‘Sangre’ en la prensa árabe

Democracia sufre los más duros embates; de gran expansión padecimiento mundial

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Jamal Khashoggi. Trágico final

En la embajada de Arabia Saudita en Estambul, Turquía, desapareció… fue asesinado el periodista saudí Jamal Khashoggi que publicaba sus artículos en The Washington Post. Acudía ese día a la representación diplomática de su país en Turquía para cumplir un trámite de estancia, cuando fue sometido en el interior, ultimado y probablemente descuartizado para desaparecerlo en una forma clandestina como las que abundan en México. El hipócrita de Donald Trump, cuando todavía no se sabía lo ocurrido y jamás se imaginaba lo que en verdad sucedió, había mandado en su Twitter el mensaje de protesta contra el ataque a un periodista como si él no fuera el primer enemigo de la libertad de prensa en su país.

Al cabo de los días se fue sabiendo en nuestro país, quién era Khashoggi y por qué era un hombre incómodo para el príncipe Mohámed- Bin Salmán en Riad, en cuya embajada decidió ordenar que lo liquidaran. El Post no había publicado su último artículo enviado a la sección de opinión, porque se tenían esperanzas de que apareciera vivo y sólo hubiera sido objeto de agresión pasajera. Al saberse el trágico final, el periódico en el que colaboraba semanalmente y que había empezado a publicar sus artículos traducidos también al árabe para la población de este origen radicada en Estados Unidos, revelaba en esa colaboración la posición crítica al régimen saudita que intitulaba: “Lo que más necesita el mundo árabe es libertad de expresión”.


El artículo es por demás sustancioso cuando consigna: “En el mundo árabe sólo hay un país que haya sido clasificado como LIBRE. Esa nación es Túnez; Jordania, Marruecos y Kuwait ocupan la segunda posición, con la clasificación de PARCIALMENTE LIBRES. El resto de los países del mundo árabe se llenó de esperanza durante la primavera del 2011. Periodistas, académicos y la población estaban llenos de ilusión por una sociedad árabe libre en sus respectivos países. Esperaban emanciparse de la hegemonía de sus gobiernos y de la constante censura e intervención en la información. Las expectativas se rompieron pronto, esas sociedades volvieron a su antiguo statu quo o se enfrentaron a condiciones incluso más duras que antes”

El príncipe Mohámed de Arabia Saudita, mantiene un aparato de relaciones públicas y de refinados mecanismos de soborno para las principales potencias de Occidente pero, especialmente funcional para los republicanos de Estados Unidos. En la famosa Primavera Árabe de 2011 presumieron al mundo un cambio avanzado de régimen que se abriría al respeto de los Derechos Humanos en una sociedad reacia a ello. Por abajo del agua, con los más sucios subterfugios y asociados con los Emiratos Árabes, entraron a Yemen también con la colaboración de EU para prolongar una guerra civil que ha costado los peores sufrimientos imaginados por el hombre. La enfermedad, la violencia y las obligadas emigraciones masivas e interminables filas esperando una dotación de alimento de las organizaciones internacionales con los niños en los huesos, famélicos, cargados por una madre en iguales condiciones.

El poderío económico de Arabia Saudita con el petróleo ligero a flor de tierra, los ha llevado no sólo a ser el mejor cliente de armas de los países de Europa y América del Norte, sino también, por su mayor destreza y experiencia en el arte para seducir y comprar a los políticos y a los potentados, incluso asociándolos en negocios fantásticos, petroleros y turísticos, donde ellos aportan el capital y, a cambio, les otorgan las visas especiales de inversionistas para ingresar y salir de Estados Unidos. Así fueron las que concedió George W. Bush a “los recomendados”, con las que logró cruzar Bin Laden a los pilotos que se entrenarían en la escuela de aeronáutica para desviar los vuelos contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre. Todo fue posible cuando todavía gozaba de la simpatía norteamericana como miembro de la familia real saudita a la que pertenecía. Se separó posteriormente, asqueado de la doble cara y triple vida, de sus integrantes.

Con todo y estos antecedentes, la nueva complicidad norteamericana es Donald Trump y su familia, que han estrechado relaciones con el pretexto de la colaboración de Riad contra el Estado Islámico, como antes les vendió su oposición a Al Qaeda. Las inversiones de los sauditas en Estados Unidos están aseguradas, financian el conjunto de empresas del consorcio inmobiliario Trump en el mundo y además, le administran la egolatría invitándolo con su esposa Melania a la inauguración del Centro antiextremista en Riad, al lado del Presidente Abdelfatah Al-Sisi de Egipto, todos la esfera Luminosa en una fastuosa ceremonia.

Sangre y dolor en la Prensa Árabe. Crimen de Estado en sede diplomática. Encubrimiento de Estados Unidos. Sólo Alemania inmediatamente, suspendió la venta de armas a Mohámed. La falsedad del Príncipe Saudita que permite la liberación de las mujeres para que puedan manejar automóviles, mientras persigue a los críticos que incluso, habían reconocido algunos avances aunque fueran sólo apariencias. Los manda descuartizar cuando descubren el fondo y se vuelven peligrosos. Padecimiento mundial de gran expansión. ¡La Democracia sufre los más duros embates!

 

 

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