Pemex en la cuarta transformación

Irrepetible e inmejorable ventana estratégica de oportunidad para emprender la internacionalización de nuestra industria petrolera

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Andrés Manuel López Obrador. Ahora es cuando

La nación mexicana es titular única, inalienable e imprescriptible, de los recursos naturales del subsuelo del territorio nacional y sus aguas territoriales. Esos derechos los adquirió, originaria y directamente, como herencia de la Corona española al obtener su independencia. Como en muchos otros países, se trata de derechos inherentes e inseparables de la soberanía. Son derechos soberanos del soberano. Y en México, el soberano es la nación. No el pueblo; no el Estado; no el gobierno; no Pemex. La nación, y sólo la nación. Nadie puede ser despojado de lo que no posee aún. Y es fundamental entender que los recursos del subsuelo en materia de hidrocarburos son derechos a una riqueza que probablemente exista, según los mejores datos disponibles, pero no son “petróleo” ni gas hasta que, en efecto, se les localice con precisión, se perfore y se les extraiga.

El objetivo del gobierno de Andrés Manuel López Obrador en esta nueva etapa de Pemex es aumentar la producción de petróleo y gas a 2.4 millones de barriles diarios y refinar 600 barriles de crudo. En la cuarta transformación, Pemex formará 15 grupos de empresarios: Ocho nacionales y siete entre mexicanos y extranjeros. Todos participarán en las licitaciones de la infraestructura de producción de petrolíferos de los 20 campos petroleros descubiertos en aguas someras y de tierra. Entre el 15 de enero y el 24 de abril de 2019, la paraestatal, que dirige Octavio Romero, estaría firmando los primeros nuevos contratos con los ya citado grupos empresariales. Todo en la nueva refinería de Dos Bocas, Tabasco, al tiempo de reducir de 60 a 15 meses los plazos en el proceso de evaluación y transferencia de descubrimiento de pozos petroleros a su desarrollo y producción, y de 270 a 22 días la aprobación de los planes de desarrollo. Se trata de acelerar la extracción de crudo de los nuevos 20 campos descubiertos recientemente, 16 en aguas someras del Golfo de México y cuatro en tierra. Para su desarrollo, los 20 campos petroleros se dividieron en cinco grupos. El primero tendrá 16 pozos de tres campos; el segundo 22 pozos de cinco campos; el tercero 24 pozos de seis campos; el cuarto 11 pozos de dos campos y el quinto 44 pozos de tres campos. Cada uno de los grupos estará trabajando, como mínimo, en dos frentes simultáneos.


Así, después de 12 años, en que la mayoría de las inversiones, esto es, 41%, se aplicó para el desarrollo de campos en aguas profundas, ahora se redireccionará hacia aguas someras, con máximos de 90 metros de profundidad y tierra. Y es que, hasta el momento, la Reforma Energética no ha tenidos los resultados esperados, que era una producción de 3 millones de barriles diarios para este año y una inversión de 4 mil 73 millones de dólares. Esto, en parte, porque los entes reguladores del sector energético, como la Comisión Nacional de Hidrocarburos, demoran hasta cinco años para autorizar el desarrollo de los campos petroleros. Actualmente, la CNH ha otorgado, en las rondas petroleras, 110 contratos a 74 empresas de 26 países. Entre ellas destacan Snamorogetti, UOP, Kellog, Bechtel, Technic, Shioda, ICA Fluor, Repsol, Premier Oil Exploration and Production México, Sierra Oil and Gas y Deustche Erdoel, entre otras.

Hoy, México requiere del concurso de entidades privadas y mixtas, nacionales y extranjeras, que aporten conocimientos tecnológicos, destrezas gerenciales y redes logísticas y comerciales, además de recursos financieros de los que, hoy por hoy, no disponemos y que resultan indispensables para convertir nuestras presunciones geológicas en “nuestro petróleo”, y, luego, éste en riqueza efectiva y duradera. Se vuelve imperativo configurar las alianzas y adquirir las tecnologías y los capitales que, compartiendo el riesgo de emprendimientos formidables, nos permitan llevar al mercado global los hidrocarburos de nuestras reservas. Para ello se necesitan destrezas tecnológicas avanzadas y miles de millones de dólares anuales que hoy no tenemos.  Además, no conviene que México asuma por sí sólo los inmensos riesgos asociados a operaciones de tal envergadura y de tales complejidades e incertidumbres. Piénsese tan sólo en la catástrofe nacional que confrontaríamos si México tuviera que hacer frente, por sí solo, a las reparaciones de daños resultantes del descontrol de un pozo en aguas profundas del Golfo de México, tal y como le ocurrió a British Petroleum.

