Nada y nadie liga a AMLO con Naasón

No tiene por qué insistir en la tranquilidad de su conciencia por lo que ocurre a líder de la iglesia Luz del Mundo en California

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El Presidente López Obrador no tiene por qué insistir en la tranquilidad de su conciencia por lo que ocurre a Naasón Joaquín García en California.
Nadie lo relaciona, ni hay por qué relacionarlo, con este sumo sacerdote acusado, en Los Ángeles, de violación y mantener relaciones sexuales con menores, ni siquiera por el inexplicable préstamo del Palacio de Bellas Artes para que sus feligreses y cierta clase política lo homenajearan por cumplir 50 años.
López Obrador se puso a la defensiva en la conferencia mañanera y de inmediato aludió a los columnistas políticos de los medios tradicionales porque, según dijo, usarán al líder de la iglesia Luz del Mundo para atacarlo a él, que, como la mayoría de los mexicanos, ignoraba lo que el Apóstol hizo entre 2015 y 2018, conforme la acusación de la Fiscalía californiana.
“Quiero que se entienda el contexto porque puede que nuestros adversarios nos echen la culpa, pero ni modo que nos preocupemos mucho por eso porque está de moda, vean las columnas, estar cuestionándonos; ya se está volviendo deporte nacional, pero no pasa nada”, dijo el Presidente.
Sería obtuso atacar al Presidente por este caso criminal que se ventila en una corte norteamericana, por más que el acusado sea un mexicano prominente.
Así como él ignoraba los supuestos abusos sexuales de Naasón, supongo que también le ocurrió a Martí Batres, que se puso su mejor smoking para lucirlo en la fiesta del cumpleañero en Bellas Artes y prodigaba amplias sonrisas a diestra y siniestra, consciente del beneficio político que le significaba asistir a semejante evento.
Batres no es un personaje menor; es presidente de la mesa directiva del Senado de la República, pero, además, fue líder nacional de Morena de 2012 a 2015, año éste último en que Naasón empezó su presunta carrera de pornógrafo, violador y abusador infantil en el condado de Los Ángeles, conforme al resumen de la autoridad californiana.
Que una figura de vital importancia en el sistema republicano mexicano y de indudable cercanía a López Obrador fuese el invitado más importante de la función operística para festejar al cumpleañero es una pregunta que aún espera respuesta, pero no es la única pregunta sin respuesta. ¿Por qué un personaje como Naasón, cuya iglesia le significa un negocio incalculable, se arriesgaría a perderlo cometiendo, precisamente, en Los Ángeles la serie de delitos por los que será sometido a juicio?
Quizás esta sea más fácil de contestar si usamos de ejemplo al líder de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, toda una figura en la Iglesia Católica cuya influencia en el Vaticano y en los círculos políticos mexicanos fue irresistible.
¿Quién podría imaginar a aquel noble pastor abusando de seminaristas e inventando a su familia normal (esposa e hijos, porque los tuvo) que sus ausencias se debían a sus labores como agente de la CIA?
Con ambos se entiende por qué Luzbel está en el infierno.
Nadie puede negar, aunque es posible que López Obrador lo ignorara, que políticos de todo tipo utilizaban a su favor la influencia de Naasón en su feligresía y hasta es posible que gozaran de su generosidad.
No obstante, el Presidente no puede hacer suyo el problema en que se metieron la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, y la dirección de Bellas Artes, a cargo de Lucina Jiménez, por el préstamo del inmueble para lo que haya sido, homenaje o demostración de poder, como tampoco es su problema que Batres, para no mencionar toda la lista de políticos, acudiera feliz al llamado del Apóstol de Jesucristo.
Lo saludable por Naasón, pero sobre todo por su familia y su feligresía, sería que la autoridad californiana esté equivocada y que este hombre de Dios no haya cometido violaciones con menores, los obligara a cometer sexo oral y, además, se dedicara a la pornografía infantil.
Por lo demás, dejemos que fiscales, jueces y abogados defensores hagan su trabajo.

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