Prisas y pifias amenazan proyecto de AMLO

Declaraciones, advertencias y sugerencias de algunos de sus colaboradores lastiman y desgastan la imagen del Presidente

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Estoy convencido de que Andrés Manuel López Obrador no luchó por la Presidencia en tres elecciones para gobernar por seis años, pero tampoco para mantenerse en el poder hasta que su cuerpo aguante; sí para construir el basamento de un régimen que persista durante varios sexenios, quizás tantos como el del PRI, aún sin él al frente del gobierno.

Convencido de que la construcción de un nuevo modelo requiere la destrucción paulatina del existente ha sometido al país a un frenético ritmo de cambios matizado por cuestiones escandalosas que seguramente no estaban en su agenda y que, por ahora, escapan a su control.


Una, la más reciente y quizás no la última del año, podría ser la propuesta de la secretaria de la Función Pública, Eréndira Sandoval, aún no tomada en serio por analistas y actores políticos, en el sentido de que los salarios de la iniciativa privada no deben determinar los de senadores, jueces y magistrados, sino que “los salarios del mercado, los honorarios y los ingresos del mercado, tendrían que ajustarse a una nueva moralidad y a una nueva ética pública de salarios justos”.

No me atrevo a interpretar a la esposa de John Ackerman, el asesor de Andrés Manuel López Obrador que anhela ver convertido a México en otra Venezuela, pero lo que dijo en el Senado de la República significa, en español, que la austeridad gubernamental debe trasladarse a la iniciativa privada. ¿Tal vez que, en materia salarial, nadie gane más que el Presidente?

Es probable que se trate sólo de una desafortunada expresión de su personal pensamiento que echará más leña al enfrentamiento entre los Poderes federales a causa de la resistencia del Judicial a someterse a la política de austeridad decretada por López Obrador y apoyada por la mayoría de Morena en las dos cámaras del Congreso, pero no hay manera de interpretar de otra forma planteamientos expresados con seriedad, como el de la doctora Sandoval: “Nadie dice que no haya derecho a que, en un sistema de mercado, en un sistema, podríamos decir, capitalista, las ganancias bajen o se mermen, pero los salarios del mercado, o los ingresos del mercado, quizás sí se tendrían que ajustar”.

Es probable que la secretaria de la Función Pública sólo haya propuesto una medida hipotética para evitar que lo mejor de la burocracia no tenga alicientes para abandonar el servicio público porque en la iniciativa privada le ofrezcan remuneraciones más atractivas que en el gobierno, pero la única manera de conseguirlo sería que éste decretara que nadie en el país gane más que los 108 mil pesos mensuales del Presidente.

La propuesta de Sandoval se escucha revolucionaria y hasta es probable que algunos sectores la reciban con aplausos, pero suena a broma o, peor aún, a modelos ajenos a la democracia mexicana.

Vaya, fue tanta la confusión y, quizá, la interpretación de sus palabras que, este sábado, la funcionaria debió salir con el famoso “fake news” de los medios.

 

DE LA ANÉCDOTA A PROBLEMAS REALES

Propuestas como ésta, que, seguramente, no pasará de mera anécdota, aunada a muchas otras acciones que no lo son, como el problema en que están metidos los secretarios de Hacienda y Comunicaciones por el rechazo de los tenedores de bonos del NAIM a comprarlos a precios que ofrece el gobierno mexicano, empiezan a lastimar la imagen del Presidente López Obrador.

Carlos Urzúa y Javier Jiménez Espriú, titulares de Hacienda y Comunicaciones. Entrampados con los bonos de la obra aeroportuaria de Texcoco

Parecen dos perlas obtenidas de manera forzada, pero no lo parecerán si son aunadas al manejo dictatorial a que Mario Delgado y Ricardo Monreal han sometido al Congreso y, desde luego, al juego de fuerzas que mantienen los Poderes Ejecutivo y Legislativo con el Judicial.

El senador Ricardo Monreal y su propuesta contra las altas comisiones de los bancos
Martí Batres y sus antidemocráticas jugadas en la Cámara Alta

A esto habría que añadir la previsible reacción de mandos militares, a quienes ya les viene la austeridad salarial. Esta, quizás, no será tan mediática como la de jueces, magistrados y ministros, pero, silenciosa y todo, podría ser aún más lesiva por tratarse de quienes se trata.

Entre los colaboradores de López Obrador hay mucha gente seria y valiosa preocupada por conflictos innecesarios, como el que podría desatar el pensamiento muy personal de la doctora Sandoval o han causado propuestas como las del senador Monreal de someter al mandato del Congreso las comisiones bancarias y las antidemocráticas jugadas de Martí Batres en la Cámara Alta, etcétera.

Mario Delgado, líder de Morena en la Cámara de Diputados, haciendo su parte contra el Poder Judicial

Es probable que también estén convencidos de que, en un futuro cercano, las cotidianas conferencias mañaneras desgasten al Presidente, al menos en su imagen.

