Recuperar la confianza a punta de ‘sombrerazos’

No son los 300 de Leónidas, pero sí los 37 de Meade… y otros que ‘simpatizan’ con él, en busca del ‘hat-trick’…

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Después de tanta reverencia al respetable, es decir, a la ciudadanía, de parte de José Antonio Meade (y su equipo, incluyendo partido y gobierno), tendrá que venir un golpe de timón durante el periodo de campaña para buscar voltear los números de las encuestas y acercarse un poco, o rebasar, a sus competidores.

El panorama está pintadito para que el candidato del PRI haga un “hat-trick”.

Mientras Andrés Manuel López Obrador ofrece a empresarios, no con mucha suerte, el liderazgo de Alfonso Romo para certificarlo como su posible Jefe de Gabinete, aunque ya comienzan a sacarle recuerditos, y a vender el oficio de Napoleón Gómez Urrutia, con bastantes reservas de quienes lo escuchan; a Ricardo Anaya no le va muy bien con su nave queretana vendida al 500 por ciento, y, según el SAT, mediante una empresa “fantasma”, y los independientes apenas se acomodan el cinturón, el aspirante priísta muestra, en un lapso de una semana, otra parte de su equipo.

Decía que Meade, además de nombres, deberá aportar acciones porque a quienes quedó a deber el PRI-Gobierno -aunque muchas obras materiales se estén cumpliendo, y otras no tanto, en donde falló la ética o la reacción expedita- no les dice mucho un montón de nombres, así sean reconocidos por su labor y experiencia, como la mayoría de quienes coordinarán las cinco circunscripciones y el proceso de candidatos al Senado (Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes, Mariano González Zarur, René Juárez, Carolina Viggiano y Miguel Osorio), o algo más que la mitad de los presentados ayer, que se encargarán del resto de actividades, en ambos casos con foto de por medio (algunos ya conocidos, como Aurelio Nuño, Eruviel Ávila, Humberto Roque Villanueva, Claudia Ruiz Massieu; otros medianamente, José Ramón Martel, Vanessa Rubio, Alejandra Sota y Alejandra Lagunes).

“Con estos hombres y mujeres rebasaremos propuestas populistas, falta de experiencia y fortunas inexplicables, para darle a México el futuro que merece y espera. ¡Vamos a ganar!”, dijo ayer, muy convencido, el propio Meade. Que él se convenza no vale mucho; sí que logre convencer a los electores.

A poco más de un mes de que inicie la batalla final, la real campaña, el tiempo es suficiente hasta para hacer rounds de sombra.

Sobre sus adversarios, Meade tiene una ventaja. Está prácticamente al margen, por no decir que totalmente, de cualquier trapito al sol, a diferencia de episodios y propuestas de Andrés Manuel y malabarismos de Anaya.

Lo han raspado con lo del “gasolinazo” y las presuntas irregularidades que más tendrían que ver con Rosario Robles.

Atrás, sin embargo, tiene la sombra del PRI, de gobernadores sinvergüenzas, de presuntas irregularidades administrativas de parte de sus colaboradores.

Y eso es lo que debe diluir Meade. Los “sombrerazos” son la parte más raquítica. El “te saludo con mi promesa de honorabilidad” es parte de lo mismo que ha culminado con el hartazgo de la gente. De buenas promesas, la sociedad está hasta el gorro.

Sobre el “hat-trick” que pudiera lograr Meade está otro, el que se combina con lo que hagan él y su equipo, con el que ya avanza el Gobierno federal sin interferir en el proceso electoral -machacar sobre las obras y remarcar los logros en el sexenio, que los hay, o el que viene en marzo, sobre un posible incremento, histórico, al Salario Mínimo-, y la parte que le corresponde al partido y sus sectores.

De estos últimos, el que más se mueve es el Popular, encabezado por el senador con licencia Arturo Zamora, quien, por cierto, ayer adelantó el reconocimiento que se hará a la CNOP mañana, en la conmemoración de sus 75 años, principalmente, por su cercanía con la gente de a pie, la tropa; la clase media baja y baja.

Los tres meses de campaña podrían ser toda una caja de sorpresas inesperadas para algunos, pero sobre todo para quienes creen que la película va a terminar como inició.

¿Hasta dónde han reservado sus “balas” los candidatos? ¿Qué más podrá proponer López Obrador que supere las sorpresas inauditas de hasta ahora? ¿Qué más podrá decir Anaya que su petrificada frase de “porque el PRI se tiene que ir”?

No son los 300 de Leónidas; son 37, y algunos más que “simpatizan” con él. Esa es la carrillera de Meade, pero falta que la pólvora no esté mojada porque merecer la venia popular cuesta.

 

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