Ni simpatizante ni militante; Meade es ‘cuadro’ del PRI

Aunque no lo requiera, un buen abogado podría hacer valer sus derechos

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Pudiera ser que durante poco más de un cuarto de siglo, 26 años en concreto, José Antonio Meade nos tomó el pelo a todos: No es simpatizante del PRI; es “cuadro”, un término que en lenguaje priísta es algo más que militante.

El 23 de agosto de 2014, la Secretaría de Relaciones Exteriores, de la que era titular, emitió un comunicado de prensa dando cuenta de su conferencia en la Escuela Nacional de Cuadros del PRI, que encabezaba César Camacho.

Ante esa camada de nuevos dirigentes priístas, Meade reveló que en 1991, el ICAP “convocó a un grupo de jóvenes universitarios para participar en este esfuerzo de formar cuadros. Entonces estábamos sentados, entre otros muchos, el buen presidente de la Cofemer, Virgilio Andrade, que fue consejero del IFE; estaba sentado aquí el secretario técnico del gabinete económico, Abraham Zamora; estaba sentado Luis Videgaray, secretario de Hacienda y Crédito Público, y entre ellos también estaba sentado yo. Entonces, yo creo que después de 23 años, a quienes estuvimos sentados en este auditorio, no nos ha ido mal”.

Desde luego que no le ha ido mal a ninguno de ellos, en  especial a él, que, como todo parece apuntar, podría ser Presidente de la República.

Quienes recibimos aquel comunicado oficial de la Secretaría de Relaciones Exteriores, no del PRI, no concedimos importancia a la anécdota porque nadie imaginaba, entonces, hasta dónde podía llegar Meade, pero hoy, que muchos lo consideran el “delfín” de Enrique Peña Nieto y le cuestionan su calidad de “simpatizante”, se van a encontrar con que un buen abogado podría hacer valer sus derechos de militante, aunque no lo requiera.

Conforme al artículo 23 de los estatutos del PRI, se considera “cuadro” no sólo a quien haya sido dirigente, candidato a algún puesto de elección popular, etcétera, sino a quienes “hayan egresado de las instituciones de capacitación política del Partido…”

Imagino que, coleccionista de blasones académicos y puestos de alto relieve en el gobierno, Meade concluyó con Videgaray y Andrade su formación en la escuela de cuadros priístas.

A menos que desertara por repugnancia al priísmo, lo que de haber ocurrido hoy podría ser un arma que alguien podría esgrimir para frenar sus posibilidades.

En el encuentro con la segunda generación de cuadros del ICAP, Meade recordó a Ángel Aceves Saucedo, el genial “ruso” poblano que fue líder de Liga de Economistas Revolucionarios del PRI, claro, y que  murió de amor en Cuba. Fue uno de los pocos doctores en economía de aquel tiempo. Lo consiguió gracias a la generosidad de Gustavo Petriccioli, que también fue secretario de Hacienda.

Más aún, Meade dijo a los jóvenes cuadros del PRI que para hablar con ellos se hizo asesorar de algunos dinosaurios priístas: Gustavo Carvajal, Augusto Gómez Villanueva y Fernando Solana.

Y para que no quedara duda de que hablaba a jóvenes que le recordaban cuando estuvo él ahí sentado al lado de Luis Videgaray y Virgilio Andrade, les dijo que “si les resulta a ustedes entretenido participar en estos debates de formación, y en estos procesos de aprendizaje, imagínense lo que tenemos que esperar dentro de 25 años, cuando estén ocupando posiciones parecidas a las que estamos ocupando hoy quienes estamos aquí en el pódium”.

Él, Videgaray y Andrade lo consiguieron.

Bien, los miembros de la segunda generación de cuadros del ICAP ya saben hasta dónde puede llegar. No les irá tan mal, como no le ha ido a quien puede ser Presidente de México.

Por lo pronto queda claro que Meade es algo más que simpatizante o militante del PRI; es “cuadro”, algo que ignoraban Vicente Fox y Felipe Calderón.

 

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