¿Quién quiere sacar a Nuño del corazón de Peña Nieto?

Indudable que uno de los tantos inquilinos de la residencia oficial de Los Pinos está decidido a hacerlo

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Cuentan que si el Presidente Peña Nieto decide la sucesión priísta de 2018 con el corazón, Aurelio Nuño será el candidato. Ignoro si es cierto o no, pero es indudable que uno de los tantos inquilinos de Los Pinos está decidido a sacarlo.

De ser cierta la versión de que el fiasco del rescate en los escombros de lo que fue el Colegio “Enrique Rébsamen” de la niña que nunca existió es autoría del secretario de Educación y que, además, estaba al mando de los almirantes de la Marina, Nuño estaría fuera de la competencia.

Era irremediable que a uno o más de los aspirantes al 2018 del gabinete del Presidente Peña Nieto destapados por Emilio Gamboa el 24 de agosto pasado intenten sepultarlos bajo los escombros causados por el sismo del martes 19 o en la reconstrucción.

Lo ocurrido ayer me recuerda el 19 de septiembre de 1993, cuando fui invitado a platicar en Los Pinos. Querían saber quién me escribía las columnas sobre Manuel Camacho. La justificación para revelar mis “fuentes” fue que los presidenciables se estaban golpeando entre sí y, en consecuencia, enturbiaban la sucesión.

En esas estamos ahora.

El colega Salvador García Soto, que suele publicar información proveniente de “fuentes” cercanas a Los Pinos, por cierto, nunca  desmentidas formalmente, señaló ayer al secretario de Educación Pública como autor del personaje del reality show de Televisa y la Marina, Frida Sofía, que mantuvo en vilo al país por más de 30 horas, hasta que se descubrió que nunca existió; también de la decisión de “matarla” para culpar a los medios de comunicación de la información que dieron las autoridades.

Nuño no sólo habría empinado a la Marina, sino que engañó a las televisoras, periódicos y portales electrónicos.

La tesis es en el sentido de que Nuño estuvo al mando todo el tiempo en la zona de desastre del colegio Rébsamen y que desapareció con su equipo a partir del momento en que los almirantes José Luis Vergara y Ángel Enrique Sarmiento, oficial mayor y subsecretario de Marina, respectivamente, reconocieron la inexistencia de la niña atrapada, que fueron engañados por los rescatistas y entraron en contradicciones.

La conclusión es que a partir de que la Marina reconoció su culpa en la invención de Frida Sofía, y los periodistas de Televisa escurrieron el bulto tras los almirantes, Nuño ha permanecido en la comodidad de la oficina que fue de José Vasconcelos sin sufrir daño alguno… hasta ahora.

Chava ha sido un impecable difusor de lo que le confían sus “fuentes” de la casona que habita Enrique Peña Nieto; incluso, los más cercanos al mandatario, quienes conviven con él casi las 24 horas del día desde los viejos tiempos de Toluca, como doña Tere Morales, Jorge Corona y Erwin Lino, suelen sorprenderse con sus revelaciones. Su informante parece saber más que ellos, incluso más que el Presidente o el jefe de su oficina, Frank Guzmán.

Así que a partir de esto no hay motivo para no creer que Aurelio tiene dotes para, una vez fuera del gobierno, poder iniciar una exitosa carrera como guionista, director o productor de telenovelas o reality shows.

Sin embargo, la versión carece de fundamento,

El vicepresidente de noticias de Televisa, Leopoldo Gómez, explicó, en su colaboración en Milenio del 26, que su impresión es que estuvimos “ante un caso de lo que en psicología (Tversky y Kahneman, Judgment under uncertainty) se conoce como sesgo de disponibilidad: La información de eventos pasados y de contextos que tenemos en nuestra memoria condiciona la interpretación de nuevas situaciones.

“En este caso, la circunstancia de estar en una escuela, y de saber que varios niños habían sido rescatados, pudo haber predispuesto a quienes realizaban las labores de búsqueda a pensar que alguien estaba atrapado; debía ser una menor. “Informes previos del rescate de Fátima, la pequeña que al parecer se había comunicado con sus familiares por WhatsApp, lo pudo haber inducido a pensar en la niña”.

Leopoldo va más lejos en su hipótesis: “Otro de los procesos mentales que posiblemente prolongó esto es el llamado sesgo de confirmación: La muy estudiada tendencia de hacer privilegiar aquella información que apoya nuestras creencias y a minimizar la que apunta en sentido contrario. Así, cuando ya se sabía que en el lugar no había padres buscando a sus hijos y que, según se confirmó después, todos los menores habían sido ubicados, algunos de los rescatistas continuaron creyendo y diciendo que ahí había una niña”.

Creo que nadie ha ofrecido una mejor explicación; la de Polo tiene el doble efecto de dejar en claro cuáles fueron las causas psicológicas que condujeron al engaño a rescatistas, almirantes y periodistas.

En los hechos irrefutables, Nuño jamás estuvo al frente de las labores de rescate. No tenía mando sobre los almirantes José Luis Vergara y Ángel Sarmiento.

Que estos se relevaban uno al otro conforme a un horario establecido.

Que Sarmiento fue el primero en hablar de la niña.

Que los almirantes han vivido enfrentados quizás en espera de, en el futuro, poder ocupar el lugar del secretario Vidal Soberón.

Que el secretario de la Marina ya los puso en orden.

Que el de Educación fue el primero en poner en duda la existencia de Frida Sofía al extrañarse de la ausencia de sus padres.

Que cotejó en las listas de la SEP, y con los padres de familia, para saber si existía o no una alumna con ese nombre.

Que el almirante Sarmiento fue la primera voz que habló de Frida.

Que en una entrevista con Lalo Salazar, de Televisa, un rescatista, Rodolfo Ruvalcaba, dijo haber hecho contacto “auditivo” con la niña (incluso ella le habría mencionado su primer nombre) después de que el equipo de la Marina detectó el calor de su cuerpo e hizo contacto “visual” a través de una cámara.

Y todavía falta por saber lo referente al rescatista Jorge, a quien se apodó “El Houston” por la chamarra que utilizaba.

Mucho de esto encuadra en la explicación psicológica de Polo Gómez, pero al final sólo queda por saber quién quiere sacar a Nuño del corazón de Peña Nieto.

Y una más: ¿Qué hacen Otto Granados y Pepe Carreño?

 

 

 

 

 

 

 

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