Pigmentocracia, la estrategia de lucha racial ante resultados desastrosos de la 4aT

Las cosas no salen bien; los ‘ideólogos’ de López Obrador optan por impulsar el debate de la lucha racial como estrategia para conformar una legión de odio con el propósito de justificar el gran fracaso y mantenerse en el poder con otra insidia social

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Sembrar el debate de la pigmentocracia tiene el objetivo de convertir el proyecto fallido de la Cuarta Transformación, con resultados desastrosos, en una lucha racial instigada por el odio.
El marco teórico para justificar la revancha social de los “no blanquitos”, estigmatizados por algunas voces de Morena y del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, pretende crear una legión armada con odio racial para soportar una administración con el presente fallido y un futuro totalmente desalentador.
Una muestra más: Reforma publicó una caída en la generación de empleo del 51.7% en los últimos siete meses, con datos del IMSS.
Indudablemente, los “morenitos” de la tesis de la pigmentocracia detonada por la morenista Estefanía Veloz para satanizar a la Fórmula 1 es, en mucho mayor proporción, el sector de la población que se quedó sin esa oportunidad de empleo.
Las cosas no salen bien; rectifico, mucho peor de lo que pensaron, por lo tanto, impulsar el debate de la lucha racial no es generación espontánea, sino una estrategia.
Los que se piensan ideólogos de la Cuarta Transformación tratan de enganchar a panelistas y medios de comunicación -la mayoría mediocres y de profunda ignorancia- para propagar el Plan “B” que les permita justificar el gran fracaso y mantenerse en el poder con otra insidia social.
La pigmentocracia es un concepto cuyos primeros registros de utilización académica pueden ser encontrados en la obra del fisiólogo chileno Alejandro Lipschutz para explicar cómo la estratificación de la colonización española en América estaba fundamentada, en buena parte, en el color de la piel y que las jerarquías que se creaban a nivel de la estructura socio-racial; también se encontraban fundadas en dicho color de la piel.

A principios del siglo pasado, el antisemitismo en Europa inició como un movimiento de denostación contra los judíos de religión que al poco tiempo derivó en persecución y marginación jurídica.
Para muchos grandes científicos, músicos e intelectuales judíos, la salida cosmética, pero efectiva, fue cambiarse al catolicismo o alguna religión del cristianismo.
Ante lo que se consideró una afrenta, el antisemitismo emergente en los primeros años de 1900 decidió cambiar la persecución religiosa a lucha racial; así, los judíos conversos no estarían a salvo.
El genial músico Gustav Mahler no escapó de ese futuro dantesco; el exitoso director de la Hofoper (Ópera de Viena) tuvo que emigrar a Estados Unidos como director de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, donde falleció en 1911.
Una trampa más fue activada en esta efervescencia de país que estamos protagonizando; bajar la guardia no es opción.

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