Poniendo orden

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Tía Rosita pasó al definitivo estado de fiambre a los 117 cumplidos, aunque el abuelo Armando sostenía: -Rosa se quita años –la tía nació y vivió toda su vida en la misma casa, una manzana completa en pleno centro de Toluca, con tres patios arcados y huerta al fondo. Visitarla era un viaje en el tiempo: ahí se cocinaba con carbón, se iluminaba con quinqués y toleró con cierto disgusto que un tío pusiera electricidad para oír radio y nada más; una vez fue al cine en la Ciudad de México y no le gustó. Hasta los 112 fue a misa diario y luego el cura llevaba la comunión a su casa, todos los días. Nunca se casó y su tema favorito era su “papacito”, que según ella había sido un santo, aunque toda la familia sabía que había sido un gran pillo que regó hijos por todo el estado, pero nadie contradecía a tía Rosita, anclada en un pasado idílico. Nació en 1846, murió en 1963 y el salón formal de su casa lo presidía un magnífico óleo de Porfirio Díaz a caballo, siempre con flores frescas. Según tía Rosita, su “papacito” decía que todos los descalabros de México eran por habernos independizado de España y por “haberse portado tan mal” con don Porfirio. Nadie la contradecía.

Ayer, nuestro Presidente de la República, declaró con esa calma suya: -“Ahora hay una polémica porque lo mismo de las farmacéuticas, sucedía en la industria petrolera, en la industria eléctrica (…) estaban haciendo jugosos negocios en la CFE no sólo a costillas del erario, sino afectando al pueblo (…) No es estatismo, estamos poniendo orden. Yo recuerdo dos acciones importantes para reencauzar la vida pública de México a partir de poner por delante el interés del pueblo y la Nación: La expropiación petrolera en 1938 porque las compañías petroleras se sentían dueñas de México; la otra decisión importante fue la que tomó Adolfo López Mateos en 1960 para nacionalizar la industria eléctrica (…)”.

Sin picarle la cresta al Presidente que poco necesita para echar mano a su AK-47 de descalificaciones, sería interesante que nos hiciera saber si quiere regresar al país a 1960 o si no, cuál es su objetivo con México o qué es su gobierno:

Socialista no es: Su política económica completa, sin faltar una coma, es la que le dejaron lo renegridos neoliberales conservadores; y también porque sólo le faltó echar cuetes cuando los yanquis firmaron el tratado de libre comercio, el T-MEC.

De derecha tampoco, porque se le ha secado la boca insultando a empresarios e inversionistas en general, llegando a plantear una trepidante cuestión: ya no es cosa de pensar en los pobres, sino qué haremos con los ricos. ¿Pensará que cuando le terciaron la banda presidencial le escrituraron el país?… él no tiene que decidir el destino nacional, él tiene que cumplir y hacer cumplir las leyes. Punto… y no es poco.

Aparte, de veras se le agradecerá se quite la máscara (porque si no está embozado, la cosa es grave, pues su dichos y hechos son la permanente contradicción), y muy respetuosamente se le sugiere deje de improvisar su continuo discurso, pues incurre en lo que uno supone con buena fe, son mentiras hijas de saber poco de muy poco y por encimita:

La nacionalización de la industria eléctrica hecha en 1960 por Adolfo López Mateos, fue una operación de compra de compañías privadas, que poco a poco se habían ido volviendo chatarra, porque los dueños extranjeros habían dejado de invertir y se endeudaron, viendo que México cada vez generaba más energía eléctrica con su Comisión Federal de Electricidad, CFE (creada el 29 de diciembre de 1933, siendo Presidente Constitucional Sustituto, Abelardo L. Rodríguez).

Por eso la operación de compra en 1960 de The Mexican Light and Power Co., fue por el 90% de las acciones en 52 millones de dólares, asumiendo el gobierno el pago de sus deudas: 78 millones de dólares; y la American and Foreign Power Co., se compró en 70 millones de dólares. Ganaron ellos, perdimos nosotros. Y otras empresas siguieron generando electricidad, como la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, S.A., la Compañía de Luz y Fuerza de Pachuca, S.A., la Compañía Mexicana Meridional de Fuerza, S.A., y la Compañía de Luz y Fuerza Eléctrica de Toluca, S.A.

Ya cerrado el trato con las empresas, López Mateos envió al Senado la iniciativa de reforma al Artículo 27 constitucional, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 23 de diciembre de 1960: “Decreto: Artículo Único.- Se adiciona al párrafo sexto del Artículo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: Corresponde exclusivamente a la nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación de servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la nación aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines”.

El decreto fue y es para la PRESTACIÓN DEL SERVICIO PÚBLICO, cosa que se detalla en el artículo tercero de la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica:

“ARTICULO 3o.- No se considera servicio público:

I.- La generación de energía eléctrica para autoabastecimiento, cogeneración o pequeña producción; II.- La generación de energía eléctrica que realicen los productores independientes para su venta a la Comisión Federal de Electricidad; III.- La generación de energía eléctrica para su exportación, derivada de cogeneración, producción independiente y pequeña producción; IV.- La importación de energía eléctrica por parte de personas físicas o morales, destinada exclusivamente al abastecimiento para usos propios, y V.- La generación de energía eléctrica destinada a uso en emergencias derivadas de interrupciones en el servicio público de energía eléctrica”.

Encima de que la ley, nuestra ley, explícitamente permite la existencia de empresas privadas que le vendan fluido eléctrico a la CFE, aparte, tenemos compromisos firmados en abundantes tratados internacionales.

Así, señor Presidente, sin contradecirlo, le tomamos la palabra: Vamos poniendo orden.

 

 

 

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