Se vislumbra una transición política o…

¿‘involución’ o ‘regresión’?, la pregunta en el aire

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Andrés Manuel López Obrador. Sigue cosechado enemigos poderosos con sus actitudes de soberbia

Conforme transcurren los tiempos para la conclusión de la elección presidencial, se está generando un clima de zozobra, incertidumbre y hasta preocupación para todo elector que no ha decidido su voto, pero que, sin duda alguna, si se decidiera a ejercerlo, sumara para esa contienda electoral, posiblemente inclinando la balanza del que será el vencedor.

Un ciudadano escéptico que escucha y analiza a la candidata y los candidatos revestidos de una pluralidad de personalidades y talentos disímbolos, que no lo acaban por convencer y menos concluye por influir en su decisión.

Un ciudadano consciente de que el sistema que nos regula y gobierna está agotado, infiltrado por la corrupción, que ya no responde a la población mexicana que, en cualquier ámbito territorial padece día a día la inseguridad, la desigualdad, la desesperanza por un futuro más promisorio.

Un ciudadano pensante, que aspira a una transición democrática y no una transición política como eje promotor del cambio.

Una adecuación profunda en las estructuras y procedimientos políticos que debieron darse en consecuencia desde la Revolución de 1910.

Un cambio de poder donde se ha ejercido el principio de quítate tú, porque me toca a mí; debiendo haberse transformado y fortalecido desde la época de la alternancia que encabezó Vicente Fox Quesada hasta el mandato de Enrique Peña Nieto; donde se ha cuidado de origen la formalidad democrática, pretendiendo con ella una legitimidad con esta esencia, pero que ha terminado por agotar el sistema político que hoy nos conduce.

 

UN NUEVO PARADIGMA POLÍTICO

En la búsqueda de la identidad del candidato que genere y asegure un nuevo paradigma político, pues el actual murió agotado por la corrupción que ha invadido toda la vida pública gubernamental y política, salpicando severamente a la sociedad participativa y cómplice.

El que capitaliza el descontento por este fenómeno es el candidato de la coalición Juntos haremos historia, quien dista de ser un referente ideal para esta encomienda, porque con su actuar sistemático divide y confronta.

En respuesta a esas actuaciones, no deja de sorprender la intervención decidida, encubierta y abierta,  legítima o ilegítima desde la óptica que se quiera observar del sector empresarial e instituciones financieras tanto nacionales como internacionales con intereses en México, contra un Andrés Manuel López Obrador que sigue cosechado enemigos poderosos con sus actitudes de soberbia, injurias constantes sin reparo, y desafíos consecuentes de todo lo que va en contra de él, y, su llamado proyecto de nación.

Asumiendo una actitud de segmentación marcada, cuando la política es de concertación y equilibrios, porque en cualquier Estado democrático se acaba gobernando para todos.

Un sector económico conformado como un “poder” bien definido, indispensable para el desarrollo de cualquier país, del que no se exenta nuestra nación.

Un poder al que no se le debe rendir pleitesía o sumisión, pero sí garantizarles un Estado de derecho que les dé certidumbre para sus inversiones y protección de sus intereses, y no las zozobras que delinea y asume aún antes de llegar al poder, produciendo una división insalvable para la gobernabilidad futura.

Un poder que ya sienten como propio, delineándose en su plataforma de actuación antes de asumirlo con la  reciente declaración vertida por el escritor Paco Ignacio Taibo II, de: “expropiar las empresas que no lo apoyen”, aunque  de inmediato salieron a desmentirlo o justificarlo; el efecto de desconfianza se dejó sentir, quedando de manifiesto la preocupación e incertidumbre para un futuro próximo, porque es un miembro prominente del Partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), puntal directo de López Obrador, y esta actitud que no se puede soslayar, puede ser la filosofía de acción de este movimiento.

 

SE GOBIERNA CON LEYES

Porque se gobierna con las leyes como expresión de una orientación para la conducta social que se va adecuando en tiempo y contenido, bajo una constante escucha de lo que vive la sociedad, y no los designios personales de quien ostenta el poder.

Porque atrás deben quedar los posicionamientos de “autoritarismo” y lo más peligroso del caso: las “dictaduras”.

Ambos oprobios de gobierno que han obstruido el desarrollo del país, y quebrantado el vínculo de convivencia y confianza entre la sociedad con el sistema político.

