Si eso hacen con los militares…

La emboscada, ayer, a un grupo de militares en Coyuca de Catalán, Guerrero, pone los pelos de punta. Si los soldados acaban como indefensos, y el crimen les falta al respeto, que al ciudadano común Dios lo agarre confesado

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Cierto que el crimen organizado es lo mismo en todo el mundo, mortífero, cruel, indigno, pero no en todo el mundo, sin embargo, impone sus leyes tan burdamente como en México.

Hay países que, incluso, no lo padecen o lo han desterrado, pero no con amnistías ni poniéndose al tú por tú con él, sino con desarrollo, cero corrupción y, primordialmente -secuela de lo anterior-, elevando la calidad de vida de la sociedad.

Parece imposible, pero es la única solución porque en un país de alto nivel, hasta el crimen organizado se refina. Él es una cosa y la sociedad otra. Nunca desaparecerá por completo. Dicen que hay males necesarios, y ni siquiera la Biblia se desatiende del mal.

Hay que ser pacientes, aunque la paciencia la comenzamos a controlar desde hace 20 años, pero aun sin él crimen organizado sobre sus cabezas, en muchas naciones, el Estado mantiene su hegemonía sobre los grupos delictivos de cualquier nivel. Es decir, el Estado de Derecho es de “iure”, pero también de “facto”.

Las instituciones, en primer lugar, deben respetar, ser respetadas y darse a respetar bajo un andamiaje de leyes (que a nosotros nos sobran por montones), respeto a los derechos humanos y colaboración profesional.

Y las Fuerzas Armadas, así como las corporaciones policiacas del país, son instituciones.

No es la primera vez que grupos armados emboscan patrullas militares con saldos mortales, y no se diga a elementos policiacos.

Lo ocurrido en Coyuca de Catalán pone los pelos de punta. Y más porque el recriminable episodio se da en un sitio en donde 24 horas antes se había cometido otro crimen, el del candidato del PRI a diputado local Abel Montúfar Mendoza.

Los hechos muestran la flaqueza, distracción o falta de profesionalización y adiestramiento de soldados y policías, de lo cual no tienen del todo la culpa. La responsabilidad es de quien arma las estrategias, los cuadros de movilización y alerta; de obligar, o convencer, a quienes operan las órdenes o las investigaciones a no distraerse. Sucesos como ese dejan a la vista la falta de protocolos y, si éstos existen, su no observancia, poniendo en riesgo hasta la vida, como ha ocurrido.

Y hablo en el entendido de que hay estrategia real, de práctica, no de papeles ni de discursos.

¿Por qué no debieron ser sorprendidos los soldados en Coyuca de Catalán?, porque el antecedente criminal tenía apenas 24 horas, el crimen de Montúfar.

El sitio debió estar supervigilado, acordonado. ¿Por qué los criminales pueden regresar al sitio del crimen como Pedro por su casa y repetir una osadía las veces que quieran?, porque quien debe imponer el orden no lo hace ni empieza por su propia persona.

Uno de los ataques que más golpeó al Ejército fue el ocurrido a finales de septiembre de 2016 en Culiacán, cuando durante el traslado, a un hospital, de un presunto narcotraficante, varias decenas de civiles armados emboscaron la patrulla militar, muriendo en el lugar cinco soldados y resultando heridos más de una decena. Los videos existentes de los sucesos son crudos, pero, en realidad, muchas cosas se combinan para armar un coctel que permite la impunidad de los delincuentes y el agravio de la autoridad porque además de la falta de férrea disciplina, los criminales están mejor armados, punto flaco para un país que intenta imponer un orden institucional. Y esto es parte de lo comentado al principio; el desarrollo genera orden. Y el desarrollo es, sí, salarios óptimos, vivienda digna, educación, pero también Fuerzas Armadas y corporaciones policiacas bien equipadas y profesionalizadas.

Mientras eso no ocurra estamos a años luz de desterrar, como dijo el Papa Francisco, “al diablo… porque es un perro rabioso… capaz de hacer masacres… Es un ángel de la muerte”.

Junto a ello, para el coctel, cuando los militares o policías llegan a defenderse y abaten a los agresores, no pasan minutos cuando otro “ejército”, el de las almas piadosas, lincha a los agredidos por meter las manos. Mal armados y criticados por defenderse.

Y la tragedia del país comienza desde las simples manifestaciones en las que utilizar máscaras para prender fuego a policías es como la cosa más simple y menos importante.

Cuántas veces hemos repetido y repetido el término “Estado de Derecho”, pero ni lo entendemos ni lo aplicamos, ni lo exigimos.

Y no, el crimen organizado no se va a acabar nunca. Las amnistías darán risa y las confrontaciones dolor. El negocio es tan redituable como la extracción y comercialización de petróleo.

Lo dramático y espeluznante es ver cómo es vencida y humillada la autoridad.

Es una lástima que en los últimos 15 años, y con dos gobiernos de distinta ideología, no hayamos descifrado el punto débil de los facinerosos. Es la peor derrota porque, entonces, ¿sobre qué lodazal está parada la sociedad civil? ¿Dónde está el gobierno-Estado eficaz, inteligente; dónde las instituciones?

 

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