Partidos políticos, ¿para qué?

Su falta de visión y compromiso hicieron de la simulación un arte; transformaciones que promovieron se orientaron más a controlar que a producir bienestar tangible para una población con muchos satisfactores por cubrir

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Lorenzo Córdoba Vianello. Donde hay un sistema de partidos en crisis, la democracia está en la misma situación

Dentro de la catarsis de reconstrucción nacional que se avecina, emanada del triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador que ya se hace presente con su “abrumadora mayoría” y con su “bandera de austeridad” en el Legislativo, con mayor precisión en las cámaras de Senadores y Diputados; pronosticando una apertura administrativa en el sector federal llena de buenos deseos, optimismo, incógnitas, pero, sobre todo: incertidumbre.

Una apuesta que debe de ser a favor y en beneficio de México, donde los partidos que conforman el espectro político de la plataforma democrática mexicana no son ajenos a los efectos poselectorales generados por lo que se ha dado en llamar la Cuarta Transformación.


Un posicionamiento que le reditúa contar con la mayoría en el Legislativo a favor de su agrupación política, con adiciones incomprensibles institucionalmente hablando como las del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), produciéndoles una autonomía de funcionamiento no recomendable en el equilibrio democrático del país.

Un fortalecimiento que está transformando su actuar (ya se apreció en la instalación de la 64 Legislatura del Congreso de la Unión) que, con esas detonaciones de comportamiento, no se aprecia si abonará en el proceso democrático de libertades y equidad que se deben generar en esos recintos, o estamos en la víspera de que se empieza a fecundar un retroceso hacia el “autoritarismo”.

Un sistema de gobernanza por tanto tiempo rechazado por la izquierda representativa, y, que hoy, bajo el manto de esa etiqueta, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) la acapara y bajo su estandarte asumirá un poder imprevisto: esperando que no olvide su pasado.

Un triunfo irrefutable, sustentado por los votos obtenidos en las pasadas elecciones; que constituyen y revisten de un poder de decisión e imposición a Morena, pero con mayor significado a López Obrador, en casi cualquier ámbito legislativo del territorio nacional, donde se podría conformar un liderazgo difícil de sustraer de un poder absolutista.

 

DOMINIO

Un dominio que produce un desequilibrio preocupante entre las fuerzas políticas subsistentes para la democracia nacional, que, en las últimas décadas bajo su contexto de pluralidad política, no pudieron consolidar un posicionamiento real que los identificara en defensa irrefutable para la sociedad que representaban.

Actuaciones disímbolas que generaron dispersión de poder y espacios de tiempo democráticos encaminados al vacío, sin una lógica que les diera legitimidad y justificación de la autoridad que se les otorgó.

Una representación donde hoy, Morena, establece los tiempos, fomenta las deserciones y debilitamiento de las agrupaciones políticas en función, fijando el rumbo de actuación de la agenda legislativa, donde el sistema partidista parece que ya no tiene un espacio de acción.

Un arribo al poder de tal significado, que está promoviendo la transformación en espacio y tiempo de la estructura democrática que nos regula actualmente, generando un desconcierto pronunciado sobre el funcionamiento y el futuro de los partidos políticos.

 

DESAPROBADOS

Institutos políticos a los que antes de la debacle electoral producida el 1 de julio anterior, según datos del Latinobarómetro 2017, en México el 91 por ciento de la población desaprobaba a estas agrupaciones, generándoles una etiqueta de aceptación del 9 por ciento, muy por debajo del estándar promedio de América Latina que es del 15 por ciento.

 

LA SIMULACIÓN

Un sistema partidista que, por su falta de visión y compromiso, hizo de la simulación un arte y la convirtió en proyecto de nación, donde las transformaciones que promovieron se orientaron más para controlar que, para producir bienestar tangible para una población con muchos satisfactores por cubrir.

Un sistema partidista que diseñó su propio país, donde todo era negociable sin importar la ley, donde la nación adoptó a los partidos políticos y no los partidos políticos a la nación con sus exigencias y necesidades, y hoy, viven el despertar de una sociedad que se representa a sí misma, porque todos los modelos preconcebidos le han fallado, generando su voto de castigo, dando paso a un gobierno del cambio que les genera muchas expectativas.

 

DEMOCRACIA MAL ENTENDIDA

Bajo el entorno de las circunstancias que produce la reciente elección, excluida mas no en el olvido, ha quedado la grandeza y miseria de la política mexicana, esa actuación cívica pragmática, flexible y oportunista, cuyos resultados generaban más elogios a la prosperidad que a la honestidad.

Con poco espacio de continuidad, se encamina la democracia mexicana hacia una reconfiguración, cuando transitaba lentamente, pero con signos palpables en la generación de equilibrios para la pluralidad política que la asistía.

