Riesgos excesivos de López Obrador en San Luis Potosí; ‘provocadores’, insiste en llamarlos el presidente

Ebrard y Pompeo, blanco de Muñoz Ledo

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Pocas escenas han dado tantas vueltas en redes sociales como la pernocta de Andrés Manuel López Obrador, el viernes, en Ciudad Valles, San Luis Potosí, con el reclamo de ciudadanos por apoyos prometidos.

El presidente montó en cólera visiblemente cansado por un largo día que suele iniciar con el alba. Exigió a los huelguistas de la Dirección de Agua Potable y Alcantarillado (DAPA) que lo dejaran descansar; los llamó “provocadores” y “enviados a presionarlo”, y, en ese momento, los potosinos aumentaron decibeles, y el Ejecutivo también.

“Yo no merezco ese trato; no hay acuerdos… no me dejo intimidar… déjenme descansar; desde muy temprano estoy trabajando por el pueblo; tengo derecho a descansar, aunque los hayan mandado a provocarme”, reclamó Andrés Manuel y los invitó a retirarse, sin embargo, los potosinos insistían en ser escuchados con sus demandas, en escenas que por momentos resultaron ríspidas.

Las reacciones se polarizaron al puro estilo de Palacio Nacional, mientras Juan Carlos Romero Hicks retuiteó un video de Literal México con las escenas: “El presidente se niega a escuchar pero ¡ah cómo regaña..! No entiende que la población está inconforme y que no es un complot, es la realidad que lo está alcanzando”.

En el otro extremo escribió Epigmenio Ibarra: “Tenemos un Presidente que no tiene miedo a andar entre la gente como Peje en el agua. Al que no encapsula y protege el Estado Mayor y que habla con valentía y contundencia a los provocadores, yo me siento orgulloso de él!”. Tanto gustó en ese frente que lo retuiteó Tatiana Clouthier Carrillo.

Al día siguiente, todavía en el estado de Juan Manuel Carreras López, en un evento insistió en llamar provocadores a los reclamantes y los ánimos presidenciales permanecían crispados; aseguró que los demandantes, además de meterse al hotel, se querían meter a su habitación: “Les dije aquí estoy; no traigo guardaespaldas”.

Ya en el aeropuerto del municipio Tamuín, en la Huasteca, el presidente no quiso recibir peticiones de grupos de campesinos y ganaderos con carpetas informativas pese a que tuvieron que caminar por más de tres kilómetros, a 38 grados para verlo, invitados por la alcaldesa Grecia Sánchez González.

Dentro de poco -si no es que ya lo hizo-, López Obrador desbancará a Felipe Calderón Hinojosa, quien se autocalificaba “de mecha corta”. Las escenas pueden ser anecdóticas, pero es evidente la exposición del presidente a situaciones peligrosas; aun cuando confíe en el “pueblo bueno”, la temeridad es excesiva.

EBRARD Y POMPEO, BLANCO DE MUÑOZ LEDO
A ver qué dice este lunes el presidente de la Comisión Permanente del Congreso y de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo. Por su historial crítico en el tema, nada bien tomará la confirmación del acuerdo migratorio entre Marcelo Ebrard Casaubón y Mike Pompeo, Secretario de Estado de la Unión Americana.

Sin pelos en la lengua, Porfirio dinamita cualquier posición del gobierno de Andrés Manuel López Obrador en materia de contención del flujo migratorio, y menos encapsularlos en México como un tercer país, aun cuando el canciller mexicano y su homólogo dicen que no es necesario firmar un acuerdo en ese sentido.

Lo cierto es que apenas va a la mitad del periodo de monitoreo impuesto por Donald Trump; faltan 45 días en pleno verano, donde se incrementan los flujos migratorios, y el homólogo de Muñoz Ledo en el Senado, Martí Batres Guadarrama, guarda total silencio.

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