No es cambio de régimen, es la instauración del fundamentalismo obradorista

El fundamentalismo como estado de superioridad moral con tintes religiosos puede derivar en atrocidades en nombre de un presunto bien superior. Aquí no se permiten autonomías, por eso estorba la independencia del Poder Judicial, del INE, INEGI, INAI y los periodistas no alineados. Se justifica todo, como el retiro de recursos a enfermos, las muertes de bebés en Tijuana por falta de medicamento y +

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Lo que se maneja como cambio de régimen, a partir del 1 de julio, es en realidad la instauración del fundamentalismo de un sólo hombre, Andrés Manuel López Obrador.

El líder de Morena no necesitó una revolución religiosa tipo islámica, como en Irán, que aniquiló el régimen supra corrupto y entreguista de Mohammad Reza Pahlevi, le bastaron las urnas y el hastío ciudadano contra una clase política saqueadora, podrida, cínica y decadente, personificada en la figura de Enrique Peña Nieto. Ahora perdonado en una amnistía de retiro rosa.

Francis Fukuyama asegura que López Obrador lleva a México al siglo XX. No creo que sea un cambio tan ligero como un simple retroceso, las nuevas directrices están sobre la Constitución, como las del Ruhollah Jomeini en Irán, donde el dogma de Fe está por encima del precepto jurídico.

Estas aguas profundas nos llevan al sometimiento del laicismo sin una religión definida, basadas en la certeza moral de una sola persona.

Las palabras de López Obrador rebotan en algunas cajas de resonancia intelectualmente capaces de tamizar todos sus propósitos en ese fundamentalismo.

Los más visibles son John Ackerman, Gibran Ramírez, Lorenzo Meyer, Paco Ignacio Taibo II, Bartra, Payán, Díaz de Polanco y otros menores: Epigmenio Ibarra, Jenaro Villamil, Poniatowska y +.

El fundamentalismo es un estado de superioridad moral con tintes religiosos, donde se pueden hacer atrocidades en nombre de un presunto bien común, o la interpretación personal de este.

Sacrificar a niños y enfermos mediante un recorte presupuestal y congelamiento de recursos es perfectamente justificable en este presunto cambio de régimen, en nombre de un bien ‘dictado por el pueblo’.

Aliarse con fundamentalistas como el pastor evangélico Hugo Éric Flores del PES, y el Apóstol del Señor de la Iglesia La Luz del Mundo, Naasón Joaquín García -reconocido por diputados de Morena en un evento en Bellas Artes-, es parte de esa psique teísta donde la certeza moral está en un nivel superior, capaz de sacrificar lo que sea, por seguir el camino de la voz divina.

Ahí encaja el discurso de que los corruptos y los que se portan mal no deberían ir a la iglesia, ahí la concepción de que las personas, en especial los mexicanos, somo buenos y otros pocos, malos, una versión religiosa, distante del verdadero significado de la naturaleza humana, donde Mahatma Gandhi, Teresa de Calcuta, Tenzin Gyatso (Dalai Lama), comparten naturaleza con Charles Manson, Adolfo Hitler, Augusto Pinochet y Josif Stalin.

En la conferencia mañanera López Obrador justificó con un pasaje bíblico de tolerancia la disposición del máximo templo cultural de México, el Palacio de Bellas Artes, administrado por su gobierno y rentado para la ocasión a un costo irrisoriamente simbólico de 7 mil pesos, para honrar al Apóstol de la Luz del Mundo, Naasón Joaquín.

En el fundamentalismo se le justifica todo al líder: el dogma está sobre el racionalismo.

Por eso no logramos entender las absurdas decisiones al tumbar megaproyectos como el Nuevo Aeropuerto, construir una refinería como acto de Fe, cuando Pemex y Sener NO saben hacerlo, igual que quitar recursos humanitarios para desviarlos a otras causas, aún a costa de vidas, como los 13 bebés muertos en un hospital de Tijuana por falta de fármacos (reportado este viernes por la Jornada).

Para el fundamentalismo no hay autonomías, por eso estorba la independencia del Poder Judicial y de organismos autónomos como el INE, Banco de México, CNDH, INEGI, INAI, Comisión Reguladora de Energía, CFT, Cofece y más.

El 20 de febrero, en Palacio Nacional el presidente declaró que los organismos autónomos serían “purificados” para evitar corrupción y conflictos de interés. De igual forma estorba la libertad de expresión de medios de comunicación y de periodistas no alineados.

Todos estos ‘estorbos’ serán constantemente satanizados y bombardeados desde el púlpito de la Presidencia.

Saldrán ‘listas negras’ al más puro estilo macartista, como la filtrada por Presidencia sobre contratos de periodistas y sus empresas con el gobierno de Peña Nieto, con el propósito de desprestigiar a todos los críticos de la Cuarta Transformación.

En un claro mensaje, el presidente estigmatizó el jueves en la conferencia mañanera con la palabra “hampa de la prensa” a los que no está con él: si no estás conmigo o me criticas, eres corrupto.

Ese es el propósito de la filtración, no solamente quemar en la hoguera del desprestigio a 36 periodistas, se trata de intimidar a todos.

A medida que Andrés Manuel acumula malas decisiones y disfraza la incompetencia con falacias y datos amañandos, tendrá que aumentar su nivel de agresividad, como lo hace con periodistas no alineados y organismos autónomos. A ese paso, pronto tendrá que enviar a la hoguera a políticos y a empresarios contestatarios.

El fundamentalismo transforma actitudes de quienes se sienten comprometidos a formular apologías para explicarlo.

Nunca esperé ver un twitter de Lorenzo Meyer como este: @DrLorenzoMeyer: “La Luz del mundo rentó, por un bicoca, Bellas Artes. Rentemos por lo mismo la catedral para celebrar a Juárez y al Estado laico”.

No es cambio de régimen, es instauración del fundamentalismo obradorista.

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