Reelección presidencial, carta al pueblo de México

Las lecciones de la historia siempre olvidadas

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Como parte de la cuarta transformación, el Presidente López Obrador ha propuesto la figura constitucional de la revocación de mandato. Sus adversarios advierten que es el primer síntoma de los intentos de reelección desde el momento en que va a aparecer en la boleta electoral de la elección intermedia de 2021.
Para contrarrestar esas especulaciones, Andrés Manuel, en términos poco comedidos y ofensivos, ha dirigido una carta al pueblo de México en la que asegura ser un hombre de palabra y sin la menor intención de reelegirse. Llama hipócritas y conservadores a sus críticos como si el conservadurismo fuera un defecto de la política.
El respeto a las ideas políticas y la no descalificación a la disidencia son fundamentales en una democracia liberal y representativa. Son, en esencia, esa diversidad de ideas y de debate cotidiano entre las diversas fuerzas políticas las que posibilitan el avance de la libertad, la justicia y del progreso intelectual en beneficio del pueblo. Combatir el conservadurismo y sus defensores lleva al avance y la renovación, pero sin descalificaciones a priori. Bienvenida sea entonces la crítica y la disidencia.
No aceptarla es caer, otra vez, en el error de la era priísta, cuando, en 1987, todo el aparato de Estado se fue en contra de Cuauhtémoc Cárdenas y su grupo disidente. En ese momento, el gobierno de Miguel de la Madrid descalificaba todo cuanto se oponía a la fuerza y sobrevivencia del PRI. Los malos eran los del Frente Democrático Nacional y los del PRD, y los buenos los promotores del statu quo, vencidos, finalmente, después de 30 años de tenaz resistencia.
Ciertamente, la revocación de mandato mueve a sospechas y especulaciones sobre todo porque el Presidente de la República va a aparecer en la boleta electoral con la única intención de apuntalar a los débiles candidatos de Morena en la elección del 2021.
La doble intención está a la vista. Que el pueblo decida si Andrés Manuel continúa o no en la Presidencia. Si dice que no (el pueblo) ¿abdicará del Poder Ejecutivo y se irá a la chingada? o buscará una justificación para continuar en el poder.
Si gana la propuesta de que continúe como Presidente tendrá la inmejorable oportunidad de demostrar y probar que el electorado es el promotor de su candidatura en el 2024. Así lo ha dejado entrever en la carta que dirigió al pueblo de México cuando se define como maderista y partidario del “Sufragio Efectivo. No Reelección”, pero, con una salvedad, apoyado en la Constitución.
Diría el Presidente López Obrador en su carta al Pueblo de México: “Fui elegido por un sexenio, pero hay un artículo en la Constitución (el 39) en donde se faculta al Pueblo para modificar la forma de su gobierno, es decir, el pueblo pone y el pueblo quita”. Aunque es una interpretación errónea del texto constitucional, se advierte la intención reeleccionista, previa reforma al artículo 83 de la Carta Magna, para saltar la prohibición de que quien haya sido Presidente de la República en ningún caso, y por ningún motivo, puede volver a ocupar ese cargo.
Sólo que para quien después de un sexenio pretenda repetir vale la pena repasar las lecciones de la historia. La “No Reelección”, proscrita por el artículo 83 Constitucional, encierra casi 200 años de la historia de México. Ahí se encuentran las 11 presidencias de López de Santa Anna, los 15 años de Juárez y la prolongada dictadura porfirista que llevaron a los constituyentes de 1917 a la prohibición de la reelección presidencial. La Constitución de 1824 estableció un veto relativo a la reelección al permitirla después de pasado un periodo de gobierno. La de 1857 fue omisa en cuanto a la prohibición de la reelección, por lo que puede interpretarse que la admitió en forma absoluta. Bajo ésta Constitución gobernó Juárez, y sólo porque murió en 1872, su abdicación a la Presidencia se dio desde el ataúd.
Furibundo antirreeleccionista, el general Porfirio Díaz se opuso a los gobiernos de Benito Juárez y de Sebastián Lerdo de Tejada con el Plan de la Noria y el Plan de Tuxtepec. Como presidente (ya) elevó a rango constitucional la “No Reelección” en 1878. Diría en aquellos años el héroe de la batalla del 5 de mayo en Puebla: “Que ningún ciudadano se imponga y se perpetúe en el poder, y esta será la última revolución”. Apenas en 1887 faltaba a su palabra para proponer, primero, la reelección por un periodo, y después indefinidamente.
Tenía razón el conspicuo dictador. Su prolongada presidencia, el envejecimiento del sistema político, los enfrentamientos entre la élite porfirista, el incumplimiento de Díaz de no volver a postularse en 1908, el fraude cometido en las elecciones presidenciales de 1910 y la anulación de la libertad y la democracia habrían sido suficientes para la Revolución de 1910. Sus palabras fueron proféticas, pero tarde aprendió las lecciones de la historia.
Los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles tampoco aprendieron de la historia. Distinguidos revolucionarios, pelearon al lado de Madero y Carranza bajo el principio esgrimido por el mártir de la democracia: “Sufragio Efectivo. No Reelección”. Pronto olvidaron que no debían olvidarse que la Revolución de Ayutla de 1854 fue para deponer y desterrar, en definitiva, a su alteza serenísima Antonio López de Santa Anna.
El general Álvaro Obregón fue presidente de 1920 a 1924, y don Plutarco de 1924 a 1928. Próxima la sucesión presidencial de 1928, Obregón, con todo el poder militar y popular líder político, se engolosinó con el poder y quiso repetir presidencia y periodo. Para lograrlo patrocinó la reforma constitucional de 1927, con la que se permitía su vuelta a la presidencia, por una sola vez, pasado un periodo, y con la prohibición estricta de la reelección para una segunda vez. No contento, don Álvaro logró una reforma más para prohibir la reelección sólo para el periodo inmediato, con lo que dejaba abierta la posibilidad de reelegirse indefinidamente, y ahora bajo periodos sexenales. Lo misma trampa, el mismo trayecto seguido por don Porfirio Díaz para perpetuarse como presidente con similares funestos resultados: Demasiada sangre para mantenerse en el poder en beneficio de un solo hombre.
Apenas presidente electo, el 17 de julio de 1928, Álvaro Obregón pagó con su vida el olvido de las lecciones de la historia de la que fue actor principal. Plutarco Elías Calles terminaba su presidencia y no podía volver a ocuparla inmediatamente, sino que seguramente habría olvidado a Juárez, Santa Anna, Porfirio Díaz y al reciente asesinado Álvaro Obregón. Sin embargo, ello no fue óbice para pretender perpetuarse como “Jefe Máximo” de la Revolución entre 1928 y 1936. Igual que Porfirio Díaz, terminó en el exilio por atentar contra el sentido de la historia.
Así, si la revocación de mandato lleva intenciones reeleccionistas es necesario proceder a su revocación sobre todo porque está prevista en los regímenes más antidemocráticos de América Latina: Venezuela, con el infame Nicolás Maduro, producto de un escandaloso fraude electoral. Bolivia, en la que Evo Morales va por su cuarto periodo presidencial, a pesar de haber perdido la consulta para su nueva postulación. Y Ecuador con Rafael Correa, reelecto para un segundo mandato. Esas son las lecciones de la historia olvidadas. Ampliaremos…

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