de las Casas. Ahí se encuentra el relato del terremoto de 1902, en el cual el obispo de Chiapas, Belisario Trejo, explica con toda precisión de cuánto duró, los daños ocasionados y la orientación del temblor que afectó a los municipios de Tila, Comitán, Teopisca, Carranza y la capital Tuxtla Gutiérrez.

El hacer un recuento del desastre de hace 115 años, Penagos Villar  aclara que en esa época no existían los aparatos de medición que hay en la actualidad, pero con base en todas las evidencias conocidas, hace aproximadamente 15 años, el Servicio Geológico de los Estados Unidos consideró que había sido de 8.4 grados, en tanto que el Servicio Sismológico Nacional en México le dio un rango de 7.7 grados.

El aserto de Penagos Villar y la medición estadounidense tienen sustento. San Bartolomé de los Llanos -antiguo nombre del municipio de Venustiano Carranza- desapareció de su asiento original y se fundó una nueva ciudad en donde actualmente se ubica.

Otra de las graves deficiencias del Servicio Sismológico Nacional se encuentra en el temblor ocurrido el 20 de octubre de 1995 con epicentro en el municipio de Villaflores. Las autoridades sismológicas de los Estados Unidos midieron el temblor en 7.2 grados, mientras que las mexicanas lo calificaron de 6.6 grados. Y hasta dos años después se corrigió el dato erróneo para concluir que los Estados Unidos tenían razón respecto de los 7.2 grados.

Al cuestionársele al egresado del Politécnico Nacional del por qué de ese jugueteo con los números y tajante afirmó: Puede ser por falta de científicos, por tratarse de rudimentarios equipos de medición o lo más lamentable si los resultados se encuadran dentro de una serie de políticas públicas convenientes para el Estado Mexicano.

La observación es simple. Estados Unidos jamás ha cambiado su veredicto respecto del grado asignado a cada movimiento telúrico.

3.- Otra pregunta obligada es la que determina el grado de daños ocasionados y el grado asignado a la magnitud de cada temblor: ¿Cuando se habla de epicentro, ello qué quiere decir?

Se trata de la localización geográfica en la superficie de la tierra en donde se originó el sismo. Desde luego ahí es más fuerte y en los lugares que circundan el epicentro.

4.- Con la repetición del sismo en la Ciudad de México el pasado 19 de septiembre se le inquiere a Penagos Villar sobre las diferencias entre México 1985 y 2017 y Chiapas-Oaxaca 2017.

Con la seguridad de quien conoce con certeza el tema de los movimientos telúricos, asegura que las diferencias se encuentran en la profundidad del sismo a donde se movieron las capas tectónicas, el tipo de suelo, ya que no es lo mismo el daño de las ondas sísmicas en un suelo arcilloso o lacustre que en un suelo firme rocoso.

No hay que olvidar que a donde actualmente se asienta el antiguo Distrito Federal era una laguna que se rellenó para edificar ahí la gran Tenochtitlan. Pero independientemente de esas características, en las mediciones reportadas entre los Estados Unidos y México, afloran otra vez las diferencias y las deficiencias.

Para las autoridades sismológicas de los Estados Unidos, la profundidad del temblor del pasado 19 de septiembre fue de 38 kilómetros, en tanto que el Servicio Sismológico Nacional mexicano reportó una profundidad de 59 kilómetros.

Por espacio la continuidad de la entrevista se hará en próxima entrega. Ampliaremos…

 

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