Que AMLO someta el aborto a consulta

Habla de su decisión de no provocar una confrontación nacional, pero en realidad sabe que cometería un error político porque, mientras unos lo ensalzarían por liberal, otros no dudarían en llamarlo criminal

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Es evidente el temor del Presidente López Obrador a pronunciarse a favor o en contra de levantar todas las restricciones legales sobre el aborto.

Él, tan dado a hablar sobre lo que se le pregunte, siempre que le tocan el tema escurre el bulto usando de muleta su tema preferido, la corrupción.


Pero sobre el derecho a la vida o la libertad de la mujer a decidir qué hacer con su cuerpo, nada de nada, ni una palabra.

Por ejemplo, en la mañanera se alejó del tema recordando que hace más de 30 años escribió un libro en el que ya decía que la corrupción es el flagelo de la democracia.

Y de paso se sacó de la manga a don Daniel Cossío Villegas para dejar sin respuesta a quien lo había colocado contra las cuerdas preguntándole si, como se publicó, en Puebla dijo al oído de alguien su opinión sobre el aborto. Conforme a esa versión que no desmintió ni corroboró, él estará, como los panistas y los católicos en general, a favor de la vida, en contra del aborto.

Para salir del problema, el Presidente acudió a su derecho a guardar silencio, sin embargo, el tema es tan de interés nacional que ya no puede, no debe eludirlo más.

Está obligado a hacer de lado sus creencias religiosas que, en todo caso son muy suyas, porque, como en otros asuntos, el interés del país en esa materia lo obliga, si no llevarlo al Congreso a someterlo a consulta popular, como hizo con el NAIM y la termoeléctrica de Morelos y lo hará con los ex presidentes, sus antecesores a partir de Carlos Salinas.

Cualquiera entiende que, como dirigente político que es, teme a equivocarse con el aborto.

El dilema lo enfrentaron Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Ambos contestaron usando a Perogrullo: lo que dice la ley.

Pero hoy, en plena Cuarta Transformación, eso ya no vale.

Está claro que un porcentaje de la población está a favor del aborto y otra en contra. Me atrevo a decir que, si lo somete a consulta, la mayoría votaría por el no, pero en cualquier cosa, López Obrador se echarían encima a unos o a otros.

Sin duda esta es la razón por la que elude el tema.

Habla de su decisión de no provocar una confrontación nacional, pero en realidad sabe que cometería un error político porque, mientras unos lo ensalzarían por liberal, otros no dudarían en llamarlo criminal.

Y eso significa perder popularidad y votos.

Para no ir más lejos, Francisco, el Papa, ya no pensaría bien de él.

No obstante, un hombre de Estado, como él, dispuesto a destruirlo todo para reconstruir el país en la Cuarta Transformación, no puede mostrar temor ante una polémica nacional sobre el aborto.

Cualquiera sabe que en este tema es tan conservador como la mayoría de los mexicanos, pero para zanjarlo de una vez lo saludable sería llevarlo a consulta y que gane quien más ciudadanos lleve a las urnas.


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