Santiago Nieto el gran inquisidor de AMLO

Excluyendo al Presidente, el personaje más relevante de la Cuarta Transformación (4T) ha sido, sin lugar a dudas, Santiago Nieto

Compartir:

Hace tiempo que Enrique Peña Nieto carga el sanbenito de ser beneficiario de un pacto que habría beneficiado a Andrés Manuel López Obrador con la mínima resistencia para ganar la Presidencia y al ex mandatario con la impunidad eterna.

En lo personal, nunca he creído en la existencia del pacto de impunidad que, acuñado por Ricardo Anaya, solamente sirvió al candidato presidencial panista para asustar al priismo gobernante.

En realidad la población estaba harta de la clase en el poder (PRI, PAN y PRD), López Obrador supo explotar a suficiencia la convicción popular de que chapoteamos largamente en la corrupción y, empujados por sus ambiciones personales, los priistas de alto rango, Luis Videgaray y Miguel Osorio Chong, fueron incapaces de hacer las pases para no cavar la tumba del partido que los llevó a niveles que en otras circunstancias jamás habrían alcanzado, vicepresidente 1 y vicepresidente 2.

Dependiendo del momento en que mis pocos leales pierdan el tiempo leyendo estas notas, faltarán 48 o 24 horas para que Santiago Nieto cumpla o incumpla su promesa de tener a fin de año el expediente completo de Enrique Peña Nieto.

Al hablar de una presumible red de corrupción que operaba desde la residencia presidencial de Los Pinos, el 25 de agosto dijo estar  “haciendo… la construcción de abajo hacia arriba, entonces las ligas te tienen que llevar (…), es un tema metodológico, a partir de ahí hay que armarlo, hay que avanzar…Yo creo que todo apunta (a Peña Nieto), pero todavía no tengo ningún elemento probatorio real, en eso estamos, estamos haciendo el proceso de investigación… Creo que Peña Nieto estaba enterado de cualquier acto de corrupción, de los grandes actos de corrupción”.

Han pasado 4 meses y nada hay en el horizonte que indique el cumplimiento de la promesa, ni siquiera que la recuerde quien la profirió, a menos que López Obrador y Nieto nos tengan preparada una sorpresa para el inicio de 2020 que les permita mantener el control de la agenda político-mediática.

Excluyendo al Presidente, el personaje más relevante de la Cuarta Transformación (4T) ha sido, sin lugar a dudas, Santiago Nieto.

Su prontitud para bloquear la disposición de recursos de quienes sospecha corrupción, aunque en algunos casos emblemáticos, como el de la empresa distribuidora de combustibles Hidrosina, diera marcha atrás con velocidad merecedora de una medalla olímpica, lo ha convertido en el arma más eficaz del Presidente para demostrar al país que al menos desde 2006, cuando según sus cuentas le fue escamoteada la Presidencia, y hasta 2018, fuimos gobernados por una caterva de corruptos merecedores de las llamas de un infierno dantesco.

Confieso no haber puesto atención en él mientras fue funcionario de Enrique Peña Nieto gracias a las negociaciones políticas paridoras del Pacto por México que según el discurso oficial nos convertiría en un país capaz de competir con las naciones de economías poderosas, pero que la 4T ya sepultó en nuestro panteón histórico, sino hasta sus revelaciones sobre las posibles implicaciones electorales de la empresa brasileña Odebrecht en asuntos electorales mexicanos.

Hasta entonces, en cumplimiento a los mandatos de su naturaleza, fue estrella fugaz con la revelación a Carmen Aristegui de haber solicitado orden de aprehensión contra el entonces subsecretario de Gobernación, Arturo Escobar, con origen político en el Partido Verde.

El caso, supuesta violación de secrecía de datos bajo su resguardo, concluyó con la renuncia de Escobar y una denuncia contra el titular de la FEPADE, pero ni el Presidente Peña Nieto, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, ni el procurador Jesús Murillo Karam dieron importancia al episodio.

El tiempo demostró que lo lamentarían.

Y no saben cuánto.

Volví a poner atención en él cuando la emprendió contra Emilio Lozoya, ya fuera de la Dirección de Pemex.

Al igual que, con Escobar, reveló información bajo su resguardo y eso le costó seguir en la FEPADE, sin embargo, nunca explicó por qué no notificó al ex director de Pemex si, conforme a sus propias revelaciones en un libro, habían prescrito los presumibles delitos electorales relacionados al caso Odebrecht.

En honor a la verdad, lo echaron de manera incómoda. El encargado de la PGR, Alberto Elías Beltrán, lo acusó de violar el Código de Conducta de la institución. A partir de ahí se le vio acercarse a los panistas hasta que finalmente Marcelo Ebrard lo incorporó al círculo íntimo de Andrés Manuel López Obrador como “experto electoral”. Desde entonces se convirtió en el arma de mayor letalidad de la 4T, si se quiere aún más que Alejandro Gertz Manero, si creemos en la pretendida autonomía del fiscal general de la República.

Hoy, con su rifle sanitario al hombro, Nieto es el personaje imprescindible de López Obrador para mantener a la clase política sometida. No hay quien, con cierto pasado, se atreva a sacar la cara, levantar la mano o abrir la boca porque sabe que Unidad de Inteligencia Financiera está alerta.

Dicho de otra manera, lo que Andrés Manuel no ganó en las urnas, se lo ha dado Santiago Nieto. Un caso emblemático es el lugar que desalojó Eduardo Medina Mora en la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la docilidad de la oposición en el Congreso, en especial la priista.

Pero el año se escurre entre los dedos del gran inquisidor de la 4T sigue sin datos probatorios de la supuesta corrupción de Peña Nieto.

Si los tuviera, sería su presa mayor. O quizás los esté guardando para el momento que más los necesite su jefe o para cuando él decida que llegó su tiempo de implantar la moralidad desde la cúspide del poder, en 2024.

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...