Que Rosario Robles quiere ser senadora

Innegable su derecho a ser candidata y a ocupar un escaño, pero como diría el clásico, ¿qué necesidad de convertirse en piedra de escándalo?

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Con seguridad se trata sólo de una filtración más de las muchas de moda de la temporada, pero le presto atención por la fuente, para mí irreprochable.

Sin mayor preámbulo, Rosario Robles quiere ser candidata plurinominal del PRI al Senado de la República.

Parece un despropósito, más porque ya no hay lugar para ella ni para otros en la apretada lista de los numerosos aspirantes tricolores y verdes que podrían colarse a la Cámara Alta sin preocuparse de que José Antonio Meade y el PRI pierdan o ganen la Presidencia, que por su presunta necesidad de fuero constitucional.

Como en muchos otros casos (y dejemos un poco al lado el de Ricardo Anaya que por fortuna nos dejó descansar las últimas 24 horas), mucho se ha dicho y escrito sobre su paso por la Sedesol y su actual estancia en SEDATU usando informes de la Auditoría Superior de la Federación; sin embargo, que sepamos, no se ha exhibido un dato que permita sostener la presunta comisión de actos personales de corrupción.

Si consigue su cometido, la señora Robles vendría a ser un simpatizante priísta más que desplazaría a un militante con derechos adquiridos, pero al final de cuentas se trataría de un problema menor a condición que no sea causa de más deserciones en favor de Morena.

Lo importante es que su postulación al Senado daría oportunidad a Andrés Manuel López Obrador y a los Morenos en general de igualar el marcador con el PRI, pues más allá de que no se han exhibido pruebas sobre sus supuestos actos de corrupción, ha sido acusada, juzgada y sentenciada por el habitualmente manipulado tribunal de la opinión pública.

Se trata, sin duda, de una injusticia, pero en tiempos de campaña todo sirve para crucificar y generar escándalo, y como están las cosas lo que el PRI menos necesita es obsequiar a López Obrador, Anaya y a los seguidores de ambos, la oportunidad de escandalizar con su candidatura.

La ex jefa de Gobierno del Distrito Federal sabe como nadie que nada alegraría más a sus antiguos aliados que militan en el PRD y a los que han emigrado a Morena que tenerla a tiro de vituperio.

Si en el PRI tiene enemigos, le sobran en los partidos que aún siguen presumiendo de ser la izquierda. El cobro de facturas sería de rutina, pero escandaloso y doloroso.

Innegable su derecho a ser candidata y a ocupar un escaño, pero como diría el clásico, ¿qué necesidad de convertirse en piedra de escándalo?

Su arribo al equipo de Enrique Peña Nieto fue a partir de su fama de saber ganar elecciones. A ella se debe que López Obrador llegara a jefe de Gobierno y, como dirigente nacional del PRD, casi alcanzó el 20 por ciento de la votación en elecciones federales y aumentó el número de diputados perredistas.

Sin embargo, al frente de Sedesol tuvo un tropiezo escandaloso al ser acusada de utilizar en Veracruz, en complicidad con Javier Duarte, programas asistenciales en procesos electorales.

Libró el problema con apoyo del Presidente (“Rosario, no te preocupes, aguanta”, le dijo en vuelo a Chiapas acompañados de Lula Da Silva), pero a cambio el gobierno tuvo que ceder al PAN y PRD un “adéndum” en la Reforma Política.

Todo esto es historia, pero afecta al Presidente si es cierto que Robles ha planteado su deseo de ser senadora.

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