Organizaciones innecesarias…

Un nuevo modelo de gobernar que, inaugura una nueva convivencia perfectible de construir para transitar por procesos de equidad por mucho tiempo distantes en su ejecución

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En el proceso de conectar política y administración, Andrés Manuel López Obrador llegó a los 100 días de gobierno que, pareciera ya un sexenio, sin establecer esa conexión tan necesaria para bien gobernar.

En la trasformación que persigue para reconstruir al país, donde aparece la división irreconciliable de adeptos y los que no lo son; divide a la nación, donde resalta su aceptación como figura política como nunca se había tenido registro en el México postrevolucionario; quedando en la expectativa sus resultados como gobernante; cuyas secuelas lo consolidarían con sus seguidores, y, acallaría a quienes le apuestan lo contrario.

Un tiempo auto infligido, demasiado limitado, olvidándose de las paradojas mitológicas del mismo, en el que para el hombre primitivo no tiene sentido ese espacio, no así para el civilizado que es su razón de vivir, condicionar y disfrutar, y, por consiguiente, la medición de resultados.

En su empeño transformador, un punto de reflexión propositivo sería el recordar a la cantante norteamericana Billie Holiday, que solía recomendar: “Lo difícil lo haré ahora mismo. Lo imposible, tomara un poco de tiempo”, en alusión que no por mucho abarcar, se avanza más rápido.

Ante esta mención del tiempo, es saludable rescatar a Isidro Fabela: “Más vale sorprender con una mejora inesperada que, desilusionar con promesas incumplidas”.

Lo cierto es que, la historia nos recuerda constantemente que en su espacio de acción, se ha generado en su exposición detractora;  ignorancia, oscurantismo y rebaños de esclavos para la tiranía.

Siendo recomendable soslayar estos pasajes y, retomar lo que alguna vez anunció a manera reformista Agustín de Iturbide: “Nunca es malo lo que el tiempo ofrece”.

Ya que por el bien del país, y de las futuras generaciones, la apuesta está en la mesa, con los mejores deseos de éxito para generar equidad, justicia y bienestar para todos los mexicanos.

Un nuevo modelo de gobernar que, inaugura una nueva convivencia perfectible de construir para transitar por procesos de equidad por mucho tiempo distantes en su ejecución.

Un factor de descomposición social que fue distanciando y vulnerando a los menos favorecidos, lamentablemente las mayorías del país, que hoy, se pretende rescatar.

 

AUSTERIDAD

En la parte ejecutora de este proceso de transformación, sin duda, resalta la aplicación y ejecución de la llamada “austeridad republicana”.

Un proceso de control del gasto público encaminado principalmente para terminar con el dispendio, ineficiencia y corrupción de su ejercicio; aunque como todo nuevo modelo que irrumpe en la rutina, practica o afectación; trae consigo malestares, incomprensión y hasta víctimas.

No obstante su aceptación y desacuerdo, es un paradigma que debe perfeccionarse y hacerse presente en forma perentoria en todos los procesos del gasto público, para cualquier destino, en todos sus ámbitos de actuación.

Ante este contexto que debe ser innegociable en la administración pública, respaldado por una demanda permanente de la sociedad; los partidos políticos deben ajustarse a los parámetros de actuación financiera que ha impuesto al actual gobierno.

La adecuación de su financiamiento, no debe quedar en propuesta y manejo político, clásico en esta plataforma de poder.

La reducción del 50 por ciento de la asignación de su financiamiento público, deberá ser acordada y establecida constitucionalmente;  prolongándose más allá en sus dividendos con la reducción de diputados y senadores, que desde la administración de Enrique Peña Nieto se había puesto sobre la mesa de negociación.

Como un sustento más de esta alocución, en reciente encuesta publicada por el diario El Universal, los partidos políticos son los sectores de la sociedad que tienen más impactos negativos de aceptación de parte de la ciudadanía, con un 3.9 por ciento, los números y hechos hablan por sí solos.

 

SIN FUTURO

La crisis de los partidos políticos, llámese PRI, PRD y hasta el PAN, porque la “chiquillada”, como describiera Porfirio Muñoz Ledo al resto de los partidos “satélites” de la estructura política mexicana (estratégicamente subsiste coaligándose con el vencedor en turno), atraviesan después de las elecciones presidenciales pasadas sin futuro; trayendo a colación lo que señalaba Jesús Reyes Heroles: “En política, no contamines el futuro con el pasado, porque su historia contamina el porvenir”.

El triunfo de legitimidad que obtuvo López Obrador, puso, a su vez en entredicho la fórmula democrática por muchas voces propuestas como  “la segunda vuelta” en elecciones presidenciales, reconstruyéndose la estructura de civilidad que nos conduce, en las que los partidos que nos han gobernado, incluyendo al PRD, sufrieron un severo castigo que los ha dejado fuera de toda representatividad.

La partidocracia mexicana, sostén del proceso democrático nacional, se convirtió en un receptáculo donde fluyen grandes cantidades de dinero público, poco significativas de resaltar para fortalecer el cauce de libertad de la nación.

Apreciando la ciudadanía que las prerrogativas dirigidas hacía los partidos se han utilizado  para empoderar, generar una zona de confort y hasta enriquecer a un puñado de líderes que olvidaron las propuestas visionarias de la política pública y su representatividad, pagando con su omisión e ineficiencia el despreció del electorado.

Convirtiéndose en agrupaciones sin opciones, sin salida, sin relevo generacional, distantes de la representatividad que ostentaron, con un descrédito difícil de sacudirse, traduciéndose todos estos calificativos en decadencia, orientados hacia un camino de extinción ante la efervescencia de Morena que pudiera convertirse en un partido hegemónico.

 

PAN, PRD Y PRI

Sin narrativa de futuro, sin propuestas atractivas que atraigan militantes y seguidores, fracturados, sin credibilidad ante un electorado desencantado, con dirigentes débiles, desdibujados, ante la pérdida de figuras históricas o carismáticas que pudieran aglutinar un protagonismo que se traduzca en contrapeso y representatividad que eviten tiempos de decadencia, la tríada política de los partidos más longevos ya no son mapa para un electorado desencantado, exigente y politizado que hoy en día elige y exige a sus gobernantes.

De aprobarse el recorte del financiamiento público, con todas sus deudas contraídas y sus plantillas burocráticas injustificadas, PRD, es el principal partido que peligra en su vigencia.

Los partidos dejaron de ser organizaciones necesarias porque sus dirigentes sin oficio y convicción, de casualidad y convivencia, desterraron a su militancia y defraudaron a sus representantes, aunque la democracia con su sistema pluripartidista los siga reclamando.

 

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