Que Slim compre la Presidencia…

Si los partidos quedan sin financiamiento público en el 2018 (6 mil 778 millones de pesos) requerirán de manos bondadosas. La democracia, a subasta…

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¿Quién da más?

Esa parece ser la pregunta de hoy después de los trágicos hechos que se le han acumulado a México, principalmente los sismos del 7 y 19 de septiembre, y ante la urgencia de reunir recursos económicos para los afectados.

Y hablamos de la nada módica cantidad de 38 mil millones de pesos, más lo que se agregue, como lo mencionó el Presidente Enrique Peña Nieto en la evaluación general del miércoles pasado, en la que lo acompañaron su Gabinete total, gobernadores (incluyendo a Miguel Mancera) y representantes de la iniciativa privada.

El problema es que la pregunta persiste, pero pocos se apuntan. Uno de esos actores son los partidos políticos, envueltos en una ociosa confrontación por deshacerse poco, mucho o nada de sus benditas prerrogativas.

Pero Dios los agarró en curva, aunque solitos se pusieron la soga al cuello por calcular mal su protagonismo ante un evento de las magnitudes que la naturaleza provocó en seis entidades, causando la muerte de al menos 400 personas e inhabilitando miles de casas y edificios.

El asunto de ninguna manera es para andar con vaciladas.

Claro, es más fácil pedir que dar.

En medio de los gritos de auxilio escuchados por doquier, apenas en la reunión de Los Pinos se escuchó uno, bastante endeble, de quienes pueden darlo desde su ronco pecho, el de los empresarios.

“La idea es un fideicomiso que aplique de manera privada los recursos. Que los focalice y los profundice de acuerdo a las prioridades de los censos que nos den las autoridades locales”, dijo Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial.

“Es una cifra muy grande la que estamos comprometidos a buscar. Esperemos que podamos superar los 1,500 millones de pesos”.

Y, entonces, cuando lees o escuchas eso es cuando dices “no somos nada”.

Porque, vaya, no es por recargársela a nadie, pues todo en la vida cuesta, y a muchos les ha costado esfuerzo y generaciones, pero si en momentos de apuros económicos no es el sector pudiente el que pueda vestirse de “héroe”, sencillamente no sabemos quién.

Eso sin hacer a un lado que quien tiene la obligación de hacerlo, en principio, es el Gobierno federal.

En cualquier sentido, como lo dejamos claro en nuestro editorial de IMPACTO de una línea (Purgatorio), el lamento cuadra: “Lástima que en México no tengamos un Bill Gates o un Warren Buffett”.

Estos realizados emprendedores estadounidenses, clientes frecuentes de la revista Forbes y siempre enlistados entre los hombres más ricos del mundo, han compartido parte de su fortuna, claro, mínimamente, a causas de beneficencia pública.

Vaya, si usted lo verifica en Google, el primer dato que aparece es que Gates, fundador de Microsoft, en agosto de este año donó 64 millones de acciones de su empresa, valoradas en casi 4 mil 600 millones de dólares, en apariencia, a la Fundación Bill & Melinda Gates, dedicada a obras benéficas.

O que Buffett, en julio, hizo lo suyo donando acciones de su conglomerado de inversión Berkshire Hathaway por un valor de 3 mil 170 millones de dólares para apoyar cinco fundaciones, entre ellas, precisamente, la de Bill y Melinda.

En los dos casos, el capital donado representó el 5 por ciento de la fortuna de cada uno de ellos. Para algunos un simple “pellizco”.

México sólo requiere 2,000 millones de dólares. ¿Quién da más? No. Quién o quiénes los dan.

 

EL REY MIDAS MEXICANO…

En 2014, según la revista Forbes, la fortuna acumulada de las 37 familias más ricas de México sumó 180 mil millones de dólares, un aproximado del 15 por ciento del PIB.

Entre los siempre enlistados, a veces unos arriba de otros, están Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Bailléres, Ricardo Salinas Pliego, Eva Gonda Rivera, María Asunción Aramburuzabla, Antonio del Valle, Familia Servitje, Familia González Moreno (Roberto González), Jerónimo Arango, y más.

