Muerte del Estado laico en un sexenio ‘juarista’ y un Presidente que habla de mandamientos, no de leyes

AMLO evoca a los mandamientos en Michoacán, no a las leyes; es un ‘deísta’ que amenaza con penas dogmáticas contrarias al racionalismo y al juarismo que dice conducir. A ese paso, Sánchez Cordero (Segob) tendrá que aplicarle la Ley de Culto al Presidente

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La contradicción es evidente. La profunda convicción religiosa del Presidente Andrés Manuel López Obrador choca, de frente, con el Estado laico y el pensamiento juarista pregonado por lustros.
López Obrador es un “deísta” -lo explico más adelante- que amenaza con penas dogmáticas a un público generalizado donde no le importa la relación del individuo con la religión -inclusive los ateos- y su derecho a la libre creencia, como lo hizo, el domingo, en Michoacán.
Esa concepción del bien y el mal ligada a la religión es importantísima para la toma de decisiones, que un mandatario debe ser dominantemente racional, sin influencia de creencias.
Por ejemplo, portarse bien y seguir los “mandamientos”, para un católico, es asistir a misa los domingos, como lo mandan sus cánones. En Michoacán, el Presidente habló en esos términos y, a ese paso, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, tendrá que aplicarle la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público.
Por eso insistí, en la campaña presidencial, en profundizar en las creencias religiosas de cada uno de los candidatos y que explicaran el grado de dogma para información del electorado, aun cuando todos son creyentes declarados en alguna religión del cristianismo.
Contrario a lo pensado, el panista Ricardo Anaya Cortés es el menos comprometido con el dogma y el priísta José Antonio Meade Kuribreña el más abiertamente declarado católico practicante.
En menor grado lo es Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”, y ni se diga de la práctica religiosa de la candidata independiente que declinó, Margarita Zavala Gómez del Campo.
De hecho, el arzobispo primado de México, Carlos Aguiar Retes, hizo proselitismo abierto a favor de Meade Kuribreña tal vez por los fuertes nexos de amistad con el grupo Atlacomulco, del Estado de México, de cuya Arquidiócesis de Tlalnepantla fue su titular antes de sustituir a Norberto Rivera Carrera.
Sin embargo, indudablemente Andrés Manuel López Obrador es el perfil más dogmático de los tres, quien no duda en mezclar el discurso religioso y desplazar el puramente racional para explicar, regañar, amenazar y prometer la salvación.
En términos sociológicos, Andrés Manuel es un “deísta”, esto es, además de creer que Dios fue el creador del universo piensa que interviene en la vida cotidiana, que premia o castiga según los actos de los hombres y que al morir vamos al cielo o al infierno, y algunos, de paso, por el purgatorio.
Siempre se pensó en la creencia cristiana de López Obrador más hacia el lado evangélico que del católico, reforzada también por la alianza de Morena con el Partido Encuentro Social, cuyo líder, Hugo Éric Flores, es un pastor evangélico.
Sin embargo, en la campaña del 2018 confesó en corto, en una reunión-pasarela de los presidenciables con la Conferencia del Episcopado Mexicano, que su creencia era católica.
También me enteré de que durante su gestión como jefe de Gobierno, del 2000 al 2006, el arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera, destinaba una iglesia para que López Obrador hiciera sus oraciones sin interrupciones o intrusión de la prensa.
El dato del catolicismo del Presidente se refuerza con su aceptación a ser padrino de la hija del empresario duranguense Miguel Rincón el sábado 16 de marzo, cuya misa, en Cuernavaca, fue oficiada por el Cardenal Norberto Rivera, gran amigo de los dos.
Para los ateos no había de dónde escoger entre los candidatos, sin embargo, el grado de compromiso con la religión y la profundidad del pensamiento dogmático es de gran influencia para la toma de decisiones que impactan, directamente, en la gobernanza de un país.
Por ejemplo, difícil imaginar a Anaya o a Meade dar un discurso como el del Presidente López Obrador en Michoacán, acompañado por el gobernador Silvano Aureoles Conejo.
Como reacción a los abucheos y rechiflas contra Aureoles: “No se puede ir a la iglesia los domingos ni se puede ir a los templos si se es deshonesto, si no se actúa con rectitud; si no somos honestos violamos los mandamientos. Es pecado social. Ya basta de hipocresía; vamos a portarnos bien todos”.
El Presidente no habla en términos del Estado de derecho y laico; habla con conceptos relativos a la religión. Habla de mandamientos; no de leyes; habla de una moral históricamente criticada por la izquierda mexicana, a la que no veo alzar reclamo alguno contra el pastor-Presidente.

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