El gobierno del Presidente López Obrador busca que Pemex se asocie con empresas mexicanas, mixtas y extranjeras en modalidades que incluyen contratos de servicios, de utilidad o producción compartida, o de licencias, para la exploración y extracción de crudo e hidrocarburos sólidos, líquidos o gaseosos. México sigue y seguirá siempre siendo propietario de los hidrocarburos de su subsuelo, sea en tierra, en aguas someras o en aguas profundas. La nación mexicana es y será siempre titular única, inalienable e imprescriptible, de los recursos naturales del subsuelo del territorio nacional y sus aguas territoriales.

Además, el Presidente López Obrador y su canciller, Marcelo Ebrard Casaubón, saben que estamos ante una irrepetible e inmejorable ventana estratégica de oportunidad para emprender la internacionalización de la industria petrolera mexicana (IPM). Ambos entienden que ya, hoy, el principal activo petrolero de nuestro país no son sus reservas probadas de crudo y gas en el subsuelo, ni su producción, que declina inevitablemente, sino las destrezas tecnológicas de la empresa pública, Pemex, las diversas empresas privadas – Grupo Alfa, TAMSA, HYLSA, etcétera-, que han sido sus contratistas y ahora están listas para asociarse en nuevos emprendimientos, así como los centros de investigación –IMP, centros Conacyt etcétera- y universidades –UNAM, IPN etcétera-, que les dan soporte tecnológico y forman a los geólogos, ingenieros y técnicos que son el núcleo de su capital humano.

Como en su momento lo hicieron las hoy grandes multinacionales petroleras –BP, Shell, Chevron, etcétera- con el apoyo de los complejos industriales y universitarios, y de la diplomacia de sus respectivos países, a la IPM le ha llegado el momento estratégico para salir a adquirir reservas en otros países. Con los actuales precios del crudo, esas adquisiciones pueden hacerse con cierta ventaja, que no durará para siempre. La IPM ha desarrollado destrezas y capacidades de primer nivel mundial en la localización, desarrollo y explotación de reservas de crudo y gas en diversas formaciones geológicas y, particularmente, mar adentro en las de aguas someras.  Y este tipo de condiciones existen en diversas latitudes fuera de México, comenzando por Cuba, que en aguas someras de la plataforma continental de Matanzas produce, desde hace ya algunos años, un crudo pesado y azufroso que se asemeja a nuestro maya. Este crudo despuntado con combustóleo venezolano alimenta alguna vieja termoeléctrica de herencia soviética y complementa el combustible en algunas plantas de ciclo combinado de origen canadiense que venden, en divisas, la electricidad a los hoteles de Varadero. Es claro que esta cuenca está subexplorada y subexplotada, en espera de los petroleros mexicanos.

Semejantes oportunidades están latentes en otras regiones del Caribe, Centro y Sudamérica. Y, sin duda, las hay también en la costa occidental de África, comenzando con Nigeria, pero no sólo ahí. Y no olvidemos el sudeste asiático, el Mar de China, las Filipinas e Indonesia. En breve, hay, literalmente, un vasto mundo de oportunidades esperando las capacidades y las destrezas de los petroleros mexicanos a través de nuestras empresas, tanto las públicas como las privadas. Y aclaro que financiar estos emprendimientos no es cosa de seguir endeudando a Pemex o a la hacienda pública mexicana. Para cada emprendimiento habrá de constituirse un consorcio cuyos bonos serán colocados en mercados bursátiles que los evaluarán y cotizarán conforme a los datos geológicos, geofísicos, etcétera, de cada reserva adquirida. Precisamente así se financian las grandes empresas petroleras del planeta.

Con el tiempo, los precios internacionales del crudo y el gas natural volverán a sus niveles reales de principios del 2014. Esto dependerá, sobre todo, de la dinámica del crecimiento económico mundial y de las decisiones estratégicas de los grandes propietarios de reservas de la península arábiga en cuanto a impedir que los petroleros de otras latitudes y las energías renovables les roben, permanentemente, el mercado. Cuando eso suceda, y sucederá, sin duda alguna, México obtendrá importantes ganancias y será, en delante, una potencia petrolera mundial, pero lo será solamente si, hoy, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, con el apoyo de su canciller, Marcelo Ebrard Casaubón, toma el liderazgo para llevar más allá de México a nuestra industria petrolera. Ahora es cuando.

 

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