Por mis hijos, yo apuesto por Meade

Hoy, en México, por las razones que sea, la gran mayoría anhela un salto hacia adelante en el rumbo que al país se le traza desde los poderes legalmente constituidos

Compartir:

Yo apuesto por el mejor, por José Antonio Meade Kuribreña. Me explico: En los procesos electorales de trascendencia y, sobre todo, en los sistemas presidencialistas como el nuestro, la decisión de los votantes se decanta, finalmente, entre dos, y sólo dos opciones: La del avance y la del retroceso. Y, hoy, en México, por las razones que sea, la gran mayoría anhela un salto hacia adelante en el rumbo que al país se le traza desde los poderes legalmente constituidos, en especial desde el liderazgo que, por nuestras instituciones y por nuestra cultura política, le toca ejercer al Presidente de la República. Es claro, ya, que esa opción de progreso la encarna, hoy, Meade Kuribreña, en tanto que Andrés Manuel López Obrador se muestra, claramente, cada vez más  inclinado hacia propuestas que significarían un retroceso a los esquemas de Luis Echeverría Álvarez: Populismo desbordado, confrontación con los empresarios y nacionalismo aislacionista y a ultranza. Esto parece muy difícilmente reversible y, por eso, su triunfo parece prácticamente inevitable. Entre más pronto incluyan todos los actores del proceso político este dato, este hecho patente, en sus escenarios y comportamientos, más terso será el tránsito hacia la renovada prosperidad económica, el bienestar social compartido y hacia una democracia mexicana cada vez más plena y funcional.

Es indispensable que de las elecciones de 2018  resulte un gobierno con legitimidad y márgenes de maniobra suficientes para la restauración de la concordia nacional y para recuperar el crecimiento y la esperanza. Es hora de que todos hagamos un compromiso con la normalidad democrática. Las elecciones no son batallas para aniquilar a supuestos enemigos históricos. Son procesos legítimos para elegir a los legítimos titulares de los poderes legales del Estado. Elecciones legales con resultados legítimos, no más, pero tampoco menos. Nada es, hoy, más importante en la coyuntura política de México que el compromiso de todos para que los procesos electorales sean irreprochables y produzcan resultados irrefutables y legítimos, aceptados por todos.

Estas elecciones revisten una singular importancia, pues de sus resultados dependerá el veredicto que la nación y el mundo emitan sobre el futuro de la democracia mexicana. Que el ganador sepa ganar y los perdedores sepan perder con valor civil y compromiso con la democracia. Quien no aprenda a respetar las reglas del juego sólo hará el ridículo y cavará más hondo su tumba política. Meade Kuribreña será el ganador. Que sus adversarios se apresten a reconocer su limpia victoria. Y que él se prepare para construir, con sus adversarios, los acuerdos indispensables para restaurar, en México, la paz y la prosperidad.

Meade Kuribreña ganará porque confía en el buen juicio político de los mexicanos y sabe que por encima de enojos, y más allá de las predicciones de las encuestas a modo y “cuchareadas” por aviesos operadores  electorales y políticos soberbios y petulantes que ya celebran por anticipado un triunfo que no ocurrirá, es, con mucho, el mejor candidato. El más preparado académicamente, el más experimentado  en el servicio público, el más probadamente honesto; el mejor esposo y padre de familia; el mejor hijo de un padre ejemplar. En medio de las tormentas globales, frente a los torpes alardes de “Masiosare” Trump y frente a la impaciencia de una nación harta de violencia, terror y abismales desequilibrios sociales y regionales, Meade Kuribreña es el timonel que México necesita y merece para guiar su destino en los seis años que vienen. Por eso yo, y pensando en mis hijos y en mis nietas, sin duda alguna, apuesto por Meade Kuribreña.

 

[email protected]

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...