Sin reelección, AMLO no permitirá el regreso al pasado

Sin importar con lo que nos depare el futuro, hoy es una fecha histórica

Compartir:

La gran noticia es que el Presidente López Obrador cumplió su palabra de comprometerse, por escrito, a no reelegirse; ahora debemos esperar a que el pueblo decida si le permite dejar a medias la Cuarta Transformación o le exige quedarse, al menos, otro sexenio en la Presidencia de la República.
Pero, mientras esto ocurre, ya dejó en claro que para el final de su mandato todo habrá cambiado: No habrá corrupción, el gobierno se manejará con austeridad y el pueblo no permitirá el regreso a las prácticas del pasado, de fraudes electorales, cobro de comisiones por obras, contrataciones de empresas con domicilios fiscales en una casa abandonada, obras inconclusas, robo del dinero destinado a los programas sociales, etcétera, y la disposición de helicópteros oficiales para los invitados a jugar golf…
Para decirlo de otro modo, viviremos en un paraíso en el que ni siquiera Adán y Eva tendrían cabida.
No seamos mezquinos; debemos celebrar porque con esta histórica decisión, a la que contradicen ciertos movimientos estratégicos ocurridos en los primeros dos meses y medio de gobierno, se esfuma el riesgo de que, en breve, el país entre en un periodo de desestabilización que podría conducirnos a situaciones como las que se viven en algunos países sudamericanos.
La solución militar ya no es opción; quedó en nuestra historia. Y el último que burló la Constitución para mantenerse en el poder mediante la reelección, Álvaro Obregón, también es un mal recuerdo.
Para bien de México, que se cumplan el compromiso de no reelección y las metas de la Cuarta Transformación.
Pero como el deseo de López Obrador es la no repetición de “la pesadilla” de que el PRI y el PAN vuelvan a gobernar, de nueva cuenta, a México, se necesita algo más que dar por liquidadas a las que fueron las fuerzas políticas dominantes de las últimas décadas.
Es cierto que están heridas, al parecer de muerte, pero para su extinción completa, como lo desea el Presidente, se necesita, primero, que la 4T no sea un glamoroso fracaso, es decir, que, en efecto, destierre la corrupción, imponga la austeridad y que el pueblo agradecido por la distribución directa de las ayudas gubernamentales (hasta los ricos jubilados recibirán 2 mil 500 pesos) agradezca con votos el apoyo, pero sobre todo que en las huestes de Morena, o fuera de ellas, Andrés Manuel encuentre al líder que consiga el milagro de mantener cohesionadas a las tribus de la izquierda y magnetizar al país como él lo hizo.
Con el debido respeto, en quienes lo acompañan en la histórica tarea de reconstruir al país sobre los escombros de la demolición emprendida por la 4T, no hay a la vista otro Andrés Manuel capaz de conmover a las masas y a las clases medias, como él lo hizo, pero, además, como no todo será perfección en el sexenio, y mucho de lo prometido se quedará en el discurso con que domina la agenda nacional diaria, es previsible que la campaña en contra de quien pretenda sucederle se basará no en documentales sobre populismo, pero sí en el repetitivo señalamiento del riesgo de repetir fórmulas, como insistió, en sus 18 años de campaña, con los errores de los gobiernos del PRI y del PAN.
En beneficio de la 4T es fundamental que el tiempo demuestre que no fue erróneo descartar al NAIM en favor de Santa Lucía, al igual que la construcción del Tren Maya y la refinería de Dos Bocas, por hoy las obras emblemáticas de López Obrador.
Sin embargo, con lo negativo para las finanzas nacionales que esto pudiera ser, todo quedaría sepultado si funciona la estrategia de eliminar intermediarios en la asistencia social y el dinero, poco o mucho, llega, sin cesar, a la clientela electoral de Morena.
Ese más de lo mismo puede funcionar en una campaña electoral, aunque el crecimiento económico prometido del 4 por ciento apenas llegue al 1.
Pero no adelantemos vísperas porque hay años por trascurrir para comprobar si la fórmula propuesta por Andrés Manuel para salvar al país es la correcta y vale la pena continuar por la misma ruta.
Lo importante es que López Obrador rechazó públicamente la tentación de convertirse en dictador y que, en 2024, el pueblo podrá decidir libremente si vota por la permanencia de la 4T, aún sin él, o da oportunidad a otros proyectos si aún existen partidos políticos que los propongan.
Por ahora es suficiente saber que el proyecto no es convertirnos en otra República bolivariana.
Sin importar con lo que nos depare el futuro, hoy es una fecha histórica.

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...