Sacerdotes entonados con delincuentes y ‘narcomantas’ en la CDMX

El crimen de dos curas en Guerrero: Del “no nos dejes caer en tentación” al qué “hábitos tomar”

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Apenas escribía sobre lo cercano que están (o que hemos hecho que estén) el cielo y el infierno, a propósito del cambio de báculo de Norberto Rivera a Carlos Aguiar como Arzobispo Primado de México y el crimen de dos sacerdotes en Taxco, Guerrero, el mismo día.

Resaltaba también el tono duro, aunque con diferentes matices, de los dos jerarcas católicos mexicanos, porque hay una parte de la sociedad mexicana, una parte del territorio mexicano, que parece estar “a la mano de Dios”.

Contrario a lo que la propia oración cristiana expresa “no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal…”, la atracción de lo mundano es mucha, y si quienes tienen el ejercicio mental para resistirlo caen, qué puede esperarse de un irreverente o alejado de la devoción. Como dijera ayer Gerardo Fernández Noroña, que se sinceró, “me gusta la buena vida y soy de izquierda”.

Algo así pegó a la Iglesia en donde más le duele con la revelación ayer de que los dos curas asesinados en la carretera Taxco-Iguala regresaban de un convivio retrasado por el día de “La Candelaria” organizado en la tan ensalzada y recordada comunidad de Juliantla.

La pachanga tenía un agravante: A la tamalada fueron convocados integrantes de presuntos grupos delictivos de al menos tres estados, Guerrero, Morelos y Estado de México. Es decir, “buena vida” había de sobra.

De andar en malos pasos (al menos como compañía) no excusaría a los curas Germaín Muñiz García e Iván Añorve Jaimes ni siquiera bajo el supuesto de que para vencer al mal debes conocerlo hasta sus entrañas.

Y ni siquiera juzgar sus actitudes que pueden o no ser precisas o como todos lo imaginamos, pero entonces cómo entender el galimatías que solo favorece a los grupos criminales.

Que de sobra está narrar todos los hechos en un solo día, no por abrumadores, sino por inéditos.

Cómo desatender, por ejemplo, la advertencia del propio crimen organizado en la Ciudad de México después de colocar mantas en vías tan públicas y supuestamente tan vigiladas como el Periférico, en donde anuncia su llegada a la Capital mexicana, así pasen, retan, sobre autoridades locales o federales, si las corporaciones policiacas demoraron una semana en localizar a un joven de 17 años, detenido dos veces, y localizado golpeado y con problemas mentales, y no gracias a sus aptitudes, sino a las bondades de las redes sociales.

Los casos son de miedo.

¿Con qué ojos mirarán ahora los fieles a sus párrocos (en esas comunidades) durante la misa, aun cuando no por unos deben llevarla todos?

La feligresía perdona todo. No sé si lo entienda, pero lo perdona. Así ocurre con el gran problema de la Iglesia Católica en el mundo con los casos documentados de pederastia.

El caso de Germaín e Iván solo ratifica a Iglesia como una institución no ajena, y no solo en opinión, a los problemas tan terrenales como los que a veces pretende rehuir en el papel de orientadora de conciencias, sino inmersa en ellos.

Algo debió enseñarnos el episodio aquel de los 90, cuando se supo que el primer Nuncio apostólico en México, Girolamo Prigione, recibió en la nunciatura a los hermanos Arellano Félix. Controvertido hasta el final, pues también se le señala como uno de los principales encubridores de Marcial Maciel.

Ayer, el giro que dio el crimen de Taxco elevó el nivel de la información. Pasó de nota roja a tema de recapacitación. Germaín e Iván convivían con grupos delictivos.

Los políticos, que en campaña todo lo que les caiga es bueno, no esperaron. Sus opiniones, sin embargo, fueron más allá. El tono comenzó a ser desesperante.

José Antonio Meade, precandidato presidencial del PRI, habló de “violencia selectiva”. La connotación es nueva.

“Tenemos una violencia selectiva en perjuicio de defensores de derechos humanos; una violencia selectiva en perjuicio de comunicadores, y una violencia selectiva en perjuicio de políticos”.
Andrés Manuel López Obrador lanzó un “hay que intervenir de inmediato”.

Sin embargo, probablemente al conocer que los jóvenes sacerdotes se divertían de “motu proprio” con quienes ya conocían bien debió reparar en las críticas al Secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos por recibir un reconocimiento en una universidad de Chiapas.
“Me preocupó mucho, mucho, enterarme hoy del asesinato de dos sacerdotes en Guerrero, eso no puede seguir sucediendo en nuestro País.

“¿Qué tiene que estar el Secretario de la Defensa recibiendo un premio de la Universidad de Chiapas? Eso es politiquería… que haga su trabajo”.

Faltaba nada más que ahora Cienfuegos además de encabezar la Secretaría de la Defensa debiera organizar seminarios para encausar a sacerdotes por el buen camino.

Pero quien no dijo ni pío sobre el “narco-aviso” en Periférico fue el Jefe de Gobierno, Miguel Mancera.

Unos avisan, otros participan y muchos callan en un asunto que es de todos.

Pero lo dicho, ¿qué hábitos tomar?..

 

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