Ni ardió Roma ni se acabó el mundo…

¿Vendrá, realmente, una guerra AMLO-empresarios? La cancelación del aeropuerto de Texcoco ni siquiera enoja al gobierno actual. El quizá ‘error de octubre’ no es nada comparado a aquel monstruoso ‘error de diciembre’. Y teoría de Polibio…

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¿Por qué?

Porque el impacto económico, financiero y social, a la postre debacle, por cancelar la construcción de un aeropuerto está sólo en la mente e imaginación de unos cuantos…


Porque, salvo para un porcentaje de la población que lo ve como una necesidad práctica y “de desarrollo económico”, no es un bien social; vaya, para el grueso de la población aún conserva el concepto de obra o tema elitista…

Porque a la gente, en general, pesan más los temas como la alza a la gasolina o “el monstruo de Ecatepec” que si un aeropuerto lo construyen en Texcoco, Santa Lucía o Xochimilco, así protesten ejidatarios o digan que será el segundo a nivel mundial.

Porque, lo escribí (en IMPACTO, El Diario) y lo dije muchas veces (en IMPACTO TV), la treta en la consulta era esperar una réplica del 1 de julio. Así de fácil y sencillo. Y, por puro milagro -porque no les interesa dónde construyan un aeropuerto-, los 30 millones que votaron por Andrés Manuel no se abalanzaron a las mesas de opinión y “mandaron al diablo” Texcoco.

Tan corrosivo el Presidente Electo como alarmistas quienes previeron una catástrofe económica apenas se atreviera a anunciar que “el pueblo” se había decidido por Santa Lucía.

Tanto que algunos bautizaron la medida como “el error de octubre”. No era para tanto. Aquél “error de diciembre” de 1994 sí fue un monstruo. Qué bueno habría sido que su chingadazo a todo México lo hubiera provocado la cancelación de un proyecto, ya iniciado, de un aeropuerto.

Fuera de las barbaridades que casi a diario escuchamos del mismo López Obrador y su equipo, no es por ahí por donde se logrará ganarle una, también espantando, sino reinventando el juego político, ese que se agotó. Porque ni el PAN en 12 años ni el PRI en su retorno (oportunidad de oro) supieron entender que ya para el Siglo XXI se requería otro discurso paralelamente a otras acciones. Y el populismo es la vertiente que ha acechado desde finales del Siglo XX a los Estados enmohecidos, envejecidos, tradicionales. Y Andrés Manuel aprovechó, además, sus dotes en esa materia.

Ayer, un lector de Reforma nos recordó a Polibio, historiador griego, y su concepto de oclocracia. Buenísimo. Cuya definición, reescribió, no es sino la degeneración de democracia (“del mismo modo que la monarquía puede degenerar en tiranía y la aristocracia en oligarquía”: Wikipedia).

Explico citando un artículo de Andrés García Ibáñez en el Diario de Almería:

“Etimológicamente hablando, del griego Okhlokatría, ‘ho ókhlos’, que significa ‘muchedumbre’ o ‘plebe’, y ‘katría’, que significa ‘gobierno’, la oclocracia sería el gobierno escogido por la turba, la plebe, el populacho, la muchedumbre desordenada o la gente vulgar (en el caso mexicano elimino éste último sentido ‘vulgar’, aunque provenga de ‘popular’, para no echarme encima al Conapred).

“Para Polibio… la oclocracia es la degeneración, por evolución lógica, de la democracia. En su secuencia histórica de las formas de gobierno (monarquía, tiranía, oligarquía, democracia y oclocracia) la coloca en último lugar, como final de todo un ciclo, antes del comienzo de uno nuevo y análogo al anterior.

“Polibio define la oclocracia como una ‘tiranía de las mayorías incultas que obligan al poder a adoptar políticas y decisiones desafortunadas’.

“A la vista todo este preámbulo, y considerando que la democracia es el gobierno escogido por el pueblo, se trataría de discernir qué cosa entendemos por ‘pueblo’ y qué otra por ‘turba’.

“Según el diccionario, ‘pueblo’ no es más que el ‘conjunto de personas que habitan un lugar, región o país’, y ‘turba’ es ‘multitud de personas, confusa y desordenada’…”.

Hay más, pero por ahí va el asunto.

A ver, imaginemos que a China (por la imaginaria orden de un nuevo gobernante) se le hubiera ocurrido cancelar su magna obra, que apenas inauguró no hace ni una semana, el puente Hong Kong-Zhuhai-Macao, el más largo del mundo sobre el mar y que mide 55 kilómetros y ha costado cerca de 20 mil millones de dólares, y que en nueve años no ha estado exenta de problemas, retrasos y pleitos políticos. “El proyecto, a prueba de terremotos y tifones, es un complejo alarde de ingeniería”. Y bla, bla, bla…

Si lo vemos desde acá, ¿se habría derrumbado financieramente China? No, aunque dirán que China no es México.

¿Qué habría pasado si en lugar de un aeropuerto en Texcoco se levantara el proyecto más grande del poder católico, una catedral (ya con un 30 por ciento de avance, haciendo a Juárez a un lado y suponiendo la gracia Estado-Iglesia), pero López Obrador, por angas o mangas, dijera que era más factible construirla en Santa Lucía y lo sometiera a consulta?

Pues Texcoco sería el Paraíso.

 

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@RobertoCZga

 

 

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