‘Primer Grado’: cátedra en Televisa

El encuentro entre periodistas y un candidato presidencial por semana organizado por la televisora no es en sí un debate, pero permite acorralar, si se quiere, al invitado. En su segunda emisión acudió Meade. Pudo ser acorralado, pero acorraló. Rompió paradigmas

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Fue quizá, como lo admitieron Joaquín López-Dóriga y Leo Zuckermann, la primera vez que a José Antonio Meade se le ve con “esa enjundia”.

En el encuentro entre periodistas y un candidato presidencial por semana en el programa ‘Tercer Grado’, este lunes en la medianoche, estuvieron también Carlos Loret de Mola, René Delgado, Raymundo Riva Palacio y el conductor Leopoldo Gómez.

La mayor diferencia entre la presencia de Andrés Manuel López Obrador, hace una semana, y la del candidato del PRI, es el cúmulo de datos y sobre-datos mencionados por el representante de la coalición Todos por México, en una proporción de 5 a 1, o más.

No eludió temas ni le dio vuelta a ningún asunto, al contrario, los extendió. No repitió ninguna respuesta que sea cliché en su discurso. Tenía que hacerlo, respondiendo incluso a las preguntas incómodas, porque el tiempo se lo come y, sí, como el Pípila, carga una losa sobre su espalda.

Y, efectivamente, como opinan algunos, creo que todos lo vimos así, agarró de “punching bag” al candidato de Juntos Haremos Historia. Para qué meterse con Ricardo Anaya si el que importa es el puntero; si lo que vale es la cúspide.

Y como no es propiamente un debate, aunque se le parece, no entre candidatos, pero sí entre periodistas y un aspirante, podríamos al final de las emisiones sacar conclusiones y opinar sobre “quién ganó” el “Tercer Grado” o quién se quedó en el primero.

Ya acudirán Anaya, Margarita Zavala y Jaime Rodríguez. El panista-frentista, aunque la lógica indique que debe repetir la cuota de Meade contra Andrés Manuel, seguramente machacará con el “porque el PRI tiene que irse”. Los independientes deberán inventar algo para acreditar grado. Con “El Bronco”, sin embargo, el equipo de Leopoldo intentará divertirse, aunque sin confiarse so pena de recibir un revés. El norteño es callejero.

No creo que a Andrés Manuel le hayan puesto alfombra roja la semana pasada, aunque tampoco hicieron mucho por increparlo o sacarle una gota de sudor, y vaya que, al menos en promesas, tiene todo un catálogo degustable en cuestionamientos, de él y de su equipo.

Vaya, duchos en su oficio, con Meade quisieron agarrar “puerquito” con aquello de que “la marca  (PRI) te pesa” (lo repitieron Zuckermann y Riva Palacio); “¿es Peña honrado?”, “¿Por qué distanciarse de Peña?”, “¿es Romero Deschamps honrado?” , pero para todo tuvo respuesta, nunca eludió. Más aun, sus respuestas no tuvieron réplica (alguna que otra insistencia) porque en la primera los callaba, le pasó a todos.

Esta vez el grupo de reconocidos periodistas que convocó Televisa recibió una cátedra a domicilio en materia político-administrativa. Si el set en donde se desarrolló el encuentro fuera aula, las evidencias muestran claramente quién era el disertador y quienes los alumnos.

La tónica de los dos primeros programas fue simple, pero acorde con el único elemento que hoy pone en balanza a quienes buscar sustituir a Enrique Peña Nieto, las encuestas, así unos digan todos los días barbaridades y otros traten de deslindarse del oprobio del partido que representan: López Obrador fue visto como quien va ganando y Meade como quien va perdiendo.

Atinada, circunstancial, por coincidencia o tómbola, pero arrancar el programa 1 y 2 con los polos opuestos (AMLO-Meade) fue buena idea. Permite un juicio claro, sin rodeos, ni banderas de ningún color: Meade está mejor preparado que López Obrador. Y no en el sentido de cultura general o de dotes de orador, sino en el de explicar con peras y manzanas, puntos y comas, la viabilidad de propuestas y de continuidad en programas, acorde a un mundo actual, revolucionado por la tecnología, los grandes mercados comerciales en el mundo, las circunstancias políticas, el entorno económico, real no ficticio.

En ello, la claridad de Meade supera la bola de estambre de Andrés Manuel. Ayer, por ejemplo, López Obrador reviró en su idea sobre el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México (ahora dice que sí lo aceptaría, aunque concesionado a la iniciativa privada), como ha revirado sobre el tema del “tigre”, de la amnistía a criminales, del apoyo a “ninis”, de los “camajanes” del dinero, de las futuras “expropiaciones” de empresas, de los probables “fusilados” en el Cerro de las Campanas.

El reconocimiento de López-Dóriga y Zuckermann a la no conocida enjundia de Meade (el resto lo asumió con su desconcierto) es muestra de que en efecto hay un José Antonio que no sólo debe existir ante las cámaras de televisión encerrado en un foro, sino ante la incredulidad de los ciudadanos, ante el avance de López Obrador. Al menos para que la competencia se ponga interesante.

Lo del lunes-martes por la noche tuvo un colofón inesperado cuando Meade tomó el control de la palabra y cuestionó a los cuestionadores, primero directamente a Zuckermann: “¿Y le creen a López Obrador?”… Zuckermann dijo que no. A los demás los aplacó Gómez cuando ya el camarógrafo enfocaba sus rostros. ¿Alguno habría dicho que sí?..

 

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