Entre ellos, quien sistemáticamente ha ocupado la corona entre los mexicanos, inamovible, de acuerdo a la revista que año con año los enlista, es Carlos Slim, cuya fortuna, al 2016, rondaba los 55 mil millones de dólares.

El miércoles, cuando el Presidente Peña Nieto solicitó al empresariado mexicano una mesa de coordinación para canalizar los recursos que reúnan de la sociedad civil, compañías o empresarios, el dirigente del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Pablo Castañón, dijo que el sector apostaba a recaudar cerca de 1,500 millones de pesos.

En principio, la suma parece nimia y tacaña. Lo es pensando en el sector que la anuncia.

“La reconstrucción reclama una planeación articulada y cuidadosa, y una visión de largo aliento, para establecer metas”, dijo también el presidente del Consejo Mexicano de Negocios, Alejandro Ramírez Magaña.

En el mismo evento, también el dueño de América Móvil y Telcel, y varias veces calificado como el hombre más rico del mundo, expresó: “Tenemos que estar unidos, saber dónde están los problemas y saber dónde podemos colaborar juntos unidos, unas fundaciones con otras, unos fondos con otros, con gobiernos locales, con las secretarías”.

No mencionó cifra alguna sacada de su bolsillo para apoyar la reconstrucción, aunque es sabido que la mayoría de las aportaciones filantrópicas es asunto privado.

“Hay que tratar de hacerlo con eficiencia y, en muchos de los casos, no sólo reconstruir, sino tratar que las cosas queden de mejor manera… Dentro de toda la tragedia, lo que es claro es que va a haber mucho trabajo, mucho empleo”.

Hoy, el apoyo ante los efectos destructivos de los sismos requiere la fraternidad de todos los sectores. La sociedad civil ya puso, y sigue poniendo, el ejemplo.

Alguien ha cuestionado cuál ha sido el apoyo de la Iglesia Católica, por ejemplo; el mismo que planteamos de los empresarios, pero otro, el de los políticos, principalmente los partidos, se enreda en un abismo de palabrería, culpas y, sobre todo, de evasivas para no desprenderse de los pesos a los que los ha acostumbrado, dicen, el sistema democrático.

El viernes, en uno de sus últimos intentos para convencer al Frente (PAN, PRD y MC) y a Morena de desprenderse del último 25 por ciento de financiamiento público del 2017 para apoyar a los damnificados de los sismos, Enrique Ochoa Reza, líder nacional del PRI, dijo que el plazo para responder a la sociedad por parte de los partidos es el 1 de octubre, o sea, hoy.

Y, cierto, lo que aportarían los partidos, incluyendo los recursos del 2018 y la eliminación de plurinominales, como lo propone el PRI, haría una bolsa de alrededor de 20 mil millones de pesos, precisamente lo que los mexicanos se ahorran anualmente tras no pagar ya el cobro de Larga Distancia Nacional luego de la implementación de la Reforma de Telecomunicaciones.

Esos 20 mil millones de pesos son en detrimento de las ganancias de Slim y otros operadores de telefonía.

Atrás de la tragedia están, sin embargo, las acciones que no hacen estruendo, muchas de ellas, sin reparar en montos, son las que ha llevado a cabo, entre otras, la Fundación, precisamente, de Slim.

Por ejemplo, la que tuvo que señalarse  a raíz de un mal entendido con un paciente a quien debían de intervenir quirúrgicamente en la Cruz Roja para colocarle cinco clavos y siete tornillos en el fémur a causa de un derrumbe provocado por el sismo. Supuestamente le exigían 36 mil pesos.

Ni la de él, ni ninguna otra cirugía, al menos en la Cruz Roja, ha sido cobrada; todo el gasto de material y operaciones ha corrido por cuenta del empresario, y otros como Miguel Alemán.

