Robespierre en el Senado

Rosario Robles se equivoca si cree que Ricardo Monreal, coordinador de Morena, la tratará con clemencia

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Ricardo Monreal afila la guillotina.

Hasta que un juez determine si Rosario Robles robó, desvió o desapareció los cientos de millones de pesos consignados en el reportaje de Reforma, será posible emitir una opinión. Por ahora sólo es posible decir que está sepultada en sospechas y que para salvar la cabeza no le bastará exigir que la esculquen ni exculparse alegando que no encontrarán pruebas en su contra porque no existen.


Por lo pronto, debería rescatar de sus lecturas juveniles la espléndida biografía que Stefan Zweig hizo de Fouché, al que llamó “el genio tenebroso”. En sus páginas encontrará cómo fue que don Joseph salvó el cuello y puso bajo la hoja afilada de la guillotina el de su odiado enemigo, Robespierre, que pretendía decapitarlo.

Aunque, en esta ocasión, es casi imposible que pudiera ella moverse entre los senadores para conseguir que otro, y no ella, sea el ejecutado.

La comparecencia de la titular de Sedatu en la Cámara de Senadores será histórica porque la izquierda, sea hoy Morena o PRD, tendrá pretexto para cobrar viejos agravios a quien abrió el camino a Andrés Manuel López Obrador para que se convirtiera en jefe de Gobierno de la Ciudad de México e iniciara su largo periplo hacia la Presidencia, pero que, a la vez, es identificada como partícipe en el primero de los grandes obstáculos que tuvo que enfrentar el ahora presidente electo.

Dicho de otra manera, se trata, sí, de castigar corrupción, como dice la Auditoría Superior de la Federación que hubo, pero también de una venganza largamente aplazada.

Ya no importan las razones por las que René Bejarano, que fue coordinador de la campaña de Andrés Manuel a jefe de Gobierno y su secretario particular, se echó a la bolsa, y al maletín, los billetes y las ligas que le dio Carlos Ahumada, el gran amor de la señora Robles; lo único interesante, por ahora, es que el video con que Ahumada registró la escena fue utilizado, en Televisa, para golpear en los bajos a López Obrador en su primer intento de ser presidente.

Quizás en este episodio se base el uso que hará la bancada de Morena del documentado reportaje de Reforma sobre el desvío de mil 900 millones de pesos, y el saqueo de otros 700, durante la gestión de Rosario en Desarrollo Social y en la Sedatu.

Por lo pronto, Monreal, en su papel de Robespierre, creará una comisión especial que investigará qué ocurrió con ese dinero.

Robles se equivoca si cree que el coordinador de los senadores de Morena la tratará con clemencia; tampoco podrá esperar ayuda de la exigua bancada del PRI. Lo más que podrá decir Miguel Osorio Chong es que prueben, sin lugar a dudas, si se benefició o incurrió en omisión, es decir, que lo que dice la ASF ocurrió sin que ella se enterara, lo cual, por cierto, también implica responsabilidad.

La tiene difícil la señora Robles porque los ex perredistas convertidos hoy en morenistas no olvidan que ella, que fue jefa de su partido, participó en una conspiración contra el ahora presidente electo y, de paso, sirvió a una administración priísta en la que ocurrió lo que dicen que ocurrió.

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