Paciencia, señor, paciencia

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PUES SÍ: QUE SEA UN GRAN AÑO, NO LO QUE PARECE…

Hace apenas unos días el Papa Francisco, encabritado porque una señora le da un jalón en la manga para atraerlo, se desespera y le brinda no una bendición, sino un manotazo. Ahora, se disculpa por el mal ejemplo y por no tener la paciencia necesaria para soportar la  presión de los eventos masivos.

Sin duda debe ser para los “famosos” un terrible momento cuando no se encuentran de humor el tener que atender a los fans y los peticionarios. Los políticos deben mantener la paciencia y la calma. Hace ya muchos ayeres me enviaron a conseguir un empleo con uno de los políticos importantes de la época, este me recibió y me indicó que esperara sentado en una silla fuera de su oficina. Entraba y salía y después de varias horas, casi al salir le pregunté cuáles serían mis tareas y este me dijo: “pues si quieres trabajar con un político lo primero que debes hacer es demostrar que tienes la paciencia y la serenidad para hacer tus ‘horas nalga’, sin chistar ni preguntar, es como un examen” y bueno, dejé el interés por la política activa porque no me gustó estar de florero esperando que me llamaran… pero al parecer este es uno de los primeros ejemplos para que los hombres que se dedican a la política adquieran la formación y la paciencia y así domesticados y sin hablar ni chistar, los que los ocupan están seguros de que no les fallarán, hacen las cosas sin preguntarse nada, simplemente cumplen las instrucciones, por eso ahora estamos como estamos y nadie, al parecer, se explica el cómo desaparecen de los presupuestos miles de millones de pesos en truculentos movimientos con los cuales también se deciden cumplir la tradición de castigar a los que no hayan sido leales a los que hoy detentan el poder o que les hayan causado males y problemas en su llegada al poder, y pues que nadie se queje, así, también, es la política. Unos roban, para ellos, una parte, y lo demás, para las tareas políticas… de sus jefes…

En otra de las ocasiones acompañando al Dr. Gustavo Baz en una gira de trabajo por el Estado de México, allá por los rumbos de la Gavia que pertenecía en esos tiempos al Chope Albarrán, y con Carlos Hank como gobernador, en un evento masivo, me quedé hasta atrás de la multitud, y de pronto llegó una viejecilla desdentada y totalmente arrugadita y sin poderle calcular los años, caminando con un palo como bastón se me acercó y me preguntó si estaba el Dr. Baz entre aquellos políticos, no preguntó por el gobernador ni por los demás, sino por el Dr. Baz que tenía muchos años de haber sido gobernador, por primera ocasión, en los tiempos de la Revolución, y después, en los tiempos de Ruiz Cortines y de López Mateos. Le contesté que sí, que ahí estaba, y me rogaba la viejecilla que le llevara ante él porque quería saludarlo y tocarlo, porque quería saber que de verdad existía… así me fui abriendo paso y cuando terminaba el evento la acerqué con el Dr. y la viejita, llorando, lo abrazaba y lo acariciaba, diciéndole: “Pues sí es usted el que me salvó la vida hace muchos años, en una operación, y desde ese tiempo le debo el agradecimiento, mi doctorcito”… “Dios le tenga en su gloria”, y llorando, se retiró, dándome las gracias por llevarle ante el Dr.

Cuántos profesionistas en la universidad  rodearon al Dr. Baz a lo largo de los años, le solicitaban consejo para ejercer sus profesiones sabiendo que él, tenía, en su consultorio en el Hospital de Jesús, un letrero que decía que ahí no se daban cartas de recomendación. Creo que pasaron cientos y miles, todos los días en los famosos desayunos del Club de Golf Campestre Churubusco, ya que ahí, con sus amigos, al terminar sus partidos diarios, se reunían a desayunar y recibía a algunos de sus alumnos y estudiantes que le querían saludar y escucharle en sus largas experiencias en la vida profesional y política en el país y, la primera recomendación que hacía era: “NO hablen mal de nadie”, uno no sabe cuándo tendrá que responder por las críticas, ustedes no son jueces y por tanto no pueden juzgar a los demás, mejor observen la realidad del momento en que viven esos políticos, y de acuerdo al tiempo y la circunstancia, deben valorar sus determinaciones y aprender de ellas, porque no se puede aplicar siempre, en aparentes casos similares, las cosas se resuelven diferente, por ello, para cambiar la realidad, es preciso conocerla… y así se forjaron muchas generaciones a su lado, no como ciegos servidores, sino como guía de muchos de ellos que entendían esos consejos, y por supuesto, sabía cada uno, la obligación de la paciencia y el tener el valor de enfrentar las cosas y responder a los políticos con la verdad, inclusive a riesgo de ser eliminados de una carrera dentro de la política, porque, primero, la obligación de cualquiera era decirle la verdad al político y no ser su incondicional borrego… y esto, al parecer, no todos los políticos lo aguantan, no soportan las críticas, y por eso, que sin reflexionar, cometen injusticias y errores de los que sufren muchas consecuencias… porque se creen eso de que el poder es para ejercerlo siempre, y pierden el piso de la humildad y de la realidad…

A lo mejor, los políticos pretenden conocer de todo, y la verdad es que no hay TODÓLOGOS, por esa razón, deben consultar a los especialistas porque por mucha experiencia en el ejercicio del poder que tengan, no se conoce de todo lo que se debe resolver. Así se valora a los jefes y los subordinados o compañeros de viaje de los políticos porque también deben tener el valor de aclarar que cuando saben digan lo que es en realidad, y si no, es mejor decir, no sé y callar. Creo que no hay manera de ocultar el valor del silencio y de lo bien que es el preguntar, porque como decía el Tío Lolo: “el que pregunta, no se equivoca”… por esto, casi al llegar al final del espacio de Guadalupe-Reyes, pues podemos solicitar, como regalo, que nos quiten lo pentonto y aprendamos a preguntar y a saber callar… con paciencia y salivita, dicen, que un elefante, “convenció” a una hormiguita… paciencia señor, paciencia… es vital para los famosos….

 

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