Qué dieran federales ‘rebeldes’ por ser tratados como la CNTE

¿Qué tal si el miércoles bloquean la Cámara de Diputados y mantienen encerrados a empleados y legisladores? ¿Qué tal si bloquean vías férreas y lesionan la economía de cientos de empresas y varios estados?

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Sí, así, qué dieran muchos manifestantes o grupos que por una u otra cosa -desalojos, fertilizantes, falta de medicinas, becas, empleo- a diario transitan, en marchas, las avenidas de la Ciudad de México, o se plantan frente a Palacio Nacional, por ser tratados como los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, como reyes.

Uno de esos manifestantes son, hoy, los llamados policías federales “rebeldes” que no aceptan las condiciones para ser integrados a la Guardia Nacional sin ser indemnizados.

Pero ni que tuvieran tanta suerte. Graznar deberían.

Este viernes, durante un bloqueo que inició cerca de mediodía frente a la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y que se extendió a otros puntos cercanos al complejo aéreo, y que al momento de graznar esta nota cumplía ya casi ocho horas -y continuaba-, los policías “rebeldes” apenas alcanzaron, y eso ante el trauma que conlleva bloquear el aeropuerto, a ser atendidos por Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad Ciudadana federal, por vez primera desde que inició la inconformidad.

Bueno, ya les va cambiando la suerte; antes los atendían subsecretarios.

¡Ah!, pero no fueran la CNTE porque ya los habrían recibido hasta siete veces en Palacio Nacional. Les habrían perdonado, si así lo hubieran hecho, hasta destrozar inmuebles o, en el símil, dejar sin clases a millones de niños cuantas veces se antojara; vaya, hasta tomar de rehén la Cámara de Diputados una, dos, tres, o las veces que fueran.

Pero como no se ciñen a lo que pudiera ser una parte ínfima de la “austeridad republicana”, el no recibir un pago por ser transferidos de una corporación a otra (Policía Federal-Guardia Nacional) -que de acuerdo a la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado les corresponde-, que sufran.

A finales del 2018, la corporación policiaca federal contaba con cerca de 40 mil elementos, y a partir de la conformación constitucional de la Guardia Nacional, la mayoría fue transferida a esta nueva corporación, que, de acuerdo al Presidente López Obrador, es, en gran parte, la solución a la inseguridad en el país, suponemos que con mejores prestaciones, entre ellas salario, además (también suponemos) de mejores condiciones laborales.

Desde el inicio de las negociaciones, hace ya alrededor de tres meses, la mayoría se ha integrado a la Guardia Nacional aceptando la transferencia sin pago alguno.

Cerca de 4 mil interpusieron amparos, y hasta hoy, según algunas cifras, alrededor de 2 mil mantienen sus solicitudes de indemnización ante la Unidad de Transición de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, pero no han sido atendidas.

Y a eso se atiene el Gobierno Federal, al desgaste, a que, cada día, los policías federales “rebeldes” sean menos.

Así como no hay fuerza ni razonamiento que cambie la versión presidencial de que los profesores de la CNTE no han dejado de trabajar muchos días, semanas y hasta meses, cuando, frente a los ojos del país, a niños de Oaxaca, Chiapas y Michoacán, entre otros, les han violado su derecho de recibir instrucción escolar, tampoco hay fuerza ni razonamiento que obligue al gobierno (“terco, perseverante, obcecado, obstinado”) a indemnizar a los policías “rebeldes”.

Este viernes, Durazo insistió en que si no desean ir a la Guardia Nacional hay otras 10 opciones, pero nada dijo de las indemnizaciones, aunque el abogado de los inconformes, Enrique Carpizo, admitió que la opción ya se tocó.

El Gobierno Federal sabe que mientras más desgaste haya, más policías se retirarán del movimiento, menos indemnizaciones hará y más barato le saldrá el plan.

Los policías descontentos han protestado ante la Secretaría de Gobernación, Palacio Nacional, la Comisión Nacional de Seguridad, el Centro de Mando de la Policía Federal, el Ángel de la Independencia, la CNDH y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

¿Qué tal si el miércoles bloquean la Cámara de Diputados y mantienen encerrados a empleados y legisladores? ¿Qué tal si bloquean vías férreas y lesionan la economía de cientos de empresas y varios estados?

A veces, además de presionar y dialogar, también hay que saber graznar. La desmesura llama.

Porque una postura como la otra, cansan.

 

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