Fueron geniales como estrategia para dictar agenda y colocar su nombre cuando era jefe de Gobierno de la Ciudad de México y quería ser candidato presidencial, pero como mandatario lo dañarán a la corta.

Se ha convertido en el eje de todo y, en consecuencia, todo cae, y caerá, sobre su espalda porque él da la cara mientras sus colaboradores se mantienen en la sombra.

Para no ser exhaustivos, recordemos que a una pregunta espinosa sobre lo que está ocurriendo en Nueva York con los bonos del NAIM contestó que él concede a la Secretaría de Hacienda la misma autonomía que por ley tiene el Banco de México.

Esto no puede ser; el secretario Carlos Urzúa es empleado del Presidente y actúa por delegación suya; de ninguna manera es autónomo, por más que sea su especialista en cuestiones hacendarias y financieras. Quizás sepa más que él en estas materias, pero eso no lo hace autónomo. Si se equivoca, López Obrador cargará sus culpas, y las del resto del gabinete, como Enrique Peña Nieto cargó y sigue cargando con las de Luis Videgaray, Miguel Osorio Chong y compañía.

En las facultades del Presidente no está dar autonomía a nadie; puede otorgarle libertad de movimiento conforme a sus capacidades, que por ellas lo contrató, pero sería irresponsable convertir a un dependiente en autónomo.

Aunque no lo dicen abiertamente, algunos pares de Urzúa se preocuparon porque la supuesta autonomía del secretario de Hacienda es interpretada en el sentido de que si por cuestiones financieras se cae el proyecto aprobado en la consulta popular de construir el aeropuerto en Santa Lucía será responsabilidad suya por no saber manejar los mercados neoyorquinos y no porque se trate de una idea de campaña electoral que no encaja en la realidad por cuestiones técnicas.

Ya Urzúa reconoció en la Cámara de Diputados estar considerando la posibilidad de que Santa Lucía quede fuera del proyecto aeroportuario. No se le vino el mundo encima, pero falta poco para que ocurra. Entonces le dirán que actuó con autonomía.

 

2021, AÑO CLAVE

El Presidente López Obrador está en su derecho de desear que su nombre sea incluido en los textos de historia y que su fotografía figure al lado de quienes son identificados por él como autores de las 3 transformaciones anteriores, Hidalgo, Juárez y Madero, pero puede truncar sus planes el frenesí que ha impuesto a su gobierno para conseguir que, antes del 2021, los cimientos de la Cuarta estén sólidamente construidos.

El 2021 es clave en el proyecto porque no escapa a su genialidad de estratega electoral que la acción de gobernar le costará votos, al menos los suficientes para que las oposiciones mejoren su posición en la Cámara de Diputados y el Congreso se convierta en impedimento para continuar la destrucción de lo existente.

Ahora mismo, la unión de los pocos senadores del PAN con los aún menos del PRI y del PRD ha sido suficiente para frenar algunas propuestas fundamentales, y quizás se note aún más cuando llegue a la Cámara Alta la minuta de la nueva Reforma Educativa.

Si la oposición se mantiene unida es muy probable que no se cumpla el pronóstico del coordinador de los diputados de Morena de borrar hasta la última coma de la reforma más importante del ex Presidente Peña Nieto.

Las reformas constitucionales requieren de la aprobación de las dos terceras partes de los legisladores presentes en el salón de plenos, y para que la oposición no actúe como muro impasable, los operadores presidenciales tendrán que multiplicarse e incluso comprar ausencias o abstenciones para conseguir que la reforma pase en la Cámara Alta.

El sexenio apenas ha cumplido su primera quincena y nadie se ha aburrido; muy al contrario, a diario hay mucho en qué pensar y de qué hablar.

El Presidente tiene prisa, y no lo oculta, porque, insisto, está convencido de que el reloj conspira en su contra y a esto se deban algunos de los tropiezos imposibles de ocultar y el degaste de su imagen, que aún no se percibe con claridad porque le ocurre lo que a los obesos cuando bajan unos kilos de peso; no se notan.

Con los cambios que vendrán en la Suprema Corte de Justicia a causa del arribo de un nuevo ministro y el cambio de presidente en la Corte y la Judicatura Federal, la tensión entre Poderes quizás baje a principios de 2019.

Para entonces, Alfonso Durazo deberá haber demostrado que el nuevo modelo de seguridad pública garantizará tranquilidad a la ciudadanía.

Habrá presupuesto y sabremos si la austeridad alcanza para empezar a financiar los ambiciosos proyectos de López Obrador, y, lo que es más importante, el país estará en condiciones de comprobar si su honestidad personal contagia o no a sus colaboradores y a la nación, pero antes debe prohibir a sus colaboradores hacer propuestas como la de igualar la austeridad salarial en la iniciativa privada con la gubernamental.

 

 

 

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