Ante tales hechos, es más que justificado que se mostrara públicamente la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) a través de su presidente nacional Gustavo de Hoyos Walther, quien en defensa de muchas otras voces que se mantienen en silencio o se empezarán a manifestar para hacerse presente, ya que con obligaciones y derechos también forman parte de la sociedad mexicana, señaló enérgicamente: “las empresas son fuentes de empleos y de bienestar”: algo insignificante e inadvertido para el puntero de las encuestas presidenciales.

Queda claro que, la sociedad agraviada llena de hartazgos, en su mayoría, aspira a un cambio de régimen, porque la democratización del país no acaba por dar los frutos esperados.

Un sistema que ha pasado por un proceso largo, sinuoso y desconcertante, como lo señalara recientemente Carlos Salinas de Gortari: “caro y de baja calidad”.

Un sistema que ha omitido conjugar de manera productiva dos valores estratégicos: el máximo de representatividad con el máximo de gobernabilidad.

Un sistema que no ha podido ofrecer cauce a la expresión, recreación, convivencia y competencia de la diversidad política e ideológica que cruza y modela a las sociedades modernas.

Un sistema donde la representatividad de los partidos políticos ha quedado distorsionada y desfigurada, situándola en la última escala del ocaso.

Un sistema donde las “coaliciones” que tenemos en la plataforma de éstas elecciones, no son alternativas coherentes que puedan el día de mañana estructurar un diálogo fructífero con el Legislativo, generando posiblemente el inicio de la extinción del pluralismo.

 

DEMOCRACIA

Un pluralismo esencial en la democracia para no volver a caer en el autoritarismo que nos ha antecedido, ni la parálisis que vivimos actualmente.

Un pluralismo que le dé sustancia a nuestra democracia: una democracia que nadie nos va a regalar y que la sociedad tiene que conformar.

Una democracia que para coexistir necesita de demócratas que construyan los instrumentos e instituciones que la favorezcan y activen, y no las denigren y pretendan sustituirlas.

Una democracia que logre conciliar en forma pacífica la confrontación de pareceres distintos con la decantación de razones y argumentos, multiplicando los espacios de diálogo, corrección meditada de rumbos, aceptación de la perfectibilidad humana y social.

 

TRANSICIÓN

Por eso, cuando se habla de cambio de régimen, se está hablando de una transición política, que no democrática, donde el régimen político lo describe el analista político José Antonio Crespo Mendoza como: “el conjunto de las instituciones que regulan la lucha por el poder y el ejercicio del poder y de los valores que animan la vida de tales instituciones”.

Donde un cambio de régimen político, puede dar como resultado la posibilidad de que se transite de un autoritarismo que se desecha a otro de distintas características o signo ideológico, incluso, que se vaya de una democracia a un “autoritarismo” que busca el beneficio del pueblo.

Un cambio de régimen político en el que, en el transcurso de su aplicación, las reglas no puedan definirse, ya que estarían expuestas a un flujo permanente de posicionamientos e intereses personales o de grupo.

Reestructuraciones que por lo general son objeto de una ardua y permanente contienda, donde los actores luchan no sólo por satisfacer sus intereses inmediatos o de aquellos que dicen representar, sino también, por definir las reglas y procedimientos cuya configuración determinará probamente quiénes serán en el futuro los que desplieguen el poder.

El riesgo que se expone con esta adecuación política es que, no se concilien acuerdos entre los variados sectores de la sociedad, generando un vacío institucional (o ausencia de reglas), que fácilmente puedan producir ingobernabilidad, inestabilidad política e incluso violencia.

Ante este tema azaroso, qué válido es traer como referencia del pasado, el posicionamiento que hacía en su campaña presidencial Luis Donaldo Colosio: “Reformar el poder significa un presidencialismo sujeto a los límites constitucionales de su origen republicano y democrático”.

Una figura de conducta política que se avizora ausente en esta nueva aventura, si la coalición Juntos haremos historia resultará vencedora el 1 de julio próximo.

Un cambio de régimen que pretende imponer López Obrador, en el cual no convergen todos los consensos de la sociedad, causal que reditúa que no se transforme en democrático, y mucho menos que se asuma como demócrata.

Ya que sus actuaciones antidemocráticas de siempre, siguen prevaleciendo en su actuar, arribando después de tres contiendas electorales más rígido y autoritario.

Qué pronósticos se pueden esperar: una “involución” o “regresión” política, que, aunque la estabilidad no se pierda, la paz social se pueda alterar durante un lapso, con unos costos que sería saludable no experimentar.

Por eso la pregunta queda en el aire: ¿Qué transición política nos acecha?

 

 

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