Paseo por las nubes de Arturo Herrera

Realidad, que, como cualquier economista sabe, es terca, lo espera a la vuelta de la esquina

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A los diputados les habría encantado escuchar del nuevo secretario de Hacienda que mientras él y el resto del equipo se esforzaban en sacar adelante los asuntos controvertidos del Presidente López Obrador y, además, hablar con los expertos extranjeros que no digieren los planes financieros de la Cuarta Transformación (4T), Carlos Urzúa se entretenía buscando oficinas porque al mandatario ya le urge vivir en Palacio Nacional. Era su única preocupación.
La comparecencia, ante los diputados, para poder despachar, formalmente, como secretario de Hacienda resultó, para Herrera, una especie de conferencia mañanera de López Obrador en la que las preguntas más agudas fueron del tenor de si será capaz de decir “no” al Presidente cuando esté en desacuerdo.
Pura obviedad para Perogrullo, no para quien tiene enfrente el mayor de los retos del gobierno, es decir, el cumplimiento de los costosos programas sociales puestos en marcha por el Presidente, evitar que, con tanta austeridad, el gobierno sufra parálisis y convencer a los mercados internacionales de que México sigue siendo confiable para invertir.
Ahora habrá que olvidar poco a poco a su antecesor, a menos que Urzúa decida seguir haciendo público su abanico de desacuerdos con las políticas fundamentales económicas que lo llevaron a desertar del equipo de López Obrador cuando llegó a la conclusión de que al final de la jornada puede estar el desastre del que no quiere participar, como huyó cuando tenía la misma chamba en el Gobierno de la Ciudad de México.
Arturo Herrera estuvo con la Comisión de Hacienda de la Cámara de los Diputados y se comportó como se espera de un titular de las finanzas públicas, sin calificativos, es decir, ni de derecha ni de izquierda, ni neoliberal ni proclive a los movimientos sociales.
Fue muy claro en su exposición original al exponer las prioridades del gobierno de la Cuarta Transformación (4T): Generar crecimiento económico, reducir la desigualdad, mantener estabilidad macroeconómica, tener finanzas públicas sanas, promover la inversión privada y, desde luego, apoyar a la empresa detonante de la economía del país, Pemex.
No se requiere militar en la 4T para estar consciente de que en México superviven dos mundos, uno con índices de bienestar como el Reino Unido y el otro como la República de Burundi.
Por eso tiene claro que se debe respetar la autonomía del Banco de México para mantener la estabilidad macroeconómica y, en consecuencia, sanas las finanzas públicas.
La exposición de Herrera ante los diputados la pudo suscribir cualquier de sus antecesores, hasta Urzúa. Abundaron los conceptos inteligentes: Controlar la deuda pública, fortalecer las fuentes de ingreso, racionalizar el gasto y combatir la corrupción.
Nada nuevo; lo elemental.
Si acaso, su mención de mantener proyectos de infraestructura, como los trenes Maya y Transístmico, le generarán críticas porque a la vista de los expertos son inviables, al igual que la construcción de la refinería de Dos Bocas y la cancelación del aeropuerto que se construía en Texcoco.
Y, desde luego, su esfuerzo porque nos sacudamos el temor que causa la recesión avizorada por los expertos.
No rehuyó el tema; de hecho, lo tocó de inicio, antes de que le preguntaran. Lo hizo en un tono que más bien pareció el de un profesor que se dirige a sus discípulos de primero de plastilina en el primer semestre de Economía:
“Las tensiones comerciales y la desaceleración a nivel global no son los únicos nubarrones que hay; periodos de auge y recesión son parte de la naturaleza de la economía que vamos a tener”.
En efecto, la comparecencia de Herrera ante la Comisión de Hacienda de la Cámara Baja fue un paseo por las nubes, como lo será su aprobación, el jueves, en el salón de Plenos, pero la realidad, que, como cualquier economista sabe, es terca, lo espera a la vuelta de la esquina.
El Tren Maya, Dos Bocas, el NAIM, los programas sociales, el desabasto de medicamentos, la falta de dinero y los problemas crediticios de Pemex, le quitarán el sueño, pero eso tampoco es novedad porque cuando Urzúa dormía como un lirón, él ya se mantenía en vigilia, pues su entonces jefe ya amenazaba con marcharse en uno o dos años, pero López Obrador le abrió la puerta antes.

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