¿Que gobernar es qué?..

“No saben lo difícil y duro que es… Falso que se la pase (uno) ‘a todo dar’ en Los Pinos, disfrutando de bellos jardines y de una ‘casota’…Se tiene que escoger entre matices de negro”: Peña. ¿Y para Trump, Maduro, Ortega, Putin, Fox?..

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En realidad no existe otro infierno que el infierno mismo. Ni otro cielo que el mismo cielo.

Para colmo, ya ni el limbo ni el purgatorio son opciones para socavar la duda. Digo, por aquello de que alguien, en su exasperación, exhausta felicidad o agonía, sintiera necesidad de estar templadito.

A medio año de entregar el poder, ayer, el Presidente Enrique Peña Nieto casi emuló el comentario que en febrero de 2009, en Davos, Suiza -cierto o no-, estigmatizó a su antecesor, Felipe Calderón: “Gobernar es un infierno”.

“No saben lo difícil y duro que es ser Presidente porque pesa en una sola persona, en el cargo del Presidente de la República, tomar muchas decisiones pensando en el bien del país, que no siempre son bien aplaudidas o bien aceptadas, y que a veces son decisiones difíciles”, contó Peña a un numeroso grupo de jóvenes de distintas instituciones educativas que asistieron al encuentro “Scholas Ciudadanía”, fundación papal.

Partiendo de la premisa de que cada quien la cuenta según le va en la feria, Calderón y Peña han sufrido de la misma pesadilla, la insidiosa violencia del crimen organizado, amén de un puñado más de cosas y casos que no, precisamente, dan para sonreír.

Y no creo que al sucesor de Peña, sea quien sea, el tema le dé para carcajearse, así ofrezca amnistía a granel o, de plano, formalice pactos por abajo o encima del agua.

El Mandatario federal dijo a los muchachos que es falso que se la pase “a todo dar” en Los Pinos, “disfrutando de bellos jardines y de una ‘casota’”.
“La verdad es que para el Presidente a veces, más bien, pasa a ser algo que ni siquiera logra apreciar ni disfrutar plenamente porque tal es el grado de responsabilidad que tiene un Presidente que su mente, normalmente, siempre está ocupada en pensar en resolver, en tomar decisiones”, comentó ante adolescentes que no esperaban su presencia.
A diferencia de Calderón, que pintó su infierno de rojo, suponiendo que así lo veía, Peña relató que en cinco años ha tenido que escoger entre “matices de negro”.
“Entre menos negro o más negro, pero esa es la verdad”.

No sabemos si la actividad de un Presidente de la República (Jefe de Estado o Primer Ministro) sea candente o como un “agujero negro” (campo gravitatorio, a fin de cuentas), pero lo que suponemos es que tampoco puede ser una perita en dulce o una cadena de años sabáticos.

Digamos que para Donald Trump, ser Presidente de Estados Unidos es un “cotorreo”. El señor se la pasa bien en Twitter, casi mentándole la madre a quien se le ponga en gana, jugando al cubo de Rubik con Rusia, Norcorea y Siria, o al balero con México.

Que Nicolás Maduro lo toma como personificando a Napoleón, mientras los venezolanos, apenas ven un kilo de harina en algún almacén, se lanzan como verdaderos “linebackers” a atraparlo. Con sangre fría, el Presidente de Venezuela ni suda ni se acalora, y mucho menos se despeina ante la presión internacional para que ya deje de escuchar pajaritos.

A quien seguramente el paraíso sí se le convirtió en infierno en las últimas semanas fue a Daniel Ortega, quien, finalmente, mostró al Somoza que lleva dentro.

¿Gobernar será cielo o infierno para Putin? Practica deporte extremo; es karateca; presume estar al frente del país que impone agenda mundial por encima de quien ama los muros como a sí mismo.

En el anecdotario está que Calderón no es el autor real de esa sintomática frase, sino Herbert Hoover, Presidente de Estados Unidos en el periodo de 1929 a 1933, quien, a su modo y suerte, vivió su “error de diciembre” enfrentando una de las épocas económicas más difíciles de la Unión Americana, denominada “La Gran Depresión de 1929”.

Él sí lo dijo: “Éste puesto es el infierno mismo”.

Pero, a ver, qué opinaría de esto Vicente Fox, a quien, por ciento, en alguna ocasión se le vio en una alberca “nadando de muertito”, en un gobierno que ni “fu” ni “fa” o que, al menos, no alborotó la gallera ni con los narcotraficantes ni con los legisladores, ni con nadie.

Calderón expresó en aquella ocasión que, al contrario de lo que es ser Presidente, estar en la oposición es estar en el cielo.

Se habló de un panel que titularon “Jinetes en la Tormenta”, en referencia a la crisis económica de entonces. Tiempo atrás alguien dijo que los “demonios estaban sueltos”; otro “mandó al diablo a las instituciones”.

Vaya, familiarizados con Dante estamos.
Pero allá ellos porque a quien le toca definir si los presidentes fueron “ángeles” o “demonios” es a los gobernados.

Para la sociedad, padecer ciertos gobiernos sí que, a veces, es un infierno.

¿Habrá algo peor que eso?

Y no es por nada, pero más nos valdría tener a la mano a algún exorcista… Por aquello de no te entumas…

 

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