Poder absoluto de AMLO gracias al PRI

De sorprender que las oposiciones se cubran las cabezas con ceniza y se rasguen las vestiduras

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Los 3 o 4 lectores leales que aún tienen la generosidad de seguirme saben que estoy muy lejos de ser sospechoso de ser fan de Andrés Manuel López Obrador y que no corro el riesgo de convertirme en cuartotransformado.

Dicho esto, me sorprende que las oposiciones se cubran las cabezas con ceniza y se rasguen las vestiduras porque el Presidente se está haciendo, paulatinamente, del poder absoluto, tal como lo tuvo el PRI hasta que don Jesús Reyes Heroles tuvo la genialidad de convencer a José López Portillo de abrir la puerta a la izquierda para sacarla de la clandestinidad.

No había oposición; inclusive, el PAN fue incapaz de presentar candidato a la Presidencia. Aún recuerdo aquella noche fría en Morelia cuando el candidato presidencial del PRI nos comentó a quienes cubríamos la campaña su desaliento por no tener contrincante. Le pesaba que pudiera ganar con un voto solitario, el suyo.

López Obrador nació y se formó en los tiempos del absolutismo priísta y lo rodean muchos que emigraron del PRI porque no se hicieron de lo que creían tener derecho. Los hay que pasaron por el PAN, el PRD y hoy están en Morena; sin pudor, muchos de ellos militarán mañana en otro si Andrés Manuel pierde el poder.

Claro que López Obrador y su grupo de ex priístas quieren el poder completo y por ello invirtieron el primer año de la Cuarta Transformación en crear el andamiaje jurídico necesario para sostener el nuevo régimen sobre los escombros de las instituciones creadas a partir de la época que llama neoliberal.

López Obrador habla de la existencia de una nueva Constitución y explica que si decidió crearla ingresando las reformas una a una, y no proponiendo la que la sustituiría, fue por mera estrategia, que, hay que decirlo, le funcionó.

En consonancia con la famosa frase que ayudó al PAN a derrotarlo, “al diablo con las instituciones”, la Cuarta Transformación ha minado, una a una, las que le podrían hacer contrapeso, abarrotándolas de individuos sin preparación, como ocurre en los organismos reguladores; violentando las votaciones en el Senado, para imponer sus propuestas, como pasó a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos con Rosario Piedra Ibarra, y ahorcando, ahora, al Instituto Nacional Electoral quitándole el 9 por ciento de su presupuesto y proponiendo la sustitución del consejero presidente, Lorenzo Córdova, el próximo año.

Pronto llegará el momento a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que, en los hechos, Arturo Zaldívar ya ha subordinado al Ejecutivo.

Todo esto es cierto, pero la vieja pregunta cobra actualidad: ¿Por qué si sabían lo que ocurriría permitieron que López Obrador ganara en 2018 casi sin despeinarse?

Es probable que el mismo Andrés Manuel no tuviese claro, sino hasta el día de las elecciones, que ganaría todo, en especial el Congreso, pero sobre todo el Senado, en donde, aún sin la mayoría constitucional, sí es posible enviar al demonio a las instituciones, al menos a las fundamentales, si se cuenta con la complicidad de alguna de las oposiciones.

Digamos la del PRI.

Aún con pocos senadores, el partido que perdió el poder pudo hacer la vida imposible al Presidente de pactar alianza con el PAN y MC, pero por razones que quizás en algunos casos tengan que ver con el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto, en asuntos emblemáticos, los priístas han preferido dejar hacer y dejar pasar a Morena.

 

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