¿Por qué se burla Jiménez Espriú de manifestantes?

Saludable sería que el Presidente López Obrador lo lleve a la mañanera y lo obligue a disculparse

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Comparada con las multitudes de Morena que pueden acudir al llamado de su guía y jefe, el Presidente López Obrador, es posible calificar de ridícula la marcha dominical en su contra en la Ciudad de México y las ocurridas en algunas ciudades de la República, como la guanajuatense, que encabezó el inefable Vicente Fox.
Pero, con poca afluencia en la capital de la República (unas 15 mil personas, según conteo del gobierno de Claudia Sheinbaum) y pocos centenares en otras latitudes, nadie tiene derecho a mofarse de los manifestantes y, a partir de que constantemente habla del derecho de todos a la manifestarse, sin duda, el Presidente no lo hará en su conferencia de prensa de este lunes.
¿Por qué, entonces, el secretario de Comunicaciones y Transportes se sintió con derecho a hacer sorna a las costillas de los manifestantes en su cuenta de Twitter?: “Nunca pensé que todos los que están contra AMLO fueran a la marcha, pero sí… ¡FUERON TODOS!”.


Javier Jiménez Espriú ha mostrado, persistentemente, no ser de las mejores contrataciones para poner en marcha la Cuarta Transformación. Más temprano que tarde pagará las consecuencias de eludir su responsabilidad de aconsejar con lealtad a su patrón y aferrarse a la chamba diciendo a todo que sí, pero al margen de sus errores concretos, que costarán miles de millones al país, lo deleznable es que se burle, de la manera que lo hace, de unas cuantas miles de personas que se atrevieron a manifestarse en contra del Presidente.
En efecto, fueron pocos quienes acudieron al llamado de Francisco Martín Moreno, y fueron muchos menos los que en dos anteriores marchas creyeron que podrían convencer a López Obrador de revisar sus planes sobre el NAIM.

Sin embargo, Jiménez Espriú debe tener en consideración que aún no termina el primer semestre del sexenio y ya hay ciudadanos sin partido dispuestos a ganar la calle a riesgo de ser llamados fifís, pirrurris, neoliberales, conservadores, neoporfiristas, etcétera.
Ningún derecho tiene el secretario de Comunicaciones a mofarse de un grupo de ciudadanos que, con razón o sin ella, ganó la calle sólo porque no sumaron los 53 millones que manifestaron en las urnas su decisión de que Andrés Manuel nos gobierne.
Si a Jiménez Espriú le parece ridículo que unos cuantos se manifestaran este domingo, debería entender que ridículo fue que 310 mil 463 personas decidieran el futuro del NAIM en una consulta popular que a todas luces fue una verdadera simulación.
Tan ridícula como la votación a mano alzada en Poza Rica, Veracruz, para aprobar que el Presidente López Obrador se confronte con el gobierno español, pero no con Donald Trump.
Saludable sería que el Presidente López Obrador lleve a la mañanera a Jiménez Espriú y lo obligue a disculparse con los manifestantes.

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