No, Slim no ha dejado de extender la mano. Su fundación, Telmex y Telcel, apenas se hizo necesaria la ayuda, implementaron un 5 por 1. Por cada peso donado por la sociedad, el grupo aportaría 5.

Por eso mismo Slim es referente y por ser señalado, varias veces, el hombre más rico del mundo. Los montos de sus pérdidas o ganancias son “realismo mágico” para humanos comunes y corrientes.

Recordemos, México sólo requiere 2 mil millones de dólares.

Entre el 2015 y 2016, después de entrar en vigor las nuevas regulaciones a empresas de telecomunicaciones, el imperio de Slim tuvo una baja de 27 mil millones de dólares. Claro, en su baja tuvieron que ver otros aspectos, los mismos que han puesto en predicamento la economía mundial.

 

NO A LOS ‘CABALLOS DE TROYA’

Pero, a ver, si los partidos accedieran a la propuesta priísta y, con una justificación sin duda humana, pero además cumpliendo una de las sempiternas exigencias ciudadanas (no financiamiento público), dejaran de percibir la jugosa prerrogativa pública y, aunado a eso, se eliminaran las curules plurinominales, tanto de diputados como de senadores, ¿de dónde obtendrían el mayor de los recursos para subsistir?

Del empresariado, claro. Ya hasta hubo quienes despotricaron contra lo que llamaron “una idea para privatizar las campañas”.

En realidad, eso es lo que asusta a los partidos (perder 6 mil 778 millones de pesos), principalmente a los del Frente Ciudadano y a Morena, aunque no crean que el PRI no pasa saliva.

Vaya, de dónde saldría para los viajes semanales de Ricardo Anaya a Atlanta. Los de Andrés Manuel López Obrador, ahora, a Centro y Sudamérica, a Estados Unidos (antes sólo recorría México). O cómo sobreviviría la burocracia priísta. ¿Y para los gastos de la “chiquillada”?

Forzosamente tendrían que entrarle a la subasta… de la democracia.

Y, bueno, no sólo con Slim; el campo estaría abierto también a Bailléres, Larrea y quien se apunte. Tal como lo hacen muchos de nuestros prohombres ahora ante la urgencia, algunos dentro de los primeros 10 mexicanos en Forbes.

Nada sería vano. Una mano ayuda a otra mano. Quien quite y hasta la Reforma de Telecomunicaciones tenga reversa y aquellos casi 20 mil millones de pesos ahorrados por los mexicanos en Larga Distancia Nacional tengan vuelta a los bolsillos de los operadores en telefonía porque los riesgos de no contar con financiamiento público es que los partidos extiendan la mano a diestra y siniestra sin conocer la procedencia de los apoyos de sus bienhechores.

En fin, si nos enfocamos a Slim es porque tiene corazón de condominio e ideales de prosperidad. Para él, los colores no existen como barrera ideológica. Sus colores son los patrios. Su presencia con políticos ha sido variada y pública.

Por ello, a falta de financiamiento público, los partidos no harían el feo al hombre más rico del mundo, y él, con las manos en la bolsa (no la de Valores), hasta un buen pujante por la Presidencia sería, y sin ser candidato.

Sí, porque la eliminación de financiamiento público crearía libertinaje y ansiedad en los partidos políticos.

Vaya, tenemos el antecedente incluido en las “Consideraciones” del dictamen sobre la Reforma Política de 2010, específicamente en la propuesta de los senadores Manlio Fabio Beltrones y Raúl Mejía González, respecto a la nueva figura de candidatos independientes.

“De forma tal que los candidatos independientes no sean ‘caballo de Troya’ por donde se introduzcan al sistema político proyectos ajenos a su base y sentido democrático, y mucho menos para la penetración de fondos de origen ilegal en las contiendas electorales”.

Sí, sería un “ganar-ganar”. Ganaría la sociedad, hoy agobiada; ganarían el o los empresarios (porque de barbas, nada). ¿Ganarían los partidos; la democracia? Dicen que en una subasta todos ganan.

 

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