‘¡Si no pueden, renuncien..!’: Madre de Norberto a Sheinbaum (2019); Alejandro Martí a Ebrard (2008)

Norelia Hernández grita el lamento de Alejandro Martí. Los índices delictivos han aumentado en 50% a partir de la gestión de Sheinbaum; la violencia en la CDMX es intolerable. Jesús Orta y Ernestina Godoy, más preocupados por el impacto mediático que en resolver el secuestro y asesinato del joven Norberto

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Las horas pesaron como hierro en la familia Ronquillo Hernández desde la noche del martes.
Su hijo Norberto no llegó a casa de la última clase de Mercadotecnia Internacional de la Universidad del Pedregal, en Arboledas del Sur, en la alcaldía de Tlalpan, ex delegación de Claudia Sheinbaum, ahora Jefa de Gobierno.
La U. del Pedregal, bajo la rectoría de Armando Martínez Gómez, está ubicada en una zona sembrada de universidades, preparatorias y escuelas, muy del Tecnológico de Monterrey, del Colegio Madrid, de la Universidad del Valle de México, el Colegio México y más.
Una zona fácil de concentrar seguridad, responsabilidad del titular de la SSP-CDMX, Jesús Orta Martínez.
Sin embargo, el martes por la noche, en un trayecto de 15 minutos hasta la casa de su tío, el joven Norberto no llegó; fue secuestrado. Los plagiarios se comunicaron con los familiares -el estudiante es originario de Chihuahua-; los padres se trasladaron a la Ciudad de México, pagaron el rescate y los plagiarios nunca volvieron a contestar el teléfono; seguramente lo apagaron o desecharon, como suelen hacerlo las bandas del crimen organizado.
La ola de violencia rebasó, en escasos seis meses, los planes estratégicos de seguridad de Sheinbaum y Orta; el impacto mediático es imparable, sin embargo, para Claudia y la Procuraduría de Ernestina Godoy es imperativo cuidarlo por la creciente inseguridad que rebasa su gestión desde el arranque del gobierno de la CDMX.
Son incontables los asesinatos, robos, extorsión, tráfico de drogas, secuestros y más. Las estadísticas se dispararon a niveles récord.
Cuenta de ello lo da el publicista Carlos Alazraki en una columna muy reciente. La semana pasada pidió la renuncia de Sheinbaum a la Jefatura de Gobierno “por inepta”, con esas palabras.
El columnista de El Universal narra el asesinato en un camión urbano, en La Raza, de su joven colaboradora Eli Gutiérrez, abatida por un balazo en la cabeza de los delincuentes.
Por eso, la sensibilidad de la autoridad incompetente está a flor de piel; por eso el nerviosismo que trata de evitar, a toda costa, ocultar la ola de violencia.
La procuradora Godoy desestimó el caso de Norberto Ronquillo; envió a los familiares a la fiscalía, pero la angustia llegó al límite en la toma de fotografía de fin de licenciatura de los jóvenes compañeros de Norberto en la U. del Pedregal.
El evento se convirtió en una protesta con el hashtag #NosFaltaNorberto, todos entogados y con birrete, mostrando cartones y con la presencia del rector Martínez al centro.
El viernes, los familiares y jóvenes decidieron apretar más ante la frialdad burocrática de Ernestina Godoy. Armaron una protesta callejera siguiendo los pasos de Norberto desde la escuela hasta el lugar del secuestro.
Por fin, Godoy recibió a los familiares en las oficinas de la PGJ-CDMX, mientras Claudia Sheinbaum preparaba maletas para viajar, al día siguiente, a Tijuana, al mitin de Andrés Manuel López Obrador.
La Jefa de Gobierno abandonó la plaza en horas decisivas, donde se podría agilizar la búsqueda. Tal vez los plagiarios ya habrían hecho lo peor, pero no había forma de saberlo, y aún con ese estatus del caso, Sheinbaum llegó a la ciudad fronteriza de Baja California, donde el Padre Alejandro Solalinde la destapó para la Presidencia de la República.
Eufórica, Claudia, con la sonrisa en el rostro, repartía saludos y abrazos en Tijuana junto a gobernadores y al titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón, quienes acompañaron al presidente a la rebasada concentración por el acuerdo comercial con Estados Unidos.
Al siguiente día, Donald Trump borró sonrisas triunfales mexicanas al publicar que revelaría acuerdos “que no se dieron a conocer”, esto es, un secreto comprometedor acordado por el gobierno obradorista y su comitiva negociadora.
Claudia regresó de Tijuana el mismo sábado. El domingo, el Cardenal Norberto Rivera Carrera ofició una misa para Ronquillo en la Parroquia del Espíritu Santo, en Iztapalapa, con familiares, amigos y compañeros universitarios, a la que nunca llegó Claudia.
El lunes por la madrugada, la Procuraduría de la CDMX reportó el hallazgo de un cuerpo con un fallido tuit donde reportaba: “#InformaPGJ Esta madrugada, en #Xochimilco se localizó el cuerpo sin vida del estudiante de una universidad privada. Se continúa con todas las investigaciones hasta esclarecer los hechos”.
No se nombra a Norberto Ronquillo ni a la Universidad del Pedregal, pero sí saben que es “un estudiante” de una “universidad privada”.
Perversa la inferencia de la Procuradora al decir: “Universidad privada”, muy en el bolchevismo de la Cuarta Transformación, donde los pobres son santificados y la clase media satanizada.
Carlos Alazraki dijo: “Pido la renuncia (de Sheinbaum) por inepta”.
En agosto del 2008, Alejandro Martí pronunció la frase lapidaria contra las autoridades “¡si no pueden, renuncien!” por el secuestro y muerte de su hijo.
El 10 de junio del 2019 la repite Norelia Hernández, madre de Norberto, con unos índices delictivos aumentados en un 50%, comparado con el año anterior -y muy superiores a los del 2008, Marcelo Ebrard-, a partir de la gestión de Sheinbaum: “¡Si no pueden, renuncien!”.

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