Muy pronto para intentar desencantar de la ‘amlomanía’

Margarita Zavala (con el apoyo de su esposo, el ex Presidente Felipe Calderón) y Elba Esther Gordillo (con el respaldo de su yerno y su nieto) quieren ya su partido político. No hay poder por el que vayan… ¿Prerrogativas?… Estarán condenados a la indiferencia

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Después de que cayó aquel asteroide sobre la Tierra y desapareció a los dinosaurios, es fecha que éstos no reviven.
El pasado 1 de julio, en México, cayó otro. Como viniera, con lo que trajera; ventura, desventura; dudas, certeza; muchos lo vieron como el asteroide de la “necesidad”.

Ni siquiera lo que parecía la esperanza contra la política partidista fue tan contundente, las “innovadoras” candidaturas independientes. Rápidamente, quienes se postularon bajo esa faceta enseñaron el cobre y enterraron lo que parecía una inmejorable opción.


Quitando a los 30 millones de ciudadanos que votaron por Andrés Manuel López Obrador, ¿alguien piensa todavía que un independiente es la clave para encabezar el desarrollo del país?

La oportunidad fue desperdiciada, precisamente por eso, por oportunismo.

De la elección presidencial hace apenas siete meses; del arranque del gobierno de López Obrador, dos. Y ya hay quienes pretenden causarle algún rasguño a la coraza que el ex perredista fraguó durante más de una década. El rasgo especial es que son dos mujeres, por cierto, bastante conocidas en el medio.

Entre Margarita Zavala y la maestra Elba Esther Gordillo considero mucho más política a la ex lideresa nacional del sindicato magisterial, con un colmillo retorcido y cuyos sinodales históricos fueron siempre garbanzos de a libra o huesos duros de roer, pero a quienes siempre les dio puntual y brava pelea.

Zavala es una mujer con muchos deseos de destacar en la política; su larga experiencia en el PAN y su truncada participación en la contienda presidencial dan constancia de que no es ajena a este pancracio. Pero considero que posee demasiada bondad para un terreno político como el de México; con mucha voluntad, pero escaso arrojo. Como su esposo, Felipe Calderón, tuvo en ella un gran activo cuando fue Presidente de la República, ella, ahora, lo tiene en él. Sin embargo, en el mar de la política eso no alcanza, menos cuando la marea está infectada de tiburones.

¿Cómo estarán las cosas que los escualos tricolores están calladitos, calladitos?

En los últimos días, Zavala y Gordillo manifestaron, de distinta forma, que van por un partido político. No digo que por el poder porque en estos momentos (y hablo de años) cualquier intento por obtenerlo no pasará de eso, de intento.

Primero fueron Fernando González Sánchez, yerno de Gordillo, y René Fujiwara Montelongo, nieto, quienes encabezaron una convención de la agrupación “Redes Sociales Progresistas” en donde se votó, afirmativamente, que se constituirán en partido político. Ninguno de los dos se mueve solo.

Zavala acudió, este lunes, al INE a “manifestar” la decisión de convertir en partido político su movimiento “Libertad y Responsabilidad Democrática, Libre”. Sabemos quién está a su lado, por no decir detrás.

De constituirse -los requisitos no son una empanada-, ambos partidos serán proyectos casi, casi “satelitales” para el rumbo que deseen moverse. El de la maestra no superará a su anterior Partido Nueva Alianza, y el de Zavala no será ni la cuarta parte de lo que es el PAN.

¿El asunto será cuestión, exclusiva, de prerrogativas? Esperemos que no, aunque las “chiquilladas”, finalmente, sirvan en el Congreso para inclinar la balanza.

A veces es entendible la actitud del PRI, como partido. Hablar de priístas en particular es escabroso.

Por ahora, en México, no hay fuerza política que pueda desbancar de la hipnotización popular a Morena y a su líder, López Obrador. Quizá con el tiempo, y si no se le dan algunos de sus proyectos, que lo dudo.

La astucia de Andrés Manuel sacará un clavo con otro.

Quizá el país no llegue a ser, como juró él, potencia mundial, pero la gente (adultos y jóvenes) que contará de aquí en adelante con dinero fácil asegurará su permanencia por largo tiempo.

Vaya, cuando un proyecto como el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México es cancelado y aplaudido, o cuando una desgracia con un centenar de muertos encumbran a un líder, ¿cómo se les ocurre fundar un partido sin una fuerza, perdón por la exageración, “cósmica”?

Sabemos que hay de encuestas a encuestas, pero qué tal la dada a conocer ayer por Gabinete de Comunicación Estratégica: La lucha contra el “huachicoleo”, por encima de la tragedia de Tlahuelilpan, da a López Obrador una popularidad de 88.7 por ciento.

¿Un partido? ¿A esta hora del día? Seamos serios, o menos ambiciosos. ¿O a poco ya llegó también el sosías del “anticristo”?

 

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@RobertoCZga

 

 

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