Morena, como Pedro por su casa

El punto de acuerdo de ayer, mayoriteado en la Cámara de Diputados, sobre el freno a la evaluación magisterial da una probadita del suprapoder que ostentará el partido de López Obrador. Vaya, hasta podría volver la era del descaro

Compartir:

Para la oposición, el terror apenas empieza, pero principalmente para el PRI, que de ser el partido grandote, el mandamás, hoy se ve bastante arrinconado y apachurrado tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. Pero ya ni llorar es bueno.

Desde el pasado 1 de septiembre, cuando arrancó, formalmente, la 64 Legislatura, los legisladores de Morena no han dejado de presumir que son los nuevos dueños de la casa no sólo en el Legislativo, sino también en el Ejecutivo. Y no sólo aquí, allá y acullá, sino a nivel nacional y en el rincón que usted menos se imagine.


Desde el primer día, diputados y senadores, como Mario Delgado, Martí Batres o Gerardo Fernández Noroña, y, más moderado, Porfirio Muñoz Ledo, se lanzaron contra quienes desde hace décadas los mantuvieron a raya. Relajados y viéndose ahora en montón han hecho del Congreso una parroquia familiar.

El punto de acuerdo de ayer, mayoriteado en la Cámara de Diputados, sobre el freno a la Evaluación magisterial da una probadita del suprapoder que ostentará el partido de Andrés Manuel López Obrador.

En la transformación que usted quiera para México no estaba contemplada la presencia avasalladora de un partido en particular, como histórica e increíblemente ocurrió con Morena en las pasadas elecciones del 1 de julio. Vaya, el riesgo de la abundancia es que podría volver hasta la era del descaro.

Fue hasta la 56 Legislatura cuando el PRI saboreó las mieles de la opulencia del poder. En la 57, en 1997, el tricolor requirió, por vez primera, negociar, ofrecer, dar, pero, aun así, por otros años más le alcanzó para maniobrar.

En aquel año, efectivamente, uno de los legisladores, entonces por el PRD, Muñoz Ledo, ya hacía presencia en el Congreso, pero no es sino hasta dos décadas después que presume la “culminación de la transición democrática” tomando el micrófono como presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

A los legisladores de Morena se les ve, como ayer, sobraditos. Tener la sartén por el mango o, en el caso de algunos, el látigo, los empuja al festejo, a la algarabía, como lo hicieron este martes, subiendo a la tribuna ante la mirada perdida de priístas, panistas y perredistas.

El asunto de la Evaluación magisterial no es todavía uno de los puntos exactos con los que Morena pueda poner en mal lo hecho o propuesto por gobiernos anteriores priístas y panistas; es sólo el inicio. Por ahora sólo hacen rounds de sombras en el lado legislativo; esperemos del 2 de diciembre en adelante, cuando hagan equipo Legislativo y Ejecutivo.

El punto de acuerdo de ayer fue sólo un exhorto bondadoso, a las autoridades federales, a que -con todo respeto- frenen la Evaluación. Se logre o no por ahora, el hecho representa, ya, la primera provocación directa a quienes pomposamente instrumentaron la Reforma Educativa. El asunto rebota en muchos, verbigracia Otto Granados Roldán (a quien menos le pega), Aurelio Nuño y al Presidente Enrique Peña Nieto. Pero también a legisladores priístas, a miembros más distinguidos del partido y hasta al Gabinete completo.

Poner un alto a la Evaluación es casi como frenar la propia Reforma Educativa, pues si no es el más fuerte, sí uno de los puntos torales de la misma.

Ello fortalecería a poderes fácticos, como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y hasta a la propia Elba Esther Gordillo.

Morena no tiene prisa. Tendrá meses, años (¿sexenios?) y votos para hacer lo que le venga en gana. La sonrisa del morenismo en el Congreso no es fingida.

Lo que quizá no deba suceder muy a menudo, pues no tienen la necesidad, son las advertencias al estilo Yeidckol Polevnsky, como lo hizo al hablar de sus diferencias con el Gobernador Electo de Morelos, Cuauhtémoc Blanco: “Que nos respeten si quieren que los respetemos”. La soberbia es mal de muchos, y muchos, ahora, lo saben.

O sea, nada de que aquí sólo nuestros chicharrones truenan. Bueno, a veces, el tigre con solo rugir asusta.

 

[email protected]

@RobertoCZga

 

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...