Se fue Chamín Correa, el gran bohemio

Imposible no sufrir contagio cuando rasgaba su requinto

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Al primer Correa que escuché en vivo fue a Patricio en una feria en Teziutlán, Puebla, cuando lo patrocinaba Brandy Viejo Vergel y cantaba “Te regalo tu ausencia”; después conocería a toda la familia en el “Gran Caruso”, al que Benjamín cambió el nombre por “El lugar de Chamín”.

En aquellas noches de bohemia, ingenuos de nosotros que con el latinajo bohemius creíamos disfrazar las parrandas, cantaban todos los Correa, encabezados por Mamá Correa y Patricio.

Chamín y sus hermanos protagonizaban el gran final de la noche (nunca pude convencerlo de que cantaran más temprano, para no romper hogares); ya casi cuando los gallos estaban por despertar desataban la locura convertidos en una versión renovada de “Los Tres Caballeros”, aquel trío sin parangón formado por uno de los grandes compositores mexicanos, Roberto Cantoral; Leonel Gálvez, la primera voz, orgullo de Acapulco, y Benjamín, aunque en el origen los acompañantes de éste fueron  Rosendo Blanco Rojo y Benito Vázquez.

¿Y esto qué tiene que ver con la política? me preguntarán los 3 leales lectores que me quedan. La respuesta es simple: Mientras controles tu espacio, de vez en vez puedes escribir de lo que te venga en gana, que ya será cuestión de quien te lea si te sigue o te abandona, porque no todo es grilla en la viña del Señor, pero, además, la muerte del Requinto de Oro es noticia que, en honor a la verdad, debería ser tratada, y con respeto, en la conferencia mañanera del Presidente porque su ausencia sí nos afecta a todos los mexicanos, seamos conservadores, fifís, chairos, corruptos o neoliberales, inclusive a los bots.

Así de grande fue el amigo que alguna vez llevó a IMPACTO a tres jóvenes jaliscienses a quienes llamaba “Los Panchitos” porque cantaban como Chucho Navarro, Hernando Avilés y el teziuteco Alfredo Bojalil, a quien todo mexicano recuerda como “El Güero Gil”. Los quería llevar al triunfo; no pudo porque la radio dejó de apoyar a la música popular.

No se trata de una biografía, que de esto debería encargarse mi hermano Víctor Bacre, que hizo una espléndida narrativa sobre su paisano teziuteco “El Güero Gil”, sino de recordar a quien una noche sí y otra también hacía llorar a su requinto mientras lo desentonábamos a gritos quienes, como si fuera religión, acudíamos a su lugar a llorar con él.

Como preguntaría José Alfredo, ¿cuántas noches de mi vida pasé en el Lugar de Chamín? Perdí la cuenta.

Era imposible no sufrir contagio cuando rasgaba su requinto. Todo mundo le pedía las grandes de Roberto Cantoral, “La Barca”, “Reloj”, etcétera, pero yo prefería que empezara con “El gran bohemio”, aquel para el que la vida no vale nada, se embriaga con el néctar de pasiones y la vida la perfuma con canciones.

Me brotan las anécdotas como torrente; podría hablar, por ejemplo, de aquel sesudo analista y político que para horror de quienes lo formaron en recintos sagrados llegó una noche a los dominios de Chamín y cantó y cantó como nunca lo había hecho, y quizás no ha vuelto a hacerlo, a grado tal que en un arranque de generosidad y altruismo marcó un teléfono amigo para conseguir empleos en el IMSS.

O la larga anoche en que al final sólo quedamos Chamín, el insuperable y grande entre los grandes, don Martín Urieta, Francisco Bustillos y este reportero de guardia nocturna que no puede aceptar que ya no estén Paco Escamilla, José Luis Segura y Joaquín Ruiz, así como Arturo Navarro, que llegó a Los Dandys a petición de Paco porque se percató de que el éxito de “Los tres Caballeros” se debía a las canciones de Cantoral, la voz de Leonel, pero por aún más al requinto de Chamín.

Por cierto, quizás al doctor Bacre le interese saber que el estilo del requinto de “Los Dandys” inmortalizado por Arturo Navarro fue idea de “El Guerito” Gil, a quienes veíamos y escuchábamos lamentarse con “Basura” en el vapor de la Santa María que manejaban Margarito, Carlos y Beto Colín.

De ese mundo raro ya sólo me quedan Martín, mi carnal Valente Pastor, el Viejón y sus muchachos de El Real de Jalisco.

Brindemos por Chamín, a quien el inolvidable capitán Carlos Ruiz y Puga Baena seguramente dieron la bienvenida en ese lugar cálido en donde los alcanzaremos para terminar lo que dejamos inconcluso.

Hasta entonces, Chamín. ¡Salud!

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