Pueblo pusilánime

Falta de agua se convertirá, al final, en una anécdota más; ¿qué se necesita para una movilización popular auténtica, sin políticos profesionales?

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Doña Clemen, hace tiempo, 11 años, que yo cargo un sentimiento

 


¿A quién se le puede exigir reintegrar los 3 mil 200 pesos que cuesta una pipa de agua para poder sobrevivir en el sur de la Ciudad de México?

Desde luego, no hay ventanilla a la que se pueda acudir a quejarse de que una “K” invertida mantenga sin agua a un alto porcentaje de habitantes de la Ciudad de México.

Es un grave problema pagar a los piperos, que, conforme a la ley de la oferta y la demanda, elevan o bajan el precio del líquido vital, o niegan el servicio para encarecerlo más.

Sí, es un grave problema para quien puede pagar los varios miles de pesos en que se cotiza una pipa, pero lo es más aún para quienes no disponen del dinero suficiente para caer en las garras de quienes especulan con el agua, pero lo será aún más cuando, irremediablemente, llegue a sus hogares el cobro bimestral por consumo de agua sin descuentos por las 2 semanas que llevamos sin servicio y sin una disculpa siquiera de parte de la Comisión Nacional del Agua.

Por desgracia, la falta de agua durante 15 días se convertirá, al final, en una anécdota más, como ya lo es la consulta al pueblo sabio que determinó la cancelación del aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco.

La consulta, que al igual que el desabastecimiento de agua ocurrieron sin mayor protesta, salvo las consabidas amenazas de los políticos de siempre, nos exhiben como un pueblo pusilánime, incapaz de protestar cuando se tiran al caño de la basura miles de millones de dólares o cuando se le deja sin agua potable a lo largo de la mitad de un mes.

Cuando el pueblo sabio decidió acabar con la construcción del aeropuerto en Texcoco circuló en redes sociales la invitación a una “megamarcha” para el domingo próximo, con vestimenta negra para mostrar luto; ya no se realizará porque el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, tranquilizó a los organizadores anónimos, los empresarios, que temieron perder inversiones y contratos.

Por la falta de agua nadie ha amenazado con marchar, ni los que la han pagado a precio de oro ni quienes han logrado sobrevivir sin ella, pero mantienen la esperanza de que cuando la “K invertida” ocupe el lugar que le corresponde, el líquido brotará por sus grifos.

¿Qué se necesita para una movilización popular auténtica, sin políticos profesionales?

Ya quedó demostrado que de un plumazo se pueden anular 45 mil empleos, dejando que por el caño del desagüe se pierdan 100 mil millones de pesos y que se puede dejar sin agua a los habitantes de la capital de la República sin que haya quien levante la voz.

¿Qué es lo que verdaderamente puede indignar a los mexicanos?

Como están las cosas, nada.

 

 

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