Segob, la instancia de hierro que no hace sombra a AMLO

Sus tiempos fuertes fueron durante la era priísta

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A ver, a ver, cómo está ese graznido.

En casi todo el mundo, los Presidentes, Jefes de Estado, o como se les llame, que estén al frente de un país, por lo regular, tienen, requieren y hasta presumen un brazo derecho. Un alfil para su política interior.

En Estados Unidos, por ejemplo, existe una Vicepresidencia, además de la Secretaría de Estado y una Secretaría del Interior.

En Rusia, después del Presidente Vladimir Putin, existe un Presidente del Gobierno (Primer Ministro o Jefe de Gobierno). Pero también un Vicepresidente Primero del Gobierno Federal. Le llaman el “Círculo de Hierro”.

En México existe la Secretaría de Gobernación. Bueno, existía. O como que existe. Sus tiempos fuertes fueron durante la era priísta. Utilizada, dice el actual gobierno, como ente represivo. Bueno, es parte de sus malos recuerdos.

Pero más allá de ello, era paso obligado de futuros Presidentes de la República o del “hombre fuerte” del Presidente en turno. Entre los priístas, la lista es interminable, desde Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría hasta Miguel Osorio Chong y Alfonso Navarrete Prida, pasando por Manuel Bartlett, Fernando Gutiérrez Barrios, Jorge Carpizo, Emilio Chuayffet y otros.

Del periodo panista, Vicente Fox y Felipe Calderón, rescato a Santiago Creel. A Juan Camilo Mouriño le faltó tiempo, que la desgracia le acortó.

Creo que cada uno adaptado a los tiempos que les tocó estando al frente del cargo. Algunos con el látigo más largo que los otros.

Actualmente, desde que conformó su Gabinete, el Presidente López Obrador quitó a Gobernación ese poder que todo brazo derecho político de un Jefe de Estado tiene.

Me atrevo a decir (graznar) que las cartas las baraja el Presidente con cierto efecto. Su mejor pieza no está en Gobernación, sino en Relaciones Exteriores, es decir, no en los asuntos internos, aunque se meta.

Marcelo Ebrard es útil donde está, y lo sería donde lo pusieran. Bueno, en Gobernación, antes un puesto bastante anhelado, daría a la Secretaría otro matiz, otro cuerpo y recuperaría la respetabilidad perdida.

Tal vez por ello, como ella misma dice, Olga Sánchez Cordero no se va de la Segob.

Imagine usted en esa Cartera a Ricardo Monreal o Porfirio Muñoz Ledo. Entonces sí, de facto, el país tendría un vicepresidente.

Pero López Obrador no quiere sombras ni vicepresidentes. Y no las quiere ni siquiera en el otro sitio en donde podría surgir una muy grande, en la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, que hoy ocupa Claudia Sheinbaum, que, dicen, sería su apuesta para el 2024.

Sin embargo, a leguas se nota que el protagonismo de la Jefa de Gobierno tiene un límite.

En salario nadie puede ganar más que el Presidente, y en política nadie puede hacer más que el Ejecutivo, aunque algunos se salgan del guacal.

Y todo esto porque Sánchez Cordero, a pesar, ya, de varios desaguisados, asegura que el Presidente le tiene mucha confianza.

Luego de su clara falta de atención cuando le preguntaron si el Gobierno Federal negociaba con el crimen organizado y ella respondió que lo hacían con varios grupos armados, y que después la dependencia aclaró que se refería a “autodefensas”, pero luego, para acabarla, el Presidente hasta eso les reprochó, ella defendió, a capa y espada, su estancia en el cargo.

“Estoy más firme que nunca”, aseguró el fin de semana.

“Estos traviesos adversarios que tengo siempre están diciendo que yo renuncio o que me enfermo. Ni renuncio ni me enfermo.

“El señor Presidente me tiene una gran confianza y aquí estaré”.

Cierto, el Presidente la tiene difícil; a quién poner en Gobernación que aguante la soledad y el abandono.

A Sánchez Cordero no sé si sería recomendable la tan quemada y de moda frase de “Aguanta, Olga, aguanta”.

El ganso es ganso, y yo me canso.

 

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