Una zona de actuación largamente obstaculizada para el concurso de la libre expresión, que, al sacudirse ese yugo, pretendía arribar a lo que una vez sintetizó utópicamente Carlos Castillo Peraza: “Las ideas políticas que triunfan, son las ideas que luego se vuelven cultura”.

Un proceso de fortalecimiento estructural que se fue consolidando de manera más consistente en los periodos de transición o alternancia, donde el poder hegemónico se fue dispersando, diluyéndolo y empujándolo sistemáticamente a su extinción.

Una transición donde se pretendía desterrar para siempre la práctica cotidiana del abuso del poder, siempre recriminable, que se hacía presente bajo el silogismo de: “Cuando la política entraba por la puerta, la justicia salía por ventana” que puso en la palestra de la reflexión José López Portillo.

Una cultura de privilegio que las élites defendían sobre cualquier filosofía, olvidándose de su compromiso social, monopolizando a su favor y de sus grupos, el poder, con todas las ventajas y prerrogativas que lo recubría.

Privilegios que en los tiempos de la austeridad república son exhibidos y en un futuro próximo cancelados, con el beneplácito de las mayorías, en espera que se eficiente ese dispendio por tantos años solapado.

 

EL EXTRAVÍO

Dónde se extraviaron esas organizaciones concebidas para agregar y estructurar demandas sociales y canalizarlas hacia las esferas donde se toman las decisiones públicas para construir la legalidad que resolviera la lucha por el poder.

Esa representación que hoy se exhibe con descrédito, que padece el rechazo y el desconocimiento de un electorado pensante y actuante que quiere hacer valer su posición.

Esas representaciones en cuya historia pasada y presente siempre defendieron el objetivo racional y simplista de ganar elecciones, evadiendo el valor más alto de congruencia entre “el decir” y “el hacer” que caracteriza al político responsable, muy distinto al oportunista y de temporalidades.

Esas fuerzas políticas que se debieron reconfigurar en el tiempo para cumplir su encomienda cívica, construyendo alianzas para fortalecimiento de la ciudadanía, significándose en épocas recientes en la edificación de complicidades, muy alejadas de las demandas sociales que debieron reconocer, representar y participar en su construcción.

 

UNA PLURALIDAD FALLIDA

Esa pluralidad política que fue evolucionando hasta que se sacudió el “autoritarismo”, logrando implantar progresivamente un sistema democrático perfectible, con un régimen de partidos multipartidistas donde en las dos primeras décadas del este siglo tres partidos dominan el escenario electoral, aunque en su equilibrio disfuncional paralizaban al país, pero sus reformas electorales se concebían para generar procesos de equidad entre los contendientes.

Morena, bajo la directriz de López Obrador, no sólo impondrá una austeridad republicana que se deberá replicar en todos los ámbitos que se alimenten de recursos públicos, iniciando el proyecto de reconstrucción del país.

Un movimiento con carátula de partido, con su extensión de poder y un futuro muy comprometido, promoviendo con sus acciones inexorablemente el preludio de muerte del pluralismo partidista.

Su triunfo ha resquebrajado el sistema de agrupación política, donde los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), han dejado de ser mapa de representación, direccionándose a la extinción o su refundación.

Donde las coaliciones entre partidos diseñadas más para competir con alternativas coherentes, perdieron su esencia de agrupación por los intereses e ideologías tan encontradas y disfuncionales.

Donde las figuras independientes concebidas como un medio para castigar a la partidocracia, perdieron presencia, identidad y representación.

Bien lo señalaba Lorenzo Córdoba Vianello, presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), la crisis de legitimidad de los partidos políticos en México y el mundo es preocupante, porque donde hay un sistema de partidos en crisis la democracia está en la misma situación.

Disertación a la que es oportuno agregar la de Ernesto Ruffo Appel quien señalara: “En México debe construirse un nuevo paradigma político, pues el actual murió agotado en la corrupción que ha invadido toda la vida pública gubernamental”, porque el México de hoy se encuentra con un régimen político disfuncional a merced de la cooptación.

 

LAS PRERROGATIVAS

Ahora que la Comisión de Prerrogativas y Partidos Políticos del Instituto Nacional Electoral, aprobó para el año 2019 el proyecto sobre el financiamiento público para los partidos políticos nacionales por un monto de 4, 965 millones de pesos, es tiempo de reflexión de la ciudadanía que cubre con sus impuestos esas asignaciones.

Porque ahora los tiempos de la política se deben medir por los apoyos, pero sobre todo por los resultados, destacando en el imaginario la siguiente pregunta: ¿Son funcionales y necesarios los partidos políticos?, o, es el momento del ajuste funcional y presupuestal que se les destina, porque México no debe ser un país de conocidos privilegiados, sino generador de conocimiento en favor de la población, aflorando la respuesta con todos los antecedentes expuestos y muchos más por relatar: los partidos políticos para qué.

 

 

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