‘Operación cicatriz’ en el PRI por candidatos simpatizantes

Hasta hoy, el partido tricolor nunca ha postulado a un candidato presidencial no priísta. En cualquier caso, Meade y sus promotores, si el traje será confeccionado para él, deberán apurarse con la ‘operación cicatriz’ para que nadie se quede lastimado

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En definitiva, todo parece indicar que el PRI optará por postular como candidato presidencial para el 2018 a un personaje ajeno a su militancia, pero reconocido por la sociedad como honorable y eficaz en su trabajo. Le llaman “candidato simpatizante”.

Si así ocurre, Miguel Ángel Osorio Chong, Manlio Fabio Beltrones, Eruviel Ávila, Aurelio Nuño, José Narro y Enrique de la Madrid podrán preguntarse con todo derecho de qué les sirvió hacer talacha partidista si en el momento estelar el impedimento para buscar la candidatura presidencial es militar en el PRI.

¿De qué le sirve a Osorio Chong encabezar las encuestas como el priísta mejor posicionado?

El compromiso de la noche del lunes de los gobernadores priístas con Enrique Ochoa Reza consistió solamente en dar luz verde a los candidatos “simpatizantes”, lo que significa que el PRI podrá postular a ciudadanos no priístas a cualquier puesto de elección popular, incluida la Presidencia de la República.

Los llamados “candados” (los que quedan después de la poda que hizo César Camacho cuando presidía el PRI) serán tema hoy de la mesa de Campeche, pero no habrá noticia.

En realidad, no lo será ni siquiera la aceptación de candidaturas de los llamados “simpatizantes”, lo que sea que esto signifique, porque en los hechos basta una alianza electoral con cualquier partido político, el PES, por ejemplo, para que los estatutos de ambos partidos sean suplidos por las normas que acuerden.

En el pasado los gobernadores priístas mandaban sobre los delegados a las mesas de la asamblea del PRI; si la costumbre se mantiene se da por descontado que la mesa de estatutos aprobará la postulación de los “simpatizantes” aún sin alianza con otro partido, lo que equivale a dar razón a la sospecha de que el candidato presidencial del PRI podría ser el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, que ha demostrado su simpatía por el tricolor asistiendo a algunos de los eventos encabezados por Ochoa Reza.

Se da por descontado que Emilio Gamboa y César Camacho no tendrán problema para que la mesa apruebe esta modalidad; es consenso que los priístas que han hecho pública su oposición a la modificación de los estatutos en realidad buscan ser silenciados a base de candidaturas a diputados y senadores, por ejemplo.

Como sea, nada es definitivo porque existe la posibilidad de que durante los dos días en que los priístas sesionarán en Campeche pudiera ocurrir un evento imprevisto que ni Gamboa con su reconocida capacidad negociadora pudiera controlar.

No es casual que al coordinador de los senadores priístas encomendaran la misión de sacar adelante el polémico tema de los simpatizantes, pero hasta él sabe que si consigue convencer a sus compañeros de partido será bajo protesta y con consecuencias que nadie se atrevería a predecir.

Hasta hoy, el PRI nunca ha postulado a un candidato presidencial no priísta, pues más allá de lo que digan sus críticos y enemigos, Ernesto Zedillo lo fue y, hasta donde sé, lo sigue siendo.

En cualquier caso, Meade y sus promotores, si el traje será confeccionado para él, deberán apurarse con la ‘operación cicatriz’ para que nadie se quede lastimado.

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