Refugiados y expulsados

Falta de empleo digno lo que obliga a la mayoría de los indocumentados mexicanos a salir del país

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Lastre política migratoria de Felipe Calderón

Parecía “la mera verdad” Peña Nieto cuando, en la Cumbre de Refugiados de las Naciones Unidas en Nueva York, habló de la grave responsabilidad de las naciones del mundo para comprender y proteger a quienes huyen de sus países por el hambre, la violencia y la antidemocracia de sus gobiernos. Peña había recibido el Premio al Estadista (Statesman Award) 2016 de la Asociación de Política Exterior (Foreing Policy Associaton) reconociéndolo como “estadista invitado de honor experto en temas de migración y refugiados”. Ya antes, hace dos años el “Times” le había dado la foto de la portada para ensalzarlo como “el Salvador de México”. Estamos ciertos que los premios y las notas en las revistas se pueden comprar, pero lo que no se debe tolerar es que, sin el menor recato, se pueda hablar a nombre de México de tantas falsedades y mentiras de nuestra realidad.

La ONU, y la Agencia para Refugiados (ACNUR) que por primera vez, después de 71 años, puede organizar una cumbre dedicada exclusivamente a refugiados, recibe una ofensa y burla a su alta misión, escuchando al presidente de un país que va a decir una sarta de mentiras y a exhibir la hipocresía de un gobierno en relación con el tratamiento que en México se da a los refugiados que vienen de Centroamérica y, oculta, la cifra de los refugiados que dentro del país, son desplazados de sus pueblos por la violencia abierta e institucional o por la pobreza y desamparo, teniendo que buscar refugio en otro estado para sobrevivir. Para los que vienen del exterior de paso a Estados Unidos nuestro país es la extorsión, el robo, la tortura y hasta el asesinato masivo. Para los propios mexicanos en su tierra, es una despiadada marcha forzada al vacío.

Peña Nieto tuvo la mejor oportunidad de rectificar la política migratoria de su antecesor Felipe Calderón que con la Iniciativa Mérida, acordó con Bush sacar al Ejército dizque para atacar al narcotráfico cuando, su más vergonzosa comisión fue perseguir a los migrantes centroamericanos que se atrevían a cruzar por el país para llegar al norte. La Subsecretaría de Gobernación en materia migratoria se convirtió en la cueva de “Alí Babá” que concesionaba las delegaciones en los estados próximos a las fronteras para exaccionar a los pobres migrantes. También fue tolerada la delincuencia que a la sombra de esa protección secuestraba al viajero y le pedía rescate a la familia. Proliferaron las cadenas “de polleros” que cobraban cantidades exorbitantes a los que quieran alcanzar del Suchiate al Río Bravo aunque nunca les garantizaban la vida en el trayecto.

En Saltillo “La Posada Belén” del Padre Pedro Pantoja; en Oaxaca “La Casa del Migrante” del Padre Alejandro Solalinde y muchos albergues más de mexicanos de nobles sentimientos, tienen que enfrentarse a los policías federales, locales, soldados y toda clase de alimañas que buscaban a los “sin papeles” para repatriarlos o cobrarles la cuota  “de estancia” por una semana o dos, para seguir su camino a otro estado fuera de su alcance. El criminal negocio se hacía con Calderón, como se hace hoy con Peña a la luz del día y, a ciencia y paciencia de las autoridades de todos los niveles y de todas las corporaciones. Es una corrupción campante  que no era, ni es, combatida por nadie, porque arriba está peor.

En la Cumbre de Refugiados Peña agradece a Obama ahí presente su supuesta disponibilidad o esfuerzo en la causa de la ACNUR que más suena a desagravio por su servilismo con Trump, que a una sincera muestra de respeto por lo que al menos a nivel de buenas intenciones puede acreditarse al presidente norteamericano para distanciarse de los republicanos (“no más muros”). El gringo no correspondió al mexicano regresándole el agradecimiento porque Peña como Calderón han cumplido al grado de excelencia su papel de garita o filtro para detener el acceso de migrantes mesoamericanos a su destino en “el sueño americano” ya regresándolos, ya propagando la noticia para quien quiera arriesgarse, que pasar por México es prácticamente imposible aún con la tortura de subirse a la “Bestia”.

Las cifras que soltó Peña de migrantes refugiados y asilados parecen salidas de la información del Departamento de Estado en Washington  porque todas son estadísticas que ellos llevan y pueden desagregarlas de los mexicanos, que van como refugiados a Estados Unidos porque en su patria no hay oportunidades y la violencia hace imposible la vida en familia en cada vez más sitios en el país. Ahí también calló Peña porque como siempre, se condesciende con los vecinos del norte con ignorancia o amnesia, de cuáles son las verdaderas e históricas fronteras de México con la Unión Americana.

Fox rebajó la expulsión de nacionales al norte, como una petición de conveniencia mutua cuando, lo que obliga a la mayoría de los indocumentados mexicanos a salir del país, es precisamente la falta de empleo digno en su patria lo cual, desde entonces hasta ahora, con un dólar arriba de 20 pesos y un salario diario de cuatro dólares, hace poco menos que imposible no buscar otros horizontes.

 

 

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