No te vayas jefe

Incondicional lealtad y disposición a seguir escuchando orientación y consejos de Carlos Romero Deschamps

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Para el hijo de Clemen

 

Serían las 12 horas con 15 minutos de este miércoles cuando Alfredo Mier y Concha  se dirigió al secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana y le dijo: “No te vayas jefe y amigo”, y después de explicar que “como siempre me has dicho que la mayoría manda” enfrentó a sus compañeros líderes de las otras 36 secciones y les pidió que manifestaran levantando la mano que “no queremos que se vaya Carlos Romero”.

Los dirigentes de las 36 secciones del sindicato petrolero se pusieron de pie; levantaron la mano; dijeron “que se quede”. El dirigente de la sección 35, de Tula, Hidalgo, se dirigió al secretario general del gremio y le dijo “jefe, no queremos que te vayas; cuentas con el apoyo de todos nosotros; te necesitamos y ¡arriba Carlos Romero Deschamps!”.

La pregunta de Mier y Concha y la reacción de los secretarios generales de todas las secciones petroleras del país son muestra de la unidad monolítica del gremio petrolero en torno a Romero Deschamps.

Minutos antes, el dirigente nacional del STPRM había anunciado a los dirigentes de todas las secciones del gremio petrolero que “… por razones poco claras no observamos la cooperación que debe existir entre trabajadores y administración para impulsar los proyectos que permitan el verdadero avance de Pemex hacia su consolidación”.

“Tal parece que se ha recrudecido la antigua posición de vernos como contrarios y no como complemento en la tarea de respaldar a Pemex en su compromiso histórico de ser garantía del desarrollo nacional.

“Por ello, ante un escenario poco favorable para el cabal cumplimiento de mi responsabilidad como Secretario General, consciente de que mi compromiso fundamental es garantizar la estabilidad de nuestra Organización Sindical y la defensa de los derechos de los Trabajadores, he decidido presentar, en términos del Artículo 37 de nuestros Estatutos Generales, al Consejo General de Vigilancia mi renuncia al cargo de Secretario General del Comité Ejecutivo General del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana”.

Romero Deschamps instó a los dirigentes seccionales a mantenerse unidos: “Si algo les pudiera pedir a todos ustedes es que mantengan, por sobre cualquier circunstancia, la Unidad e Integridad de nuestro Sindicato, pues es bien sabido que ha sido la fortaleza fundamental que nos ha permitido sortear todo tipo de amenazas”.

“Que insistan que hoy, como siempre, deberemos demostrar en nuestro quehacer cotidiano nuestro profundo amor a Pemex y nuestro indeclinable compromiso con México”.

Antes, Romero Deschamps hizo un recorrido de su vida de 61 años en Pemex. Empezó a los 14 años y fue todo, desde albañil hasta chofer y, desde luego, dirigente seccional y nacional. Recordó que le tocó vivir “sinnúmero de eventos y acontecimientos”; divisiones; broncas internas; presidentes de la República buenos, malos y regulares.

Recordó el intento de venta de la petroquímica por parte de Ernesto Zedillo y la férrea oposición del sindicato petrolero. “Al final –dijo- se impuso la razón y el sindicato preservó esa área estratégica” para el país.

Improvisando, antes de leer el texto en el que presentaría su renuncia “irrevocable”, Romero Deschamps recordó a Vicente Fox, que se gastó 7 mil millones de pesos, en medios de comunicación, denostando al sindicato petrolero y a su dirigente. “Fueron 4 años de lucha de los que gracias a la unidad sindical salimos adelante”.

Luego habló del sexenio de Felipe Calderón y del final del llamado Pemexgate. Recordó que un día, el secretario de Gobernación, Juan Camilo Moruiño, que había sido jefe de la Oficina de la Presidencia, lo invitó a desayunar y le entregó un grueso expediente. Se trataba de una serie de oficios en los que la oposición que entonces existía en el sindicato petrolero lo acusaba de todo, incluso de haber matado a Matusalén. Mouriño le dijo que el Presidente le había ordenado entregárselos porque no tenían sustento. A partir de entonces, la relación con Calderón fue normal y hasta amigable.

Así llegó hasta el sexenio de Enrique Peña Nieto, a quien ayudó en sus aspiraciones presidenciales desde que era gobernador del Estado de México. “Representaba el ansiado regreso del priísmo al poder representado por una persona que tenía imán, mi amigo en aquella época”.

Lo apoyó con todo, pero cuando Peña Nieto llegó a la Presidencia “hubo un impax”. Explicó que “para sorpresa mía, cuando se anunciaron las reformas estructurales, entre ellas la energética, nunca se me dio la oportunidad de participar, a pesar que era senador de la República”.

Cuando preguntó a Peña Nieto qué pasaba, el mandatario lo envió con el entonces secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, que intentó explicarle en 10 minutos un asunto que ni él entendía.

En esa atmósfera de recuerdos de una larga trayectoria, el dirigente petrolero llegó al sexenio de López Obrador, cuya política en materia petrolera es de sobra conocida.

Después leyó el documento preparado ex profeso para plantear su renuncia “irrevocable” como secretario general del STPRM.

La reacción de los secretarios generales de las secciones de todo el país era previsible. Aunque fue una sorpresa, al hace uso de la palabra, cada uno de ellos entendió las razones personales de su dirigente nacional, es decir, las presiones que se han ejercido desde el gobierno contra su familia. Aceptaron su decisión personal, pero le manifestaron su desacuerdo en su decisión de dejar la Secretaría General.

Al final de la reunión, 2 horas después, el pleno, al que asistieron el hijo del líder nacional, Alejandro, su yerno, Juan Carlos, y el secretario general de la Sección 53, sólo acusaron recibo de la renuncia de Carlos Romero Deschamps, pero uno a uno pasaron por su oficina a manifestarle su lealtad incondicional y su disposición a seguir escuchando su orientación y consejos.

Cabe mencionar que cada uno de los dirigentes seccionales llegó a sus puestos durante el lapso de 26 años en que Romero Deschamps ha dirigido, con éxito, al sindicato. Inclusive, en la última negociación del Contrato Colectivo de Trabajo, los trabajadores salieron ganando.

De hecho, la estancia de Carlos en la dirigencia se distinguió porque nunca hubo retroceso en conquistas de los trabajadores, como lo reconocieron todos los dirigentes que hicieron pública su decisión de que reconsidere su posición y permanezca al frente de su organización.

 

 

 

 

 